El Senado de Francia rechazó el proyecto de ley de eutanasia

miércoles, 20 de mayo de 2026

20/05/2026 – El debate sobre la eutanasia volvió a ocupar el centro de la escena internacional luego de que el Senado de Francia rechazara, el pasado 12 de mayo, el proyecto de ley que buscaba legalizar esta práctica y que ya había sido aprobado previamente por la Asamblea Nacional.

En paralelo, los senadores franceses aprobaron por amplia mayoría una ley de fortalecimiento de los cuidados paliativos, en una decisión que reavivó la discusión sobre cómo acompañar a las personas en el tramo final de la vida sin caer en prácticas que impliquen provocar deliberadamente la muerte.

La eutanasia —entendida como poner fin a la vida de personas enfermas, disminuidas o moribundas para eliminar el sufrimiento— es considerada por la Iglesia Católica una grave violación de la dignidad humana. El Catecismo sostiene que “la eutanasia directa es moralmente ilícita y constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad humana”, al tiempo que recuerda que la vida “es un don sagrado de Dios” sobre el cual nadie puede disponer libremente.

En este contexto, el abogado y especialista en bioética Nicolás Lafferriere, director del Centro de Bioética, Persona y Familia, explicó que el caso francés deja enseñanzas importantes para el mundo y también para la Argentina, donde existen proyectos legislativos que buscan avanzar en la legalización de la eutanasia.

“Francia viene discutiendo el tema de la eutanasia y el suicidio asistido desde hace varios años. Lo interesante es que el debate estuvo muy vinculado al sistema de salud y al acompañamiento en el final de la vida. Por eso, paralelamente al rechazo de la eutanasia, se aprobó una ley de cuidados paliativos muy detallista, incluso con precisiones sobre cuánto dinero debe destinarse a este tipo de atención”, señaló.

Lafferriere remarcó que el verdadero interrogante de fondo es cómo una sociedad decide acompañar a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento extremo. “Lo que está en juego es qué le debemos en justicia a una persona en el final de la vida. Y ahí hay que distinguir claramente las conductas. No está bien matar al paciente. Eso es la eutanasia: aplicar una inyección para quitarle directamente la vida, aunque él lo pida o aunque sienta subjetivamente que perdió dignidad. La dignidad nunca se pierde y nunca podemos quitar deliberadamente la vida de una persona”, afirmó.

En ese sentido, sostuvo que presentar la eutanasia como una respuesta compasiva implica, en realidad, una renuncia social al acompañamiento humano: “Es como si alguien dijera ‘he perdido razones para vivir’ y nosotros respondiéramos ‘está bien, te ayudamos a quitarte la vida’. Eso no es una respuesta verdaderamente humanitaria ni una manera humana de responder al dolor”.

El especialista también diferenció la eutanasia del rechazo al llamado “encarnizamiento terapéutico”. Según explicó, la Iglesia admite que puedan discontinuarse tratamientos médicos desproporcionados cuando ya no ofrecen posibilidades reales de mejoría y solo prolongan artificialmente la agonía. “Eso es lícito y la Iglesia lo viene enseñando desde hace muchísimos años. Lo que no es lícito es abandonar cuidados básicos como la alimentación y la hidratación”, aclaró.

A la vez, destacó el desarrollo de la medicina paliativa como una alternativa profundamente humana frente al sufrimiento. “Los cuidados paliativos atienden el dolor en todas sus dimensiones: el dolor físico, psicológico, social y espiritual. No se trata solo de medicamentos, sino de acompañamiento integral. Participan médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales y también ministros religiosos que ayudan a la persona a atravesar esa etapa con dignidad”, explicó.

Lafferriere advirtió además que en distintos países existe una creciente preocupación social respecto de los sistemas de salud y los costos asociados a la atención médica, un aspecto que también influye en el rechazo a la eutanasia. “Los debates sobre eutanasia son también debates sobre el sistema de salud. Mucha gente teme que detrás de estas iniciativas exista una lógica económica, una manera de ahorrar recursos. Cuando una persona siente que no tiene garantizados cuidados paliativos adecuados y al mismo tiempo le ofrecen la eutanasia, naturalmente aparece la desconfianza”, sostuvo.

El especialista observó que las recientes decisiones tomadas tanto en Francia como en Gran Bretaña —donde también fracasó recientemente un intento legislativo similar— podrían marcar un cambio de tendencia internacional. “Son países enormemente significativos, con tradiciones jurídicas distintas, y ambos reaccionaron frente a intentos de legalizar la eutanasia. Eso parece auspicioso y muestra que todavía existe una fuerte sensibilidad social respecto del valor de la vida humana”, concluyó.