El diálogo en el matrimonio – ¿Cómo me comporto con mi prójimo?

lunes, 9 de octubre de 2006
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Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”. Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley?, ¿Qué lees en ella?”. Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”.
“Has respondido exactamente, le dio Jesús; obra así y alcanzarás la vida”.
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”. “El que tuvo compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve, y procede tú de la misma manera”.
Lucas 10, 25 – 37

En esta mañana maravillosa, en la que el Señor nos regala la luz, nos regala todos los verdes,  y el fresco de esta primavera extraordinaria, aunque el sol esté un poco toldado, aunque esté saliendo un poco miedoso, no importa, porque nosotros tenemos su luz, ni las nubes la frenan, aunque el cielo se llene de nubes, nosotros igual alcanzamos a ver, porque él se las ingenia para alumbrar.

Estos son tiempos difíciles, de cambios, de dudas, de incertidumbre, y cuando eso se comparte con la persona amada, eso da fuerza, da luz, da riqueza, hace que vayamos enredándonos juntos, como la planta del kiwi.

Y para que esa planta crezca y se fortalezca es necesario el diálogo, ojalá nunca perdamos los seres humanos la relación del diálogo, y sobre todo en el matrimonio, yo creo que no sabemos hablarnos, no sabemos contarnos, no sabemos dialogar, entonces sufrimos mucho, porque no sabemos comunicarnos, no sabemos contarnos las riquezas.

¿Y por qué no hablamos?, porque tenemos miedo, porque cosas muy hechas y muy armadas, entonces se sufre mucho, por eso hoy quiero dirigirme a los matrimonios, porque ustedes son muy importantes para nosotros, en Argentina y en el mundo, el matrimonio no es una institución, aunque esté concebida también de ese modo, es mucho más que eso, es una relación fundamental, es una relación fundante, el matrimonio es un encuentro entre un hombre y una mujer, que se eligen para hacer juntos el camino, y miran la vida como un proyecto mutuo, que está fuera, y que también está dentro de su corazón, por eso la herramienta fundamental del matrimonio va a ser siempre el diálogo, por eso también una de las tareas mas importantes para los esposos para construirse en felicidad, es descubrir la vida juntos, es abrir sus corazones, y es mucho mas que palabras, es mucho mas que lo que hablamos, es lo que compartimos, es lo que le hacemos sentir al otro, es el lugar que le damos, el respeto que le tenemos, es la actitud de delicadeza que ejercemos cuando lo tratamos, cuando lo invitamos, cuando le damos el primer lugar, cuando lo admiramos, cuando lo contemplamos en el silencio, todo eso es el diálogo, es una vida del uno para el otro.

El matrimonio es la principal de las escuelas, la escuela del amor, de la vida, donde un hombre y una mujer se descubre amados, vean bien, esa es la razón de un matrimonio: que nos descubrimos amado por el otro, que me admira, me desea, que no puede estar sin pensar en mi, al que le gusta hablar conmigo, necesita hablar conmigo, necesita mirar la vida conmigo, y una palabra mía tiene un peso sobre él que no tiene ninguna otra palabra, eso es el matrimonio, dos personas que se sienten amadas y deseadas, esa es la razón verdadera del matrimonio.

Es muy importante la familia, es un ámbito necesario, tenemos hoy muchas cosas para decir sobre la familia, obviamente que esto no significa que pretenda enseñarles nada a los matrimonios, porque yo no soy matrimonio, tengo una experiencia matrimonial basada en la vida de muchos matrimonios y tengo una experiencia matrimonial de lo que es compartir con una comunidad como sacerdote, y el sacerdote, como todo ser humano, vive también una vida de comunión y de amor. Pero el sacerdote aprendió a ser sacerdote en su familia, y eso es muy importante, el que se casa aprende a construir su familia desde la experiencia de su niñez, y yo como sacerdote aprendí mi misión en el seño de mi familia, por eso digo que es una escuela la familia, es una escuela de amor, que da lugar a todas las potencialidades, a la creatividad, a la originalidad de cada uno.

