“La guerra es muy dolorosa”, afirmó monseñor Ariel Torrado Mosconi tras visitar Ucrania

sábado, 28 de mayo de 2022
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28/05/2022 – El obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi, visitó Ucrania en medio de la guerra que vive ese país de Europa del este, donde se reunió con el arzobispo mayor greco católico ucraniano, monseñor Sviatoslav Shevchuk. Luego de su paso por Portugal, donde visitó el santuario de Nuestra Señora de Fátima, y de participar de unos días de reflexión e intercambio con obispos de distintas partes del mundo en la ciudad portuguesa de Sintra, monseñor Torrado Mosconi partió hacia Varsovia, donde se encontró con el embajador ucraniano en Polonia, que le ofreció una insignia como signo de amistad con Ucrania y hablaron sobre la dolorosa situación que atraviesa la región. Desde allí, el obispo partió hacia Ucrania, donde colaboró con la ayuda humanitaria en el paso fronterizo de Medyka, para luego dirigirse a Kiev, donde mantuvo un encuentro con mosneñor Schevchuk, quien formó parte de la Conferencia Episcopal Argentina. Durante la reunión, Torrado Mosconi renovó el compromiso, acompañamiento y oración de la Iglesia argentina en este momento de dolor a causa de la guerra. “El cardenal Eduardo Pironio y su figura es muy conocida en Polonia. Lo pude notar durante mi estadía en ese país, donde se me invitó a llegar hasta Ucrania llevando alimentos y medicinas”, comenzó diciendo el prelado de la provincia de Buenos Aires. “La guerra siempre es dolorosa. Se nota el nerviosismo y los temores de todos por estar en un conflicto bélico, eso es lo que noté. En cada uno de los puestos militares que recorrimos desde la frontera polaca-ucraniana hasta la ciudad esto estuvo muy presente, haciendo larguísimo el recorrido de unos 300 kilómetros. También destaco que Polonia recibió más de 3 millones de ucranianos que huyeron de la guerra, un tercio de los que salieron desde que inició la guerra. Eso es una enormidad. Las familias polacas abren sus hogares a los desplazados, pero a medida que la guerra continúa este tipo de gestos se complica”, añadió Torrado Mosconi.

“Por diversas circunstancias, la Divina Providencia me ha permitido tener una relación muy estrecha con Polonia. Varios sacerdotes polacos colaboran en la diócesis de Nueve de Julio, algunos desde hace muchos años, habiendo gastado sus vidas sirviendo al pueblo de Dios que peregrina en estas pampas bonaerenses. Pero además, el vínculo con mi diócesis fue acrecentándose en estos años por varios proyectos de intercambio y ayuda que estamos llevando adelante En los últimos meses la situación de la guerra llevó a un fuerte compromiso de Polonia con el pueblo ucraniano, recibiendo a más de tres millones de refugiados. Ellos me invitaron a acompañarlos en una misión de ayuda humanitaria a las zonas más afectadas de Ucrania. Su invitación era para mostrar cómo la realidad ‘sacrílega’ de la guerra no solo afecta a los países vecinos sino al mundo entero. La asociación que me invitó se llama ‘All brothers’ y muestra que, tal como nos enseña el papa Francisco en Fratelli tutti, todos debemos sabernos y sentirnos hermanos, no importan las distancias geográficas ni culturales”, detalló. “Por las responsabilidades en mi diócesis la visita será por muy pocos días, apenas lo suficiente como para tener una experiencia directa de la realidad del sufrimiento de la gente y poder hacer un gesto simbólico de cercanía y solidaridad con las víctimas de la guerra”, aclaró el prelado.

