Todos experimentamos movimientos interiores: pensamientos, deseos, inquietudes o impulsos que nos mueven a actuar. Pero surge una pregunta decisiva para la vida espiritual: ¿de dónde vienen esas mociones?
El discernimiento espiritual, desarrollado de manera profunda por Ignacio de Loyola, es un camino para reconocer la acción de Dios en medio de esos movimientos interiores. En una formación para el voluntariado de Radio María, el padre Javier Soteras propone algunas claves para comprender este arte espiritual que ayuda a distinguir qué viene del buen espíritu y qué viene del mal espíritu en nuestra vida personal y comunitaria.
El discernimiento no es simplemente analizar decisiones o evaluar opciones. En su raíz más profunda es respuesta a una llamada.
Dios se acerca a cada persona y la invita a una conversión continua, a una reforma de vida. Discernir es buscar esa voluntad de Dios que nos llama y nos guía.
Por eso el discernimiento tiene siempre una dimensión espiritual: no se trata solo de pensar mejor, sino de dejarse conducir por el Espíritu Santo.
La tradición cristiana reconoce el discernimiento también como un carisma.
San Pablo lo menciona en Primera Carta a los Corintios 12,10 al hablar de la capacidad de reconocer qué espíritu actúa en una situación determinada.
Este don permite percibir interiormente si una acción, una decisión o una inspiración viene de Dios o no.
Como explica el texto formativo:
El discernimiento es una iluminación del Espíritu Santo que permite reconocer qué espíritus están motivando una determinada actuación.
No se trata simplemente de intuición psicológica o de inteligencia humana.Es una certeza interior que se recibe como gracia.
Aunque es un don, el discernimiento también se desarrolla como un camino espiritual.
La Carta a los Hebreos afirma que quienes han madurado en la fe tienen “la sensibilidad adiestrada para discernir el bien y el mal” (Heb 5,14).
Esto significa que el discernimiento crece con:
Con el tiempo, el corazón aprende a reconocer qué mociones conducen hacia Dios y cuáles nos alejan de Él.
En la tradición ignaciana se pueden reconocer tres niveles o pasos fundamentales.
El primer paso es reconocer lo que ocurre en el corazón.
Pensamientos, emociones, estados de ánimo o deseos no son neutrales: muchas veces traen consigo un mensaje interior.
Por eso el discernimiento comienza con una pregunta sencilla pero profunda:
¿Qué está pasando dentro de mí?
El segundo paso es identificar el origen de esas mociones.
Aquí aparece la tarea más delicada: distinguir si lo que sentimos proviene de:
Las reglas de discernimiento ayudan a reconocerlos por los efectos que dejan.
Finalmente llega el momento de decidir.
San Ignacio propone una actitud clara:
Discernir no es solo comprender lo que ocurre en el interior, sino responder a Dios con libertad.
El discernimiento revela que la vida interior es también un lugar de combate.
El buen espíritu y el mal espíritu actúan de manera distinta.
Según la tradición espiritual:
El mal espíritu suele:
El buen espíritu, en cambio:
El criterio más importante para reconocerlos es el fruto que dejan en el corazón.
Una de las tácticas más comunes de la tentación es mantener todo en secreto.
San Ignacio explica que el mal espíritu actúa como alguien que quiere ocultarse para no ser descubierto.
Por eso el discernimiento espiritual necesita abrir el corazón.
Hablar con una persona espiritual, compartir las luchas interiores o pedir consejo puede ser decisivo para desenmascarar la tentación.
Cuando la inquietud o la tristeza se instalan en el corazón, la tradición espiritual propone varios caminos.
Entre ellos:
San Ignacio es muy claro en este punto:
“En tiempo de desolación nunca hacer mudanza”.
Las grandes decisiones de la vida se confirman en tiempos de paz, no en momentos de confusión.
En la vida cotidiana todos experimentamos tensiones interiores.
A veces sentimos paz y claridad.Otras veces, inquietud y confusión.
El discernimiento espiritual nos enseña que no todos esos movimientos vienen del mismo lugar.
Algunos nacen del Espíritu de Dios que nos impulsa al amor y a la verdad.Otros provienen del miedo, del egoísmo o de la tentación.
Por eso la vida cristiana es también un camino de escucha interior.
Escuchar lo que ocurre en el corazón, confrontarlo con la Palabra de Dios y buscar consejo en la comunidad permite caminar con mayor libertad.
Discernir no significa tener todas las respuestas.
Significa aprender a reconocer la voz de Dios en medio de muchas voces.
VER MATERIAL DE ORACIÓN DÍA 12
Oración de San Ignacio
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer, Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es tuyo. Disponelo a tu voluntad, dame tu amor y gracia que ésta me basta.
En este espacio encontrarás todo el material diario y complementario para hacer los ejercicios en esta Cuaresma. (link a la categoría)