¡Qué lindo esto de la familia, que ámbito tan necesario!. El Padre Zezinho, que es brasilero, creó una oración muy linda, la Oración por la familia, transformada también en canción, que comparto con ustedes.

Cuando en una familia hay dificultades, y esas dificultades se viene trayendo durante mucho tiempo, eso genera mucha impotencia, porque no se aceptan, no se reconocen esas dificultades, se hace difícil el camino del cariño y del amor, muchas cosas se van afectando. Que lástima que a veces esto tan sagrado, tan fundante, tan necesario que es el matrimonio que dialoga, se ve tan herido por la incomunicación, la peor desgracia que puede tener una pareja es la incomunicación.

Hoy quiero invitarlos a todos a dos cosas, primero los invito a valorar su matrimonio, su esposo, su esposa, su familia, sus hijos, su papá, su mamá, sus abuelos, a valorar a las personas que tienen al lado, y alentarlos al desafío de hacer la experiencia de comunión, de koinonía, de encuentro de corazones, de cordialidad, corazones que se enlazan, que como la planta del kivi, van para adelante siempre juntos, siempre enredándose, siempre dialogando, siempre valorándose, siempre escuchándose y agradeciéndose, siempre sirviéndose.

Que lindo cuando los padres se arrodillan delante de sus hijos, a contemplarlos, como dice el Padre Zezinho en la canción, que lindo cuando los hijos están descansando y vienen los papás y se arrodillan, les tocan el pelo, los acarician, y los aman sin palabras, que bella es esa actitud, cuanta importancia tiene ese amor, eso si que es oración.

Se me ocurren muchas reflexiones en este momento acerca del texto bíblico que compartimos, yo estuve acariciando estas palabras en la oración, y traté de ver que es lo que el Señor me está diciendo a mi, me impresiona como empieza el texto: “Se levantó entonces un experto en la Ley, y le dijo para tenderle una trampa: “Maestro, ¿qué debo hacer para obtener la vida eterna?””. 

Quizás en este encuentro lo primero que aparece es esto de tenderle una trampa, ¡lo que es la necesidad humana!, pensé al leer esto, hay muchas cosas en el texto que me llaman la atención y que me golpean fuerte, que me hacen pensar en mi condición de sacerdote y de pastor, que disposición tengo yo mismo para el encuentro con un mundo que no me ama, que no me valora, que me interpela sobre cosas muy importantes, pero que no me interpela para que le de una respuesta que acompañe su forma de vida, o que me dignifique, sino que me pregunta cosas simplemente para ponerme en ridículo, a veces la verdad queda puesta en ridículo en esta sociedad.

A veces me da la impresión, cuando un sacerdote aparece en televisión hablando sobre algunos temas candentes, lo primero que escuchamos es: ¡los curas son un desastre!, los sacerdotes mostramos la hilacha, porque no tenemos una respuesta adecuada, o porque aún teniendo en las manos una gran verdad es como que hay un esmero en desacreditar la palabra de la Iglesia, y a veces me planteo que postura debo tomar en estas situaciones.

Por eso es que me impactó mucho esto de cómo el Señor trata al que viene con mala intención, porque hoy nos movemos en un mundo en el que posiblemente la mayoría de las personas tengan motivos muy alejados de la dignidad del hombre al acercarse a nosotros para preguntarnos o pedirnos algo, a veces nos quieren usar, entonces es bueno pensar que es lo que tenemos que hacer ante esta situación para ser un buen cristiano.

La clave de este Evangelio es la caridad, el gran signo del Reino es el amor, y el amor es lo que da razón, decisión orden y medida a todos los procederes de la persona humana. Jesús escucha a alguien que tiene una pregunta muy importante, le va a preguntar sobre el final, sobre lo escatológico, sobre lo definitivo, ¿qué es lo definitivo?, ¿dónde está el punto culminante de la Ley para un judío, y Jesús, como está hablando con un experto en la Palabra de Dios le pregunta ¿qué dice la Biblia?, ¿qué dice la Ley?, y entonces este experto le cita el hermoso texto: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”.

