27/04/2026 – En distintas ciudades de Argentina y de América Latina, el crecimiento de la pobreza, la falta de trabajo formal y el debilitamiento de los lazos sociales han dado lugar a múltiples formas de subsistencia en el espacio público. Actividades informales que, en muchos casos, surgen como respuesta a la necesidad —ofreciendo pequeños servicios a cambio de dinero o propinas— pero que, sin regulación adecuada, también han derivado en situaciones de abuso, conflictos e incluso violencia.
En este contexto, el debate sobre cómo abordar estas realidades se ha instalado con fuerza en distintas provincias, donde algunas iniciativas apuntan directamente a la prohibición de estas prácticas, sin siempre contemplar la complejidad social y económica de quienes dependen de ellas para sobrevivir.
En la ciudad de Córdoba, la Pastoral Social de Córdoba junto a la Vicaría de los Pobres de Córdoba han impulsado una propuesta alternativa, construida a partir del diálogo con todos los actores involucrados, incluyendo a quienes desarrollan estas actividades. Se trata de una iniciativa que busca ofrecer un marco de ordenamiento sin perder de vista la dignidad de las personas y la necesidad de inclusión.
El padre Munir Bracco, vicario pastoral de la arquidiócesis, explicó el espíritu de esta propuesta: “Nosotros partimos de una convicción muy profunda: detrás de cada una de estas personas hay una historia, hay una necesidad concreta, hay una vida que no puede ser reducida a un problema de orden público. Cuando se piensa únicamente en prohibir, muchas veces lo que se hace es invisibilizar aún más a quienes ya están en una situación de gran vulnerabilidad”.
En esa línea, remarcó la importancia de un abordaje integral: “La realidad es compleja y requiere respuestas que estén a la altura de esa complejidad. No se trata de negar que hay situaciones conflictivas o que pueden darse abusos, sino de generar marcos que ordenen, que cuiden y que, al mismo tiempo, ofrezcan caminos de inclusión. Si no, lo único que hacemos es correr el problema de lugar, pero no resolverlo”.
Asimismo, Bracco subrayó el valor del diálogo como punto de partida para cualquier solución: “Esta propuesta nace de haber escuchado a todos: a vecinos, a autoridades, pero también —y sobre todo— a quienes viven de estas actividades. Porque creemos que nadie puede quedar afuera de una conversación que define su propio futuro. Solo desde esa escucha es posible construir algo verdaderamente justo”.
Finalmente, destacó el horizonte humano y social que guía esta iniciativa: “Lo que está en juego es la manera en que nos miramos como sociedad. Si realmente creemos que somos hermanos, entonces las respuestas no pueden ser expulsivas. Tienen que ser integradoras, respetuosas de la dignidad de cada persona y capaces de abrir oportunidades, incluso en medio de situaciones muy difíciles”.
De este modo, la propuesta elaborada en Córdoba se presenta como un intento de equilibrar la necesidad de ordenar el espacio público con una mirada profundamente humana, que busca no dejar a nadie al margen y construir respuestas que contemplen tanto la convivencia como la inclusión social.