12/05/2026 – El informe “La educación, factor clave en la proyección de los jóvenes” del CEMAIS advertía ya hace algunos años sobre las dificultades que enfrentan millones de jóvenes argentinos para construir un proyecto de vida.
El trabajo señalaba que 3,4 millones de jóvenes entre 18 y 29 años no habían completado la escuela secundaria, una situación que condicionaba seriamente sus oportunidades de desarrollo e inserción laboral.
Ese diagnóstico cobra actualidad frente a los datos de “Argentinos por la Educación”, que revelan que más de la mitad de los jóvenes de 15 años no logra imaginar una ocupación concreta para su adultez.
Para profundizar en esta realidad, dialogamos con Edgardo Dainotto, director del Centro Mariano de Investigación Social , quien explica que la terminalidad educativa tiene un impacto profundo en la subjetividad.
Según Dainotto, existe un vínculo directo entre el nivel de estudios y la percepción de control sobre el destino propio: “En ese momento nosotros lo que tomamos fue las preguntas que se hicieron en su momento sobre si uno cree que puede tomar decisiones sobre su propia vida y la mayoría de los que decían que no, que estaban sometidos a fuerzas externas […] El 60 y pico por ciento de esos jóvenes que decían que no podían llevar una vida autónoma prácticamente no habían terminado el secundario”.
Dainotto sostiene que esta situación genera una «imposibilidad percibida» de construir una vida útil y agradable, afectando la confianza en sí mismo. En este sentido, subraya que la palabra clave es imaginarse, entendida como la capacidad de proyectarse o «tirarse adelante» en un escenario posterior. El experto define el proyecto de vida como la decisión de en qué cosas uno va a poner su «energía y vitalidad» y qué cosas debe dejar de lado para alcanzar un objetivo. Por ello, Dainotto propone que la educación debe ser vista no solo como transmisión de contenidos, sino como una herramienta de autonomía. Al respecto, señala que: “Renovar los esfuerzos […] por revivir la hermosura de construir el proyecto de vida podría ser un aporte no solamente a la vida espiritual, sino a la vida económica y profesional de nuestros jóvenes”.
Un punto crítico en su análisis es la crítica a una «mala aplicación del principio de subsidiariedad» por parte del Estado. Dainotto advierte que los subsidios o planes sociales deben ser herramientas temporarias destinadas a que la persona desarrolle sus propias capacidades. Citando la encíclica Caritas in Veritate de Benedicto XVI, explica que un enfoque paternalista «agudiza el infantilismo» y le quita al individuo la capacidad de crear su propia vida al perpetuar una situación de inferioridad. Finalmente, aunque reconoce que los índices de terminalidad han mejorado recientemente , Dainotto observa que muchas veces se ha «privilegiado la terminalidad» por sobre el impacto académico para proteger el ánimo de los jóvenes frente a la fragilidad de no terminar.
Su propuesta es acompañar esta mayor graduación con sistemas de tutorazgo que ayuden a «salvar el bache» de conocimiento y preparen mejor a los estudiantes para la universidad o el ámbito técnico-profesional.