Jesús en este encuentro con este hermano que le viene a hacer una pregunta que tiene una carga, una intencionalidad, primero se mantiene con esa sabiduría del que ama, no se asusta, se da cuenta que le están haciendo trampas, para tener un motivo para condenarlo, y aún así no hace daño, eso es lo que impresiona de Jesús, ama tanto que no hace daño.

Jesús es tratado de forma incorrecta pero no falta el respeto, frente a la pregunta capciosa, respeta de tal manera al otro que lo lleva a su propio campo, adonde él se siente seguro, y eso es maravilloso, eso da alegría. Hoy al leer este Evangelio le pedí al Señor el Espíritu Santo, para que me ayude a ver, y me mostraba esto, que respetuoso que fue Jesús, como no lo denigró, imagínense que fácil hubiera sido para Jesús denigrar a esta persona, increpándolo sobre la Palabra del Padre, tenía más que argumentos para basurearlo y dejarlo en ridículo por mal intencionado, solo con aplicarle la vieja Ley del Talión, ojo por ojo, y lo pulverizaba. 

Pero este buen Jesús está para salvar, este es Jesús, el que salva, su nombre lo dice, Jesús no viene a condenar, ¿cómo salva Jesús?: sirviendo, poniéndose a la altura del otro, amándolo, no le habla desde arriba, sino que le habla desde abajo, lo levanta al otro, no lo denigra. ¿Qué dice la Palabra?, ¿qué dice aquello de lo que vos sabés?, eso que te dio alegría en tu corazón, la Palabra de Dios, ¿qué te dice?. Y el otro le responde con la Palabra de Dios, le responde a Dios con la Palabra de Dios, y es que este hombre no sabía que Jesús es el Hijo de Dios, por eso también es que tenía mala intención frente a Dios, y en nombre de Dios está obrando al servicio del mal.

Sin embargo Jesús, respetando todo, lo va llevando, y lo llama, hace un llamado a su corazón, también le va a permitir una pequeña humillación, le va a permitir quedar un poco mal, no del todo bien ante los demás. Por eso Jesús, con la palabra justa, yendo a lo fundamental, y eso es otra de las cosas que me llamó la atención de este texto, cuando uno percibe que hay mala intención, mal voluntad, no hay que enojarse, pero tampoco hay que hablar demasiado; cuando hay maldad no hay lugar para poder sembrar, es como un terreno mal dispuesto, nadie siembra sobre un pedazo de asfalto, porque está duro y no entra la semilla. 

Entonces Jesús tiene que jugar con lo que tiene a mano, apela a la sabiduría y a la inteligencia del que ama, le hace responder para quedar justificado ante los demás, pero enseguida lo compromete a fondo, es Dios el que lo llama a la conversión, y le va a decir: “has respondido correctamente, haz eso y vivirás”. Miren que lindo, como el Señor lo invita concretamente a vivir lo que ha contemplado, no solo lo que le queda en la cabeza, no solo su maestría, su doctorado, su condición de servidor de la Palabra, no contentarse con algo que se contempla, que se enseña con ideas, sino que fundamentalmente él viva, porque ahí será realmente maestro de la Ley, cuando comprenda que amar no es usar al otro, sino servir a los demás.

Vemos como en el Evangelio el experto en la Ley tiene que justificarse, porque quedó en ridículo, y como todo el que obra mal, se tiene que justificar, porque en el fondo procedió mentirosamente, y la mentira trae mentira, así que siempre es complicado mentir, porque hace daño y complica.

Jesús es tan simple, tan libre, tan llano, tan directo, ¡es tan simple ser cristiano!, se lo es por la Gracia de Dios, por aprender a amar, por dejarse conducir por el Espíritu de Dios, es un don poder amar, y amar es el camino de la libertad; por eso Jesús nos cuenta la parábola del buen samaritano.

El hombre le pregunta: “¿y quién es mi prójimo?”, él está en el centro, ¿te das cuenta de la pregunta?, pero él tiene una razón, dice: “¿quién es mi prójimo?”; al terminar la parábola la pregunta va a ser al revés, Jesús le va a decir: “¿cuál de los tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los asaltantes?”, Jesús dio vuelta la pregunta, ya el acento no está en el yo, en quien está frente a mi, sino en como estoy yo frente a los demás. 

