Un corazón nuevo: la propuesta ignaciana desde el Sagrado Corazón

miércoles, 25 de febrero de 2026

25/02/2026 – “Entramos por el corazón herido de Cristo para encontrarnos con sus sentimientos.” Con esta imagen profunda, el Padre Javier Soteras nos invita a comprender que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús no es una práctica piadosa aislada, sino una verdadera escuela de transformación interior.

En el ciclo “Enseñanzas desde el Magisterio de la Iglesia”, el Padre Javier Soteras, director de Radio Maria Argentina, retomó el documento Dilexit Nos en su capítulo cuarto, particularmente en los números 143 al 147. El eje de la reflexión se centra en las resonancias del Sagrado Corazón dentro de la espiritualidad ignaciana y su profunda conexión con los Ejercicios Espirituales.

El corazón de Cristo como escuela de vida interior

La espiritualidad de la Compañía de Jesús propone, desde sus orígenes, un “conocimiento interno de nuestro Señor para más amarle y mejor seguirle”. Este pedido, propio de la segunda semana de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, no apunta a una comprensión meramente intelectual, sino a un encuentro existencial.

El Padre Soteras explicó que el Evangelio presenta a Cristo con el costado abierto, del que brotan sangre y agua. Allí se simboliza la vida sacramental y la vida del Espíritu. Ignacio invita al ejercitante a “entrar” por esa herida, para dejarse transformar desde dentro.

No se trata solo de pensar en Jesús, sino de asumir sus sentimientos. Como dirá San Pablo, llegar a vivir de tal modo que podamos afirmar: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”.

En términos bíblicos, el corazón no es únicamente el ámbito de los afectos. Es la centralidad de la persona: inteligencia, voluntad, vínculos, decisiones. Por eso, ingresar al corazón de Cristo significa permitir que toda nuestra persona sea configurada según Él.

De la contemplación al agradecimiento

San Ignacio culmina las contemplaciones al pie del Crucificado con una pregunta decisiva: “¿Qué debo hacer yo por Cristo?”. Después de reconocer lo que el Señor hizo por nosotros, brota la respuesta agradecida.

El itinerario de los Ejercicios concluye con la “Contemplación para alcanzar amor”, donde el ejercitante reza: “Toma, Señor, y recibe”. Es el reconocimiento de que todo lo que somos y tenemos es don.

El Padre Soteras subrayó un punto clave: no se trata de voluntarismo. La respuesta cristiana no nace del esfuerzo aislado, sino del amor recibido. Respondemos con lo que primero se nos dio.

Incluso en la experiencia del pecado, el Señor no se detiene en la falta, sino que nos abre un horizonte más grande. La purificación del corazón acontece cuando, con sinceridad, entregamos nuestras heridas y dejamos que su amor nos transforme.

La devoción al Sagrado Corazón en la tradición ignaciana

El documento Dilexit Nos muestra cómo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús está íntimamente ligada a la espiritualidad ignaciana. Figuras como Pedro Arrupe destacaron su extraordinaria eficacia para la perfección personal y la fecundidad apostólica.

Arrupe afirmaba que en esta devoción está encerrada una experiencia profunda del espíritu ignaciano. No es un añadido, sino una expresión simbólica de lo más hondo del seguimiento de Cristo.

También San Juan Pablo II alentó a promover con mayor celo esta devoción, reconociendo su fuerza para responder a las esperanzas de nuestro tiempo. El diálogo con el Señor, corazón a corazón, es el núcleo de la experiencia espiritual.

La contemplación ignaciana no se limita a describir hechos, sino que busca percibir los movimientos interiores. ¿Qué se mueve en el corazón cuando contemplo a Cristo? Ese mundo afectivo es el que determina nuestras decisiones y nuestro modo de vivir.

Una corriente viva de santidad

La devoción al Sagrado Corazón trasciende la Compañía de Jesús. El documento recuerda una larga corriente de vida interior en la Iglesia. Entre ellas, la experiencia de San Vicente de Paul, quien afirmaba que Dios pide principalmente el corazón.

Unirse al corazón de Cristo implica dejar que el propio corazón se disponga a esa comunión transformadora. No es una emoción pasajera, sino una opción profunda que modela la existencia.

El Padre Soteras sintetizó este camino como un verdadero “trasplante de corazón”, evocando la profecía de Ezequiel: Dios quiere quitar el corazón de piedra y dar un corazón de carne. Ese corazón nuevo es el de Cristo.

Reflexión pastoral

En un tiempo marcado por el activismo y la dispersión, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda que la transformación comienza en lo más íntimo. No alcanza con ideas claras o decisiones externas. El Evangelio apunta al corazón.

La espiritualidad ignaciana propone un camino concreto: contemplar, dejarse afectar y responder desde el agradecimiento. La conversión auténtica no nace del voluntarismo, sino del encuentro con un amor que nos precede.

Permitir que Cristo configure nuestros afectos es abrirnos a una vida más unificada, más libre y más fecunda. La fecundidad apostólica brota de un corazón transformado.

Tal vez el desafío para nosotros hoy sea animarnos a ese diálogo corazón a corazón. No como una práctica devocional aislada, sino como un estilo de vida