Santuario de Nuevo Schoenstatt: un rincón de paz en el corazón del Gran Buenos Aires

martes, 3 de febrero de 2026

03/02/2026 – El Santuario de Nuevo Schoenstatt, ubicado en Florencio Varela, es un lugar emblemático de la fe mariana en la Argentina. Se trata del primer santuario de Schoenstatt del país y, además, del santuario nacional del movimiento. Bendecido en 1952 por el padre José Kentenich, fundador del movimiento, este espacio concentra historia, espiritualidad y una intensa vida comunitaria que se renueva día a día.

Para conocer más sobre este lugar tan significativo, dialogamos con Mercedes Chol y Martín Salomón, matrimonio servidor del santuario. Para ellos, este espacio no es solo un sitio de paso, sino un verdadero hogar espiritual. “La verdad es que es nuestra casa”, expresan con sencillez, reflejando el profundo vínculo que han construido a lo largo de los años con el predio y con las Hermanas de María que lo animan pastoralmente.

En el corazón del predio se encuentra la capilla del Santuario de Nuevo Schoenstatt, una construcción sencilla y profundamente simbólica que es réplica exacta de la primera capilla donde nació el movimiento de Schoenstatt en Alemania. Sus dimensiones, materiales e imágenes se repiten fielmente en cada santuario del mundo, permitiendo que los peregrinos se sientan en casa sin importar el lugar que visiten. “El santuario es exactamente la misma réplica en todas las partes del mundo”, explican los servidores, y ese rasgo expresa uno de los pilares de la espiritualidad de Schoenstatt: el cobijamiento. Al ingresar a esta pequeña capilla, muchos descubren un espacio de intimidad y silencio donde se experimenta la cercanía de María y la certeza de estar en un hogar espiritual que abraza y acompaña el camino de fe.

La historia del lugar también ocupa un lugar central. Las Hermanas de María llegaron a la Argentina en 1951 y, con esfuerzo y entrega, levantaron el santuario que sería bendecido al año siguiente. En el predio también se puede visitar la «Casa del Padre», un museo que permite conocer al padre Kentenich y donde se conserva la memoria viva de los orígenes del movimiento.

En ese recorrido también aparece la imponente Iglesia de Dios Padre, un templo de grandes dimensiones que complementa al pequeño santuario original. Bendecida en 1992, esta iglesia se presenta como un espacio de profunda acogida, donde la arquitectura y el arte invitan a experimentar el abrazo amoroso de Dios. Frente al santuario, una amplia explanada y una escalinata conducen a sus puertas, y el recorrido posterior, que desciende en forma de peregrinación hacia la capilla, culmina con la consagración a María.

La vida del santuario es intensa y diversa. A lo largo del año se desarrollan celebraciones litúrgicas, retiros, espacios de escucha, misas diarias y numerosas propuestas para las familias. Entre ellas, se destacan eventos masivos en fechas especiales, como las celebraciones de Pascua, que convocan a cientos de familias. Estas actividades buscan integrar a todas las edades y fortalecer la vida comunitaria desde la fe compartida.

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