En referencia a su encuentro con monseñor Schevchuk, relató: “He tenido la ocasión de visitar y estrechar un abrazo fraterno al arzobispo mayor de la Iglesia Greco Católica Sviatoslav Shevchuk, que fue miembro de nuestra Conferencia Episcopal Argentina, quien me manifestó su consuelo y gratitud al sentir la cercanía de todos los obispos argentinos con su ayuda y oración. Me transmitió lo importante que es la palabra de acompañamiento de los pastores para los fieles ucranianos que forman parte de la Iglesia católica que son una minoría en el país ante una gran mayoría de cristianos ortodoxos”. “He podido recorrer en las periferias de Kiev las zonas más afectadas y contemplar de manera directa la destrucción que produce la barbarie de la guerra. Tal como dice el Papa, la gente común paga en su piel la locura de la guerra”, consideró. “Valoro sobre todo haber tenido la posibilidad de tomar contacto personal con algunas víctimas y orar con ellas. Llevo grabado en mi memoria tantos rostros de niños y ancianos marcados por el sufrimiento y la crueldad de la guerra”, lamentó el obispo bonaerense.

He podido experimentar en carne propia la zozobra e inquietud que se vive cuando el sueño de la noche es interrumpido por las sirenas de las alarmas. Lo triste que es ver las esquinas y las entradas de cada pueblo con trincheras y protecciones ante la amenaza del ingreso de los tanques de guerra. El silencio que se produce en las ciudades después del toque de queda. Los trastornos y consecuencias que puede dejar la guerra en todos los afectados son siempre imprevisibles. Recemos para que los enemigos vuelvan a la amistad, el perdón venza el odio y la indulgencia a la venganza”, exhortó. Finalmente, consideró que “también nosotros desde la Argentina podemos hacer mucho por la martirizada Ucrania a través de nuestra oración, cercanía espiritual y ayuda solidaria. Pero además tenemos que vivirlo como una oportunidad para educar para la paz en nuestro país. Insistir en la importancia del diálogo para la solución de los conflictos y desterrar de nuestros niños y jóvenes la cobarde tentación de la violencia. Recordar las palabras del papa Francisco que hace falta más valor para la paz que para hacer la guerra. Todos somos hermanos y la violencia fratricida, presente desde el origen de la humanidad, ha regado la tierra de sangre inocente que sigue clamando a Dios por la paz y la justicia. Ojalá que sepamos escuchar el llamado del papa Francisco a sabernos y reconocernos todos hermanos”.

En la ciudad ucraniana de Leópolis, ya regresando hacia Polonia, he conocido a un grupo extraordinario de personas que están dejando su vida para rescatar a los niños víctimas de la guerra. En medio de las ciudades devastadas en la región de Donieck una consagrada llamada Julia Natalia Fliak recorría las calles tratando de auxiliar a las personas. Al ver la cantidad de niños necesitados de auxilio fue a suplicar que le prestaran algún minibús para recogerlos. La situación era caótica y ya no había móviles disponibles. Ante la insistencia de la religiosa una persona puso a su disposición lo único que tenía: un carro fúnebre. La religiosa salió entonces a recorrer las calles en ese curioso móvil salvando la vida de una veintena de niños. Es entonces cuando junto a algunos laicos comenzaron a crear hogares familia para alojar hasta 12 niños en cada una de esas casas mientras se consigue dar con sus padres y demás familiares, o eventualmente luego de hacer todos los trámites pertinentes, comenzar con los procesos de adopción. Vale la pena aclarar los cuidados que se deben tener frente a inescrupulosos que pueden ver la ocasión para el robo de niños y el tráfico de personas. Éstas, y otras tantas historias parecidas, nos muestran cuáles son los verdaderos héroes de la guerra”, graficó monseñor Torrado Mosconi. “También traje grabado en mi corazón los destrozos que produce la guerra en la vida concreta de las víctimas inocentes. Como el de Tatiana, una señora de unos 60 años de Irpin, del barrio de Dmitrivka, en las periferias de Kiev, con rostro de dolor y ojos transparentes, con voz serena y firme me relata su experiencia al sentir que había perdido todo cuando su casa fué bombardeada. Ella se escondió en un pequeño sótano y permaneció allí durante varios días. Sin agua, sin alimentos. Sin luz ni nada para calentarse. Los socorristas intentaron por todos los medios convencerla de ser trasladada a un lugar más seguro pero ella afirma que no va a abandonar ni su casa ni su barrio”, indicó el prelado argentino.