El papel de las mujeres en la Iglesia

miércoles, 18 de octubre de 2023
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18/10/2023 – La hermana Mariana Zossi, religiosa dominica tucumana, se refirió al ministerio de las mujeres en las comunidades paulinas del primer siglo del cristianismo. La presidenta de la Asociación Bíblica Argentina recordó que “el bautismo va mucho más allá de lo ritual que es un acontecimiento con un profundo sentido en la vida de los creyentes, que supera en mucho la metáfora del revestirse. El bautismo confiere a los fieles una dignidad particular ante Dios, que se sobrepone a todas las diferencias sociales y naturales, sin por ello anularlas. Nadie deja de ser judío, ni pierde su ascendencia pagana, pero nada de esto impide la comunión entre los cristianos y la unión de las comunidades. La afirmación paulina de que en Cristo no hay ni judío ni griego expresa esta realidad. Las diferencias sociales no se nivelan, pero cuando se reúnen con los otros fieles todos se consideran hermanos, hijos de un mismo Padre, participantes de la mesa del Señor que los convocaba”.

“¿Qué sentido puede tener el decir que en Cristo no hay ni hombre ni mujer? Hay que descartar una comprensión literal que pretenda anular las diferencias biológicas dadas por la naturaleza. Los textos que examinaremos muestran el nivel en el que las diferencias entre el hombre y la mujer convergen en un punto común: la profecía, el diaconado y el ser apóstol. Hay que suponer que en la reunión litúrgica los creyentes participan en forma activa en la primera carta a los Corintios en el capítulo 14. En este clima de entusiasmo y creatividad hay lugar también para una oración en voz alta, para una proclamación de la palabra en nombre de Dios. Todos los fieles están invitados a contribuir a la alabanza comunitaria, sin distinguir los hombres de las mujeres. Por su origen, el culto cristiano estaba mucho más influenciado por la tradición de Israel que por la oferta multiforme de la religiosidad pagana”, destacó la Zossi.

“En Romanos 16, Pablo presenta a Febe como una hermana y diaconisa de la Iglesia de Cencreas. Pero, ¿quién era Febe? Pablo la llama diákonos que hemos traducido como diaconisa, porque el término griego tiene la misma forma en masculino y en femenino. Hay elementos suficientes para precisar el carácter del diaconado. La ciudad de Corinto, debido a su posición geográfica, tenía dos puertos. Uno estaba abierto al este y recibía a todos los viajantes que venían de Asia Menor: el puerto de Cencreas. El otro puerto, que distaba unos 11 kilómetros, era el de Corinto, abierto al oeste, para todos los que querían viajar a Roma y a las otras ciudades ubicadas al oeste del imperio. En una ciudad portuaria como era Cencreas, la tarea de la diaconisa Febe debía ser la de albergar a los cristianos llegados de los puertos de Asia Menor, y organizar el recorrido hasta la ciudad de Corinto. En el caso de que no se quedaran allí, tenía que asistirlos hasta que pudieran tomar una embarcación para seguir viaje hacia otros destinos, como Sicilia o Roma. Para cumplir esta labor, Febe tenía que disponer de medios económicos, habitar en una vivienda con el suficiente espacio, y poseer capacidad organizativa para recibir a los forasteros y proveer sus necesidades”, dijo la consagrada.

“Y en Romanos 16, Pablo menciona a Junia, compatriota y compañera de prisión, y la subraya como una mujer ilustre entre los apóstoles. La creatividad de Pablo se muestra en los rasgos propios de cada una de sus cartas. Entre los muchos motivos por los que la Carta a los Romanos se distingue de todas las otras está la larga lista de saludos en el capítulo 16. A pesar de que el Apóstol nunca había estado en Roma, conoce a muchas personas que habían colaborado en su obra y siguieron manteniendo con él un fuerte lazo de amistad. Es sorprendente la cantidad de mujeres que aparecen en esta lista”, cerró la hermana Mariana.