Jesús da vuelta el planteo y enseña el camino del amor, que es siempre servicio, siempre amar es salir de si, es un salir de los propios límites, por eso amar puede ser doloroso, y es riesgoso amar, hay que poner en juego muchas cosas para amar, hay que servir, y eso es todo lo contrario de pedir. El experto en la Ley le pregunta ¿quién es mi prójimo?, y la pregunta está basada en lo siguiente, en que para un judío el prójimo tenía una respuesta clara en la Ley: el prójimo es todo miembro del Pueblo de Dios, así podemos leer en el capítulo 20 del Éxodo, también en el capítulo 19 del Levítico.

¿Quién es mi prójimo?, todo miembro del Pueblo de Dios, esta es la idea establecida. Pero Jesús viene a hacer un agregado, viene a cambiar las cosas, viene a dilatar el corazón, hace un llamado al amor, dice que amar es abrirse, no es traer a mi medida a mi grupo, a mi sector, Dios no se reduce a un pueblo, Dios es para todos.

La propuesta de Jesús nos pone en una situación de universalidad, abierto a todo, pero ese abierto a todo tiene que pasar por situaciones concretas, entonces Jesús responde con un hermoso cuento, le cuenta un cuento, donde un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos asaltantes, pobre hombre, que después de despojarlo y de golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto.

Y caramba, cuánta gente está golpeada acá, herida, abusada, cuánta gente está olvidada, pisoteada, tirada al costado del camino, hay gente que está como esos papeles que apretujamos con las manos y abollamos porque ya no sirven, después que lo usamos bien, le pegamos una abollada y lo tiramos hecho un bollito en cualquier lugar, caiga donde caiga, ni nos interesa donde cae; en el mejor de los casos cae en un basurero, pero al fin y al cabo ha sido usado y tirado, ya no sirve. Cuanta gente vive la experiencia de no servir, de ser inútil, de haber dado tanto y de haber recibido tan poco reconocimiento, tan poca valoración. 

Muchos que tienen el oficio de acompañar a personas en la vida, los sacerdotes, psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales, evangelizadores, se encuentran a menudo con esta gente, sobre todo con los que viven la experiencia de hacer un servicio a la persona de manera gratuita, sin sueldo, más que profesionales serían personas que sienten un llamado, una actitud interior de hacer algo con su prójimo.

Y uno se encuentra con todo esto, es tan lindo ver las películas de la Madre Teresa de Calcuta, esta mujercita que tenía tanta capacidad de amor, esa capacidad de ir a la basura, al excremento humano, al despojo, allí donde ya la persona no sirve, entonces la tiran. 

Cuantos basureros hay en nuestra sociedad, donde la basura que contiene son personas que ya no son útiles. En nuestro mundo el concepto de utilidad tiene que ver con la capacidad de rendir, de ser eficaces, eficientes, de redituar. Nos hemos empobrecido, evidentemente, y por eso es que nuestro mundo es un mundo que reclama mucho de personas que amen, porque solo el amor puede restablecer la dignidad al que se siente usado, al que ya no sirve, al que ya no sirve.

Quizá por sentirse así ante una sociedad tan exigente, materialmente hablando, donde uno vale según cuanto puede lograr o cuanto puede tener, y una sociedad así produce mucha impotencia, produce mucha soledad, muchas ganas de no vivir. Hay mucha gente que no quiere vivir mas, porque no es útil, y eso se los digo como sacerdote. Seguramente ustedes han encontrado gente que se siente así, sobre todo cuando llegan a cierta edad, las personas mayores. 

A mi nunca me gustó mucho la idea de los hogares de ancianos, aunque son muy importantes, no lo digo con desprecio, la cuestión es que en esos hogares muchas veces hay personas que no debieran estar allí adentro, hay gente que no tiene familia, que lo tiene donde estar, ellos sí, son dignificados por la presencia de esos hogares. 

Pero es tan desgraciada nuestra sociedad de consumo, es tan lapidario nuestro mundo materialista, nuestro concepto sin Dios de la vida, que hasta los lugares de contención de los ancianos son espacio de negocios, son negociados, son lugares para lucrar, no todos, pero la gran mayoría de ellos son solo una cara mas de la sociedad de consumo.

