Las lluvias extremas «ya no son excepcionales»

viernes, 20 de marzo de 2026

20/03/2026 – En los últimos días, distintas comunidades del norte argentino han vuelto a quedar en el centro de la escena a raíz de intensas lluvias que provocaron crecidas y desbordes de ríos, afectando especialmente a provincias como Tucumán y Santiago del Estero. Lo que antes podía interpretarse como episodios excepcionales, hoy comienza a consolidarse como una tendencia cada vez más frecuente y preocupante.

Especialistas advierten que las lluvias extremas ya no responden a patrones aislados. Por el contrario, forman parte de una nueva dinámica climática en la que estos eventos se repiten con mayor intensidad y menor intervalo de tiempo. En este sentido, el geólogo e investigador del CONICET, Sergio Giorgeff, explica: “Han dejado de ser excepcionales porque la frecuencia de estas grandes lluvias era mucho más espaciada. Eran de 50 años, pero en Tucumán venimos desde hace 30 años con episodios de este tipo. (…) Por eso decimos que en realidad ya no son lluvias extraordinarias, con el agravante de que cada nuevo episodio es mayor que el anterior, tanto en las precipitaciones como en los efectos que tienen”.

Este cambio no puede atribuirse a una única causa. Si bien el cambio climático es un factor clave, también intervienen transformaciones profundas en el uso del suelo y en la intervención humana sobre las cuencas hídricas. Giorgeff señala que el avance de la frontera agrícola y la urbanización han modificado la capacidad natural del territorio para absorber el agua: “El agua que antes tenía más capacidad de infiltrarse y no escurrir tanto, hoy encuentra suelos modificados. La frontera agrícola y la urbanización del pedemonte hacen que estas situaciones se agraven cada vez más. Incluso hay zonas donde se deforestó y el suelo quedó expuesto, lo que incrementa el escurrimiento y la velocidad del agua”.

A esto se suma una infraestructura que, en muchos casos, no está preparada para responder a esta nueva realidad. Obras hidráulicas, rutas y sistemas de drenaje fueron diseñados bajo parámetros que hoy han quedado desactualizados. “Nuestros diques tienen 60 años y estaban calculados para otra capacidad de respuesta. Hoy el escurrimiento es mucho más intenso y la infraestructura no está pensada para este tipo de eventos”, advierte .

Las consecuencias de este escenario son múltiples y abarcan desde daños materiales hasta impactos sociales y productivos. Las inundaciones no solo afectan viviendas y caminos, sino que también deterioran suelos productivos y generan pérdidas económicas significativas. “Son consecuencias de todo tipo: sociales, productivas. Esa agua que vemos es suelo que se pierde, y eso tiene un impacto enorme. Además, los caminos se vuelven intransitables, se encarecen los traslados y se generan costos directos e indirectos muy importantes”, detalla el especialista .

En paralelo, se evidencia otra cara del problema: la alternancia entre excesos y déficits hídricos. Mientras algunas regiones sufren inundaciones, otras enfrentan escasez de agua, lo que refuerza la necesidad de una gestión integral de los recursos. En este contexto, Giorgeff subraya la importancia de pensar políticas a largo plazo: “Esto tiene que estar en la agenda de manera permanente. No puede ser una preocupación solo cuando llueve. Hace falta planificación, coordinación interjurisdiccional y un trabajo integral entre el Estado y la sociedad para poder mitigar estos efectos”.

Así, Argentina enfrenta un desafío cada vez más urgente: adaptarse a una nueva normalidad climática donde los eventos extremos serán más habituales. La respuesta no solo dependerá de obras de infraestructura, sino también de decisiones ambientales, planificación territorial y una mayor conciencia social sobre el cuidado del ambiente y el uso responsable de los recursos.