El trabajo de temporada en Córdoba no siempre es lo que parece

martes, 3 de marzo de 2026

03/03/2026 – El equipo de la Pastoral Social del Arzobispado de Córdoba ha difundido un documento que traza un diagnóstico urgente y descarnado sobre la situación social y laboral en los valles turísticos de la provincia.

Bajo el título “El trabajo de temporada en Córdoba no siempre es lo que parece”, el informe advierte que, mientras miles de visitantes llegan para disfrutar de los paisajes, muchos otros lo hacen en busca de oportunidades laborales que terminan siendo una trampa de precariedad. Como bien señala el documento: “No podemos ignorar que, bajo el brillo de los ríos y el bullicio de los festivales, palpita una realidad de fragilidad que clama por ser vista”.

Para profundizar en esta problemática, conversamos con Santiago Oliva, asesor de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Córdoba, quien enfatiza que, si bien las vacaciones son un espacio necesario para el descanso y el fortalecimiento de vínculos, la realidad tiene dos caras.

La cara invisible del éxito turístico

Detrás de las estadísticas de ocupación y el consumo, persiste una realidad de informalidad y explotación. Oliva describe situaciones de extrema vulnerabilidad, mencionando a personas que van de festival en festival armando puestos y que “duermen en cualquier lado, que comen cualquier cosa, que no tienen baño”, además del doloroso panorama de “chicos dando vueltas, pidiendo al que está en una mesa”, una imagen que, según el asesor, debe interpelar profundamente a la sociedad.El informe critica que la alta rentabilidad de los negocios a menudo se logre a costa de jornadas extenuantes que atentan contra la vida familiar.

Al respecto, Oliva reflexiona: «El trabajo no puede ser algo agobiante… desgraciadamente hoy nos toca una situación complicada que la gente tiene que tener dos, tres, todo el tiempo trabajando… ¿Qué es lo que produce? Que no haya encuentro. Decimos que la familia es el fundamento de la sociedad y cuando falla se nos vienen abajo un montón de cosas«.

Un llamado a la responsabilidad comunitaria y estatal

La Iglesia local denuncia una “cultura del descarte” donde, en el afán de «salvarse» económicamente, se termina deshumanizando al trabajador. Santiago Oliva hace hincapié en que el éxito de una temporada no puede medirse solo por la cantidad de visitantes, sino por un punto de vista más humano y fraterno.

Para revertir esta situación, la Pastoral propone la creación de «mesas sociales parroquiales» donde se sienten todos los actores: el Estado, los municipios, los centros vecinales y los propios trabajadores.

El objetivo es aplicar la metodología de «ver, juzgar y actuar» para encontrar soluciones locales a problemas como el de los trabajadores golondrina que viven en condiciones inhumanas.

Finalmente, Oliva advierte sobre la tentación de “querer esconder a los pobres” y delega la responsabilidad solo en el Estado.

El verdadero triunfo de una temporada, concluye el asesor, debe estar en la capacidad de la comunidad para «ver al otro como hermano realmente» y asegurar que todos, incluso quienes limpian lo que otros disfrutan, tengan un lugar digno en la mesa.