Que lástima que a veces no tenemos el lugar suficiente en nuestras casas para contener a los ancianos, ya no sirven molestan, están quisquillosos, tienen muchos defectos, nosotros estamos muy ocupados, no tenemos tiempo para ellos, y en nuestra sociedad lo mas fácil es sacar un peso y pagar. Eso es lo que voy sacando como conclusión, que lo más fácil es sacar plata del bolsillo y pagar. Mientras haya para pagar no hay problema, se paga; puedo despotricar o renegar un poco, pero al final pago.

Más difícil es dedicarse a atender, a escuchar, a bañar al viejo o al enfermo, a acompañarlo, a curarlo, a rezar con él, a invitarlo, a alentarlo, eso es más difícil, para eso hace falta amor, es la única manera de que un hombre pueda sentirse dignificado: amando y siendo amado.

Por eso es que me parece tan sugestiva y tan para nosotros la Palabra de Dios para nuestro tiempo, esta parábola del buen samaritano es un reproche a nuestra tibieza, a nuestra huída del hermano. Cómo huimos del hermano, eso es preocupante, estamos disparándole al prójimo, eso me da tristeza.

Nuestro mundo es triste, y no porque no tengamos dinero o porque nos falte el éxito, es triste porque no tenemos el amor suficiente, tenemos poco amor, tenemos un amor interesado, un amor mezquino, que especula, un amor cargado y enviciado por nuestro egoísmo. Hace falta un amor de libertad, un amor maduro, por eso hace falta que abramos nuestras mentes y nuestros corazones y nos planteemos nuestra vida, que nos planteemos ¿como estoy yo frente a los demás?, por eso la pregunta ya no va a ser ¿quién es mi prójimo?, sino ¿quién es el prójimo del caído?.

A mi se me ocurrió hace unos días esta frase: “el paisaje desolador de la indiferencia me aterra”, veo una persona tirada en la calle después de un accidente y paso de largo, en lugar de alzarlo y llevarlo al hospital, claro, eso me compromete, que triste, no.

Pero eso es lo que le está pasando a nuestro tiempo y a nuestra cultura, y lo que mas me parece es que quienes debieran escuchar estas cosas, quienes debieran escuchar el Evangelio y escuchar a la gente cuando habla y comenta sus preocupaciones sobre este tema, de la manera impresionante en que lo hacen, porque realmente esas palabras son las que enseñan a vivir, las palabras del pueblo son las que enseñan a vivir a los dirigentes, yo como sacerdote me considero un dirigente pastoral, espiritual, seguro que soy un dirigente.

Y somos nosotros, los dirigentes sociales, políticos, profesionales, pastorales, los que tenemos que escuchar a Dios en el pueblo, y tenemos que abrir el oído, tenemos que hacer un cambio, somos nosotros los que tenemos que tomar decisiones que afectan al bien común. Todos los que tienen que ver con el bien común, de un modo particular en cuanto a responsabilidad, tienen una responsabilidad también de crecer en el amor, por eso tienen que crecer también en la captación, en el conectar con la realidad, en el escuchar, porque Dios habla en los sencillos, Dios habla en los simples.

Creo que esto es lo que está haciendo falta en nuestro país, un cambio en el corazón de la dirigencia, porque no se puede pensar en un cuerpo sin pensar en su cabeza, si la cabeza no se sana, no se aclara, la sociedad es un topo que rumbea para cualquier lado, porque la cabeza está enferma, y el cuerpo es uno solo, la sociedad es cuerpo y cabeza.

En nuestra sociedad parte de la crisis, del abandono, de la experiencia de la desolación, tiene que ver con esto de que la cabeza piensa para un lado y el cuerpo va para el lado opuesto, porque no hay comunión. Esta experiencia de falta de comunión habla de un vacío en el amor, en la capacidad de amor que tenemos, y esa falencia está en la cabeza, en nosotros, en la conducción, porque somos los primeros que tenemos que ir adelante, marcando el paso y dando testimonio, somos los que tenemos que dar la cara, los que tenemos que buscar al necesitado.

