Día 2: Principio y fundamento

martes, 20 de febrero de 2024
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20/02/2023 – En el segundo día de nuestro camino de ejercitación nos detenemos para alabar a Dios, reconocer su grandeza.

“El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor mediante esto alcanzar la salvación, y las otras cosas para la prosecución del fin para que es creado, y tanto ha de usar de ellas cuanto le ayuden para ese fin. Y por lo tanto es necesario hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, de tal manera que de nuestra parte deseemos y elijamos lo que mas conduce para el fin que fuimos creados.”

En principio y fundamento es el fin de la creación del hombre que para conseguirlo deberá con discreción y una actitud que se llama santa indiferencia elegir lo mejor. Principio y Fundamento se basa en: fin, discreción e indiferencia.

Fin del Hombre

Lo primero es sentir y gustar interiormente esta expresión fuimos “creados para”. Sentir interiormente esta frase es una gracia de Dios, por lo tanto debemos pedirla y pedirla con insistencia, para ser oídos y para no salirnos de la materia de oración el fin del acto creador de Dios.

La petición es muy importante para San Ignacio, el hace comenzar cada tiempo de oración con una petición y lo hace concluir con un coloquio como cuando un amigo habla con otro amigo, pidiendo alguna gracia, comunicando sus cosas y pidiendo algún consejo (EE 54).

El que crea es Dios, no está dicho explícitamente se lo entiende desde como llaman los biblistas un pasivo teológico, donde sin nombrarlo se entiende que es Dios quien actúa. El que crea es Dios uno y trino, a su imagen y semejanza, por tanto es Dios familia que nos hace ser familia. En esto hay que detenerse admirados y agradecidos a tanto amor y generosidad. He sido creado y soy sostenido en el acto de amor de la creación que de no existir desaparecería. A demás ensancho mi mirada al mundo animado e inanimado y con toda la creación alabo al Señor. Puedo decir: “Señor dueño nuestro que admirable es tu nombre en toda la tierra” Sab, 2,23.

Desde este lugar confiar en el que tiene un plan para mí y borrar todo falso determinismo y visión negativa de la vida. Puede ayudar a orar el salmo 100 y desde ahí reconocer la grandeza de su amor. Orarlo masticándolo, sin apuros gustando cada palabra.

En este momento de oración soy llamado a saberme criatura, dependiente en todo como un niño en brazos de su madre Salmo 131, reconociendo que ese ser como niños es la condición para entrar en el reino de los cielos. (Jn 3,3 ).

Discreción de espíritu

El procedimiento mediante el cual conocemos la voluntad de Dios, en la Biblia se llama sabiduría. La sabiduría nace en el ambiente familiar y fue extendiéndose a otros sectores de la vida entrando a lugares públicos del gobierno del pueblo de Dios.

Los sabios que eran hombres de pueblo comenzaron a ser profesionales que ponían su talento al servicio de los reyes. Se volvió una institución junto a los profetas y sacerdotes.

Comenzó a tener relevancia en la corte del rey en vistas al gobierno y el bien estar del pueblo. Es ahí en torno al reinado de Salomón donde queda establecida como paradigma de discernimiento.
Lo propio de un espíritu sabio es encaminar en la vida cosas que son ambiguas ya que ayudan a unos desayudan a otros.

Yahvé es el que da la sabiduría Prov 2,20, Jb 32,8. A Dios hay que pedirla y sin cansancio. Dice el Apóstol Santiago: “Si alguno está falto de sabiduría, la pida a Dios, que la da a todos generosamente” Sant. 1,20 y agrega: “que la pida con fe que el que vacila es semejante al oleaje del mar movido por el viento y llevado de una parte a otra” Sant 1,6-7. La discreción no se estudia en salamanca y se da en instrucción, sino la da el Espíritu.

La regla de tanto y cuanto que expresa que el hombre ha de usar de las cosas cuanto lo ayuden y tanto debe quitarlas cuanto le impidan para su fin (EE 23), es el principio fundamental para el discernimiento de espíritus, si por cosas se entiende no solo realidades materiales, personas e instituciones, sino también mociones y experiencias interiores.

Ser indiferente

Para llegar al uso discreto de las cosas a favor del proyecto de Dios es necesaria la libertad interior, es necesario para poder hacer una buena elección.

No se trata de no sentir inclinación por la salud, la riqueza, el honor, la vida larga, sino que se haga el querer de Dios.

Se trata de indiferencia tal que no queramos una cosa por otra sino lo que quiera Dios. Más allá del gusto o el disgusto.

La voluntad de Dios puede ser a lo que nosotros nos sentimos inclinados por nuestra naturaleza, temperamento, condiciones, cualidades o experiencias anteriores. Ser indiferentes es no movernos solo por lo que nos inclinamos ni solo por lo que nos repugna hasta no conocer la voluntad de Dios.