07/05/2026 – La situación económica en Córdoba presenta una paradoja preocupante: aunque la inflación registró una desaceleración en abril, situándose en el 2,63% frente al 3,4% de marzo, este dato no se traduce en un alivio real para los hogares.
Según explica Vanesa Ruiz, gerente del Centro de Almaceneros de Córdoba, este fenómeno responde a una profunda recesión económica donde los precios se frenan principalmente porque el consumo se ha desplomado.
El desfasaje entre precios e ingresos
Para Ruiz, la falta de bienestar social se explica por la brecha entre el costo de vida y los ingresos familiares. La especialista detalla que los montos para no caer en la pobreza son sumamente elevados: «Una familia de cuatro integrantes, dos adultos y dos menores, para no caer bajo la línea de indigencia, y esto es solamente alimentos, se requiere de 1.300.000 pesos y para canasta básica total 1.876.000 pesos para afrontar lo mínimo requerido indispensable».
A esta situación se suma que, si bien rubros como alimentos descendieron del 3,9% al 2,1% en el último mes, otros costos fijos siguen presionando el bolsillo. Ruiz señala que la baja de la inflación por sí sola es insuficiente: «Es por la falta de recuperación de los ingresos que no hay un alivio, no se siente un alivio económico».
Endeudamiento y cambios en el consumo
La crisis ha forzado una reconfiguración de los hábitos de compra y un nivel de endeudamiento alarmante. Actualmente, el 88% de las familias cordobesas debe financiar sus necesidades básicas. Ruiz profundiza en esta realidad: El 37,9% de las familias financia alimentos con tarjeta de crédito. El 39,5% recurre al «fiado» en comercios de cercanía. El 10,5% utiliza dinero prestado para comer. En cuanto a la dieta diaria, la gerente del Centro de Almaceneros advierte sobre una degradación en la calidad nutricional. Menciona que en las carnicerías «lo que más se vende es molidas, lo que menos se vende es la carne para milanesas o el asado» , y destaca una caída crítica en el consumo de lácteos, frutas y verduras debido a sus altos costos.
El impacto social más profundo
Más allá de las estadísticas de mercado, Ruiz enfatiza el costado humano de la crisis, revelando datos que describen una situación de vulnerabilidad extrema para más de la mitad de la población: «Dentro de todo lo que relevamos, el número más doloroso es que el 52,8% de los hogares debe suspender alguna ingesta. Decíamos recién de todos los cambios, pero hay familias que hicieron todos los cambios y hoy resignan una comida, preferentemente es la cena». Para revertir esta tendencia, la especialista sostiene que no basta con el descenso de la inflación. Es imperativo trabajar en la recuperación salarial, reducir las altas tasas de refinanciación de las tarjetas de crédito —que describe como «una de las más altas del mundo»— y devolver el acceso al crédito genuino para las familias.