Esa experiencia entonces es suplida por los pequeños, por los brotes del voluntariado, los voluntarios que van a los hospitales, los que van a los barrios pobres, los que se comprometen en los comedores, y aunque les de asco la mugre, el mal olor o las borracheras de algunos hermanos, van y los asisten son como el Buen Pastor esos sencillos y simples que están en el Pueblo de Dios, que son ustedes.

Ustedes, esos pequeños grandes buenos pastores son los que nos enseñan a los que realmente debemos asumir ese rol a ejercer nuestro ministerio, nuestra identidad de servicio. Cuanto mayor es la responsabilidad, mayor debe ser la contemplación para comprender la gratuidad, mayor debe ser el espíritu de servicio, cuanto mas autoridad tengo, más tengo que dar el primer paso, más tengo que ir al frente, no puedo usar mi lugar y mi responsabilidad de servicio para ser generador de una cultura de la indiferencia y detrás de ella esconderme para sentirme bien, para enriquecerme, para estar seguro.

Hay que tener cuidado, el país entero debe reflexionar sobre esto, y no estoy pensando en otros, estoy pensando en mi. Tengo la tentación de pensar en otros porque es más fácil, pero tengo que pensar en mi; ¿cómo sirvo yo?. El sacerdote bajaba casualmente por aquel camino, y sepa que nada es casual en esta vida, todo sucede por una razón, eso es así en la realidad humana, no existe lo casual, todo en la vida es una causalidad, porque Dios está, piensa y permite la existencia de todo, aún de la indiferencia. Pero no la sostiene porque la desea a la indiferencia, sino porque respeta el mal uso de la libertad del hombre, la locura de no amar del hombre. Dios ama tanto al hombre que hasta le tiene una paciencia increíble, y Dios nos respeta, nosotros somos los generadores del odio, del desprecio, de la indiferencia, nosotros somos los flojos.

Tenemos que aprender a amar, no hay vueltas, póngale el título que quiera, póngale los profesionales que quiera, pero acá hay que amar, para eso hay que abrir la mente y el corazón, hay que escuchar, hay que conectar con la realidad.

El sacerdote, el que tenía que ofrecer el sacrificio del Pueblo de Dios, el que tenía que interceder ante sus hermanos, los hombres, con sus necesidades, el que tenía que elevar la necesidad de sus hermanos hasta Dios, ese, en el encuentro con el hermano, mira para el otro lado y se va.

Entonces, al verlo, dice la Palabra, y esto impresiona, porque cuando cae en la cuenta que allí hay un hombre caído, desvía el camino, se desvió y pasó de largo, como si fuera un camión cargado que viene por un camino en bajada, imposible frenarlo.

Y así pasamos a veces nosotros, los dirigentes, estamos tan cargados, que pasamos de largo, no atendemos las necesidades, estamos llenos de proyectos y sueños, pero todo eso está en nuestra mente, en nuestro propio mundo personal. Amar es salir de si, es conectar, amar es algo concreto, es encontrarse con la persona, no dispararle a la realidad, no sentarse en la silla del poder, sino bajarse y descalzarse.

Hoy escribí algunas cosas, pensando en el sacerdote y del levita que siguieron de largo, y me pregunté: ¿por qué siguieron de largo?, escribí varias palabras, ahora las comparto con ustedes para que también las considere, ¿tuvieron miedo?, ¿pereza?, ¿comodidad?, ¿por qué esa indiferencia?, ¿por qué ese individualismo?, ¿había cobardía?, ¿odio quizás?, ¿desprecio?, ¿o había dolor?, ¿por qué huyo del otro?, quizás a veces lo veo caído y sigo de largo porque hasta me da gozo verlo caído al otro, cuántas veces este sentimiento es el que anima nuestras relaciones, ¿por qué esa dureza de corazón?.

