13/02/2026 – En el marco de una nueva celebración mañana día de San Valentín, la escritora y periodista Diana Arias ofreció dos historias de amor, de abuelas y de familias. La primera fue sobre. la Nona Isolina y, después otra muy especial ocurrida en el escenario del Torreón del Monje de Mar del Plata, que llegó a Diana a través de María Pura Schweichart. “El primer relato se inicia en Tres Arroyos en el año 2008. Karina le dio la última apuntada a la etiqueta de un flamante emprendimiento textil llamado Nona Isolina. ¿Quién es Isolina? preguntaron Julieta y Camila, sus hijas, con curiosidad. Camila le preguntó y mientras hacía esto, su mamá Karina sintió que aguardaba ese momento desde hacía mucho tiempo. Miró a los ojos a sus dos pequeñas y les respondió Isolina fue la mujer que ayudó a sanar el abandono en esta familia”, indicó.
“El bebé de Carmen Angela apenas tenía 7 días de vida cuando ella empezó a sentir dolores en su vientre y a padecer fiebres altísimas. Su esposo, desesperado, quiso llevarla a los mejores hospitales, pero las comadres y mujeres mayores de la familia insistieron en que sola se curaría. Isolina sabía que no y se quedó con ella día y noche, escuchó sus dolores y también sus delirios. En un instante de lucidez, 22 días después, Carmen le hizo jurar que cuidaría a su pequeño para que nunca sintiera el abandono que a ella le había tocado. Y murió el día siguiente, también con una herida en el corazón, tal vez por no poder quedarse en el mundo a cuidar a su bebé. Eduardito fue disputado. Primero su abuela paterna, pero el recién nacido no se alimentaba bien y perdía peso. Entonces llegó María, la abuela silenciosa. Pero el niño parecía enfermo de tristeza. Hasta que Isolina lo acunó y el ruego se vio cumplido. Eduardo creció con amor, desafiando la soledad y también lo que le había tocado. Porque Isolina lo cuidó y le enseñó algo muy importante, que nunca se abandona a quien se ama”, continuó contando Arias.
La segunda historia se inició en Entre Ríos: “Se encontraban casi siempre en el monte. Esto pasó en Paraná en el año 1882. Feliciana se escapaba de la cocina con alguna excusa y corría hasta el lugar que los dos conocían de memoria. Justo en el recodo del camino, debajo de unos sauces verdes y brillantes, había un arroyo y ahí ella lo esperaba. Le gustaba arreglarse el pelo con flores silvestres y dejar que el agua fresca le mojara los pies. Cuando escuchaba, el galope del caballo sonreía. De inmediato llegaba Gregorio, vestido con sus ropas finas y sus ojos seductores. Juntos se reían, tenían ideas y sueños, se amaban y así, libres, perdían la noción del tiempo. Entonces Feliciana lo reprendía y con gracia le decía que cuando fuera su esposa lo iba a corregir. Se casaron ese mismo año y tuvieron seis hijos. Era 1920, estaban atraídos por el auge de Mar del Plata y las posibilidades de trabajo. Finalmente se instalaron en la pujante ciudad. Francisco, uno de los hijos, fue ascensorista del antiguo Hotel Bristol y luego cuidador del Paseo General Paz, hasta que en 1926 les ofrecieron ser caseros en el Torreón del Monje. Esa noche le contó a Mercedes que pronto irían a un castillo frente al mar. La historia del Torreón del Monje hablaba de amores perdidos, pero también de tragedias. La ilusión los pudo, aceptaron ese trabajo. Sin embargo, los esperaba una gran sorpresa”. Para encontrar en Instagram a Diana Arias se la encuentra en @dianaariasoficial
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