Perú y Hungría, elecciones importantes en un difícil contexto global

martes, 14 de abril de 2026

14/04/2026 – En un mundo cada vez más interconectado, los fenómenos políticos ya no pueden analizarse de manera aislada. Como señalaba el papa Francisco, “todo está conectado”, y esa lógica también atraviesa a la política global, donde emergen tendencias similares en distintos países, incluso con realidades muy diferentes.

En los últimos días, dos procesos electorales volvieron a poner en evidencia esta dinámica. Por un lado, en Perú, la candidata más votada fue Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, quien gobernó el país y luego fue condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos. Aunque obtuvo la mayor cantidad de votos entre más de 30 candidatos, no alcanzó el porcentaje necesario para evitar una segunda vuelta, reflejando un escenario político fragmentado e inestable.

Al mismo tiempo, en Europa, se produjo un hecho de gran impacto: la derrota del húngaro Viktor Orbán, uno de los principales referentes de la derecha más dura en el continente, quien deberá dejar el poder tras 16 años de gobierno. Ambos casos, aunque distantes geográficamente, revelan movimientos profundos en el mapa político global.

El periodista especializado en asuntos internacionales, Marcelo Taborda, analizó este contexto señalando que: “En un mundo globalizado todo tiene que ver con todo. La política también está globalizada y se dan fenómenos parecidos, similares, con idas y vueltas, en distintos países. Por ejemplo, el de fuerzas políticas de extrema derecha que atraen porcentajes de electores en países con distintas realidades” .

En el caso peruano, Taborda destacó el alto nivel de fragmentación y la debilidad estructural del sistema político: “Estamos hablando de 35 candidaturas para un electorado de poco más de 27 millones de personas, donde la candidata más votada no llega al 17%. Esto habla de una volatilidad enorme y de una crisis política profunda, que en los últimos años ya tuvo ocho presidentes y podría tener un noveno en breve” .

Este escenario abre múltiples interrogantes sobre la gobernabilidad futura y la capacidad del próximo gobierno para sostenerse en el tiempo, en un país donde la inestabilidad se ha vuelto casi una constante.
Por su parte, la derrota de Orbán en Hungría marca un posible punto de inflexión en Europa, especialmente dentro del espacio político que agrupa a líderes de perfil nacionalista y conservador.

Según Taborda, este resultado no puede leerse solo en clave local: “Hay que mirar este resultado también en función de quiénes celebraron y quiénes no. Orbán era uno de los principales referentes de esta ultraderecha global, junto a figuras como Donald Trump o Vladimir Putin, y su derrota expresa también un cierto cansancio frente a ese tipo de liderazgo” .

Más allá de los resultados puntuales, ambos procesos reflejan tensiones más amplias que atraviesan a las democracias contemporáneas: la fragmentación política, la desconfianza en las instituciones, el avance de discursos extremos y la búsqueda de respuestas frente a contextos de incertidumbre.

En este escenario global, donde las decisiones de un país impactan en otros y los liderazgos se interrelacionan, la política aparece cada vez más como un fenómeno compartido. Comprender estas dinámicas resulta clave para interpretar no solo lo que ocurre en el mundo, sino también los desafíos que enfrentan las democracias en la actualidad.