09/04/2026 – El ausentismo en la escuela secundaria se consolida como una de las principales preocupaciones del sistema educativo argentino. En los últimos dos años, este fenómeno creció 7 puntos porcentuales a nivel nacional y ya se registra en las 24 provincias, reflejando una problemática extendida que impacta directamente en los procesos de aprendizaje y en la trayectoria escolar de miles de jóvenes.
Los datos, relevados por el informe “Ausentismo: ¿qué sabemos acerca de cuánto faltan los estudiantes de secundaria?”, elaborado por Argentinos por la Educación, muestran que el 51% de los alumnos del último año acumula 15 o más inasistencias, una cifra que en 2022 era del 44%. Además, se observa una tendencia preocupante: crece el grupo de estudiantes con ausencias más frecuentes, mientras se reduce el segmento intermedio, configurando un escenario de “polarización” en la asistencia.
En este contexto, Tomás Besada, economista y analista de datos de la organización, advierte sobre la complejidad del fenómeno y la necesidad de mirarlo en profundidad: “El ausentismo no es un fenómeno aislado ni uniforme. Lo que estamos viendo es que se concentra cada vez más en un grupo de estudiantes que falta mucho, y eso tiene consecuencias muy fuertes en términos de aprendizaje y de continuidad educativa. No es lo mismo faltar algunos días que construir un patrón de ausencias reiteradas” .
El informe también revela que, para los directores de escuela, el ausentismo es hoy el principal obstáculo para el aprendizaje, por encima de otras problemáticas tradicionales. Esta percepción se ve reforzada por los propios datos, que muestran un crecimiento sostenido de las inasistencias más severas.
Sin embargo, uno de los aspectos más desafiantes es comprender las causas detrás de este fenómeno. Si bien los problemas de salud encabezan las razones, aparece con fuerza un dato que interpela: el 39% de los estudiantes reconoce faltar porque “no tiene ganas de ir a la escuela”. Sobre este punto, Besada señala: “Cuando los propios estudiantes dicen que no tienen ganas de ir, ahí hay una señal muy importante para el sistema educativo. Nos habla del vínculo con la escuela, de la motivación, del sentido que encuentran —o no— en lo que están haciendo. No alcanza con mirar la asistencia como un número, hay que entender qué está pasando detrás” .
Las diferencias entre provincias también evidencian que el problema adopta distintas características según el contexto, con jurisdicciones que presentan niveles significativamente más altos que otras. No obstante, el fenómeno atraviesa a todo el país y pone en evidencia la necesidad de políticas públicas más precisas y sostenidas.
En este sentido, uno de los principales desafíos es la falta de información sistematizada y actualizada. Actualmente, gran parte de los datos disponibles proviene de los propios estudiantes, lo que limita la posibilidad de un seguimiento detallado. “Argentina todavía no cuenta con un sistema de datos nominales que permita monitorear el ausentismo en tiempo real. Eso dificulta mucho la toma de decisiones y el diseño de políticas efectivas para abordar el problema” , explica Besada.
Así, el crecimiento del ausentismo no solo refleja una dificultad educativa, sino también un síntoma de una realidad más amplia que involucra aspectos sociales, culturales y vinculares. Abordarlo requiere no solo mejores herramientas de medición, sino también una mirada integral que permita recuperar el sentido de la escuela como espacio de aprendizaje, encuentro y construcción de futuro para los jóvenes.