¿Por qué nos manejamos con esos criterios tan equivocados?, ¿cómo puede hacer tal cosa o tal otra, y no puede hacer esta?, ¿cuántas veces nos justificamos en no servir, en no aceptarnos?, estamos llenos de exigencias entre nosotros, pero no conectamos, es mas fácil justificarse, lo difícil es conectar, y eso es el amor, el amor es concreto, por eso el amor no tiene su dificultad afuera, en lo que hay que mirar, en lo que hay que conectar, la dificultad del amor es el egoísmo, la dificultad está adentro, en mi corazón.

En mi propio mundo interior es donde tengo que derribar la comodidad, la cobardía, el individualismo, el odio el desprecio, todo eso está adentro, amar es entrar adentro, no solo es abrir el corazón, es entrar adentro, porque para abrir el corazón hay que entrar y abrirlo desde adentro, para ir vaciándolo, porque si no lo vaciamos, no conectamos con el hermano necesitado.

Al fin aparece un samaritano, que era un extranjero, alguien que no tenía amistad con nadie, que no tenía a nadie conocido, alguien indiferente en el hecho cultural, en el hecho social, no se trataban, no se podían ver, había viejas historias entre los dos pueblos, y es un extranjero, que al pararse, al conectar con la necesidad de la persona que está tirada, quiebra la distancia y la barrera, destruye y pulveriza el paredón que separaba a los dos pueblos.

El buen samaritano es Cristo que ama, que viene al encuentro de toda persona.

El buen samaritano es el Cristo que está en cada uno de nosotros, cuando amamos, cuando conectamos, cuando respetamos al otro, cuando nos acercamos, cuando no nos dejamos vencer por la distancia, cuando cambiamos la pregunta ¿quién es mi prójimo?, para entender la pregunta que hace Jesús: ¿quién es prójimo del caído?.

Es que hay que estar al servicio, hay una necesidad muy grande en nuestro mundo de testigos, y los testigos son los que se saben tocados por la misericordia de Dios, y creo que el mundo de hoy se va a restaurar por la experiencia de la misericordia, y la técnica y todo lo demás serán siempre solamente instrumentos, y las estructuras serán simplemente posibilidades, mientras no haya una experiencia de misericordia, si yo no comprendo que el Señor ha sido bueno, gratuito conmigo, que me amó y que se entregó por mí, como dice Pablo, entonces no voy a poder realmente conectar con la verdadera necesidad de mi mundo y de mi tiempo.

Es a partir de la experiencia de sabernos rescatados, que nosotros podemos rescatar a los demás.

En una oportunidad, hace muchos años, en Argentina surgió un movimiento de servicio muy lindo, no lo inició un sacerdote, lo inició un laico, hablo del Servicio Sacerdotal de Urgencia, un laico hizo nacer el Servicio Sacerdotal de Urgencia en la Argentina, era un médico, en Buenos Aires. Este médico buscó desesperadamente un sacerdote que asista a su padre que estaba muriendo, porque era creyente y pedía la presencia de un sacerdote, y no encontró a ningún sacerdote, y se murió sin la asistencia sacramental, para un bautizado, para un cristiano, esto es muy, pero muy importante.

Y este cristiano, en vez de llenarse de odio, en vez de dejarse vencer por la impotencia, aunque sentía profundo dolor, se sobrepuso, seguramente fue un hombre de fe y de oración, de fe coherente, y esa fe lo hizo eficiente para el bien, y así fue como un médico laico, a partir de la experiencia de ver morir a su padre sin asistencia espiritual, fue el promotor y el iniciador del Servicio Sacerdotal de Urgencia en Buenos Aires, que se desparramó en muchos lugares por toda la Argentina hasta llegar hoy a que existe una Federación de Servicios Sacerdotales de Urgencia, como lo tenemos en Paraná y en Santa Fe.

Yo tuve la gracia de ser el iniciador del servicio en Paraná, pero claro, para mi es mas fácil, yo soy un sacerdote, pero para un laico, el amor da fuerza, el amor transforma, el amor dignifica, el amor es lo que hace falta.

Oremos y pidamos mucho al Señor para que madure el voluntariado en la Argentina y para que se despierte la conciencia de la gratuidad, para que comprendiendo que no tenemos derechos sino que tenemos el deber de amar, podamos entonces despertar la vida, la comunidad y la dignidad en nuestra patria.