Dos advocaciones, un mismo amor: María en Ecuador y Perú

sábado, 24 de enero de 2026

24/01/2026 – La devoción a la Virgen María atraviesa profundamente la historia, la fe y la cultura de América Latina, donde su presencia maternal ha acompañado a los pueblos desde los primeros tiempos de la evangelización, consolando en el dolor, fortaleciendo la esperanza y guiando el caminar de generaciones enteras.

En este horizonte mariano se inscribe la Virgen Dolorosa, advocación confiada de modo especial a los jesuitas del Ecuador, que invita a contemplar a María junto a la cruz, unida al sufrimiento de su Hijo y cercana a los dolores de su pueblo, como madre que comprende, acompaña y sostiene en medio de las pruebas.

Junto a ella, Nuestra Señora de la Evangelización, patrona de la Arquidiócesis de Lima, recuerda el origen misionero de la fe en el Perú y el llamado permanente a anunciar el Evangelio con ternura y valentía, tal como María lo hizo al acoger la Palabra y llevar a Cristo a los demás, convirtiéndose en modelo de fe viva y de compromiso evangelizador para toda América Latina.

La Virgen Dolorosa ocupa un lugar central en la fe del pueblo ecuatoriano, especialmente como advocación promovida y custodiada por la Compañía de Jesús.

Su imagen, marcada por el sufrimiento sereno y la mirada profunda, invita a contemplar el dolor de María unido al misterio de la Pasión de su Hijo. No se trata solo de una devoción histórica, sino de una presencia viva que acompaña al pueblo en sus propias cruces cotidianas.

Esta advocación tiene un hito fundamental en el año 1906, cuando en el colegio San Gabriel de Quito, dirigido por los jesuitas, numerosos estudiantes y sacerdotes fueron testigos de un hecho que marcaría para siempre la religiosidad del país: la imagen de la Virgen Dolorosa abrió y cerró los ojos, y de ellos parecieron brotar lágrimas. El acontecimiento fue interpretado como un signo providencial en un tiempo de fuerte tensión política y persecución religiosa.

Desde entonces, la Virgen Dolorosa se convirtió en símbolo de consuelo, resistencia espiritual y fidelidad al Evangelio.

Al respecto, reddy Medrano, miembro de la Compañía de Jesús en Ecuador detalló la imágen: «Esta imágen es, como diríamos hoy en la actualidad, es un fotoretrato, es decir, no es de cuerpo entero, es únicamente hasta un poquito más arriba del vientre o hasta el vientre de María. Está cruzada de manos. En su mano derecha tiene los clavos de Cristo y sobre ella tiene el corazón atravesado por siete espadas. Es una una composición importante porque su estructura es triangular y el centro de la imagen, como bien lo has dicho, es su corazón. La expresión, el rostro de la Virgen, refleja una cierta calma, no es un dolor que no se soporta. Evidentemente tenía dolor, pero es una calma. Es es una un dolor sereno».

Nuestra Señora de la Evangelización es una advocación mariana peruana. Patrona de la arquidiócesis de Lima, capital del Perú, su festividad se celebra el 14 de mayo.

Pese a que la Patrona del Perú es Santa Rosa de Lima, la Virgen de la Evangelización, es popularmente aclamada como «Patrona de facto del Perú» por ser la principal advocación mariana del país.

Según una sólida tradición sustentada en las crónicas más antiguas, la imagen de Nuestra Señora de la Evangelización fue obsequiada a la recién creada diócesis de Lima por el Emperador Carlos V de España alrededor del 1540.

Es por tanto, una de las imágenes más antiguas de la región que recibe culto. Ubicada en el retablo mayor de la primera catedral, la imagen de Nuestra Señora de la Evangelización recibió el culto de los grandes santos peruanos y presidió los célebres Concilios Limenses, de modo particular el tercero, que tanta importancia tuvo para profundizar la primera evangelización de parte importante de América Latina.

Al respecto, el padre Roberto Higinio Carrasco, canónigo del Cabildo Metropolitano de la Basílica Catedral de Lima relató que, «los primeros cristianos, los primeros católicos limeños, pues siempre vieron en la imagen a la referencia de lo que es la Virgen María. Los misioneros que pasaban primero por Lima, pues siempre tenían que acercarse a ella para encomendarse y por eso es que se le conoce como estrella de la evangelización. Habría que recordar también que no era la Lima de hoy, sino que era el virreinato del Perú y que pues era muy vasto en el norte, que sobrepasaba incluso Panamá y que en el sur pues también llegaba hacia la Argentina. Entonces, hay una relación directa entre los primeros misioneros
que impulsados entonces con su imagen, pues ellos se abocaron en esta epopya de la evangelización y es algo de lo que nosotros hemos heredado y que qué bueno que ahora podemos compartirlos con
nuestros hermanos argentinos de Radio María».

Así, bajo estos dos rostros marianos que brotan del corazón de nuestros pueblos, América Latina reconoce a María como Madre que no abandona, que permanece firme en el dolor y que impulsa a salir al encuentro de los demás con el anuncio del Evangelio.

La Virgen Dolorosa y Nuestra Señora de la Evangelización nos recuerdan que la fe se vive acompañando, consolando y anunciando, incluso en medio de las cruces de la historia.

A su amparo, los pueblos de Ecuador, Perú y de todo el continente renuevan su confianza en una esperanza que no defrauda y en una misión que sigue viva, sostenida por la ternura materna de María.