06/03/2026 – En una nueva edición del ciclo Reflexiones para el finde, el padre Humberto González S.J. propuso una mirada muy particular para vivir el tiempo de Cuaresma: contemplarlo a la luz del testimonio de María Antonia de Paz y Figueroa, conocida popularmente como Mamantula.
La figura de esta mujer de fe, nacida en Santiago del Estero y profundamente vinculada a la espiritualidad ignaciana, aparece como un modelo que puede iluminar el camino espiritual de este tiempo litúrgico. Su vida, marcada por la entrega y la confianza en la providencia, revela que la Cuaresma no es un camino de castigo ni de tristeza, sino un tiempo de conversión y esperanza.
Según explicó el sacerdote jesuita, muchas veces la Cuaresma tiene “mala prensa”, porque se la asocia exclusivamente con la penitencia. Sin embargo, el verdadero sentido es otro: se trata de una peregrinación interior hacia la Pascua. En ese contexto, la vida de Mamantula ofrece pistas muy concretas para recorrer ese camino.
Uno de los rasgos más llamativos de Mamantula fue su espíritu peregrino. Tras la expulsión de los jesuitas del territorio, decidió promover los ejercicios espirituales para que la gente no perdiera esa experiencia de encuentro con Dios. Así emprendió un largo camino desde Santiago del Estero hacia Buenos Aires, atravesando distintas regiones del país por el antiguo Camino Real, hoy en gran parte coincidente con la Ruta Nacional 9. Pero esa peregrinación no fue una aventura ni un viaje turístico. Fue un camino espiritual sostenido por una profunda confianza en la providencia. “El desafío es no armarle a Dios el libreto de mi vida, sino dejar que Dios arme el libreto”, expresó el padre Humberto durante la reflexión. Esa actitud de disponibilidad interior, que caracterizó la vida de Mamantula, se vuelve una invitación concreta para este tiempo de Cuaresma.
La peregrinación también implica abandonar ciertas seguridades. En ese sentido, el sacerdote recordó que muchas veces vivimos instalados en nuestras propias certezas: planificamos todo, organizamos todo, y cuando algo no ocurre como esperamos aparece el enojo o la frustración. La experiencia espiritual propone lo contrario: aprender a dejarnos sorprender por Dios. Ese proceso puede generar cierta incomodidad, pero también abre la puerta a descubrimientos más profundos. “Cuando nos dejamos sorprender por Dios, descubrimos un regalo mucho más grande”, afirmó. En ese sentido, la Cuaresma invita a salir de la zona de confort y emprender un camino interior que permita redescubrir la presencia de Dios en lo cotidiano.
Otro de los aspectos que la vida de Mamantula ilumina en este tiempo es el sentido profundo de la limosna. Muchas veces se piensa únicamente como una ayuda económica para los más necesitados. Sin embargo, el padre Humberto explicó que la limosna también implica algo más profundo: reconocer nuestra propia pobreza y aprender a pedir ayuda. En la experiencia de Mamantula, pedir limosna era parte de su misión. Todo lo que recibía estaba destinado a sostener las tandas de ejercicios espirituales que organizaba gratuitamente para la gente. Ese gesto revela una actitud espiritual fundamental: la conciencia de que nadie se salva solo. “Reconocer nuestros límites y animarnos a pedir ayuda también es una forma de mendigar”, señaló. Lejos de ser un signo de debilidad, esa actitud permite descubrir la dependencia amorosa de la providencia y fortalece los vínculos con los demás.
La vida de Mamantula tampoco estuvo exenta de dificultades. Al llegar a Buenos Aires, por ejemplo, no siempre fue bien recibida y debió soportar incomprensiones y humillaciones. Sin embargo, vivió esas situaciones con paciencia y perseverancia, confiando en que el bien que buscaba promover terminaría dando fruto. Esa actitud se convierte en otra enseñanza para la vida espiritual: aprender a respetar los tiempos de Dios. “La paciencia todo lo alcanza”, recordó el padre Humberto, retomando una enseñanza clásica de la tradición cristiana.
Para cerrar la reflexión, el sacerdote utilizó una imagen muy sugerente tomada del arte. Recordó una famosa idea atribuida a Michelangelo, quien afirmaba que al esculpir una obra en realidad quitaba lo que sobraba de la piedra para que la figura apareciera. Algo similar ocurre en la vida espiritual. La Cuaresma puede entenderse como ese tiempo en el que Dios va quitando aquello que sobra para que aparezca lo mejor de nosotros mismos. “Si nos dejamos esculpir, Dios va a saber sacar lo mejor de nuestra vida”, concluyó. Así, la figura de Mamantula se presenta como un testimonio luminoso: una mujer que peregrinó, confió, pidió ayuda, perseveró y dejó que Dios moldeara su camino.
Una invitación concreta para vivir este tiempo de Cuaresma con esperanza y apertura al Espíritu.