31/01/2026 – La devoción a la Virgen María atraviesa la historia y la identidad espiritual de América Latina como un hilo profundo y luminoso. Desde México hasta la Patagonia, María es madre cercana, consuelo en el dolor y esperanza para los pueblos que han sabido rezar en medio de la alegría y la dificultad.
Su figura no aparece lejana ni solemne, sino encarnada en la cultura popular, en las fiestas patronales, en las peregrinaciones y en la fe sencilla transmitida de generación en generación.
En Panamá, la Virgen ocupa un lugar central en la vida religiosa y cultural, especialmente a través de Santa María la Antigua, patrona del país.
Su devoción, una de las más antiguas del continente, acompaña la historia panameña desde los primeros tiempos de la evangelización. Cada celebración en su honor es un signo de unidad nacional: María es protectora del pueblo, intercesora en los momentos difíciles y presencia maternal que acompaña la construcción de la vida cotidiana.
Al respecto, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo Metropolitano de Panamá relató: «Nuestra madre, que en cada uno de nuestros países la veneramos con un nombre, incluso con un rostro en Panamá, desde hace 512 años. Ella es la buena madre que nos ha acompañado, Santa María la Antigua, que tiene una historia hermosísima, tal como lo has dicho, cuando en España se inicia la evangelización en América, la devoción a Santa María de la Antigua viaja en los corazones de quienes parten al nuevo mundo. Para muchos, ella era la madre que protegía la travesía y abría camino.No había ningún navegante que se lanzara a esta gran aventura sin antes orar ante la imagen de Santa María la Antigua que está en la catedral de Sevilla».
Monseñor Ulloa Mendieta también destacó que «igual que nos dice en Gálatas, en la plenitud de los tiempos, Dios irrumpió en el mundo a través de una mujer. Cuando inició el proceso de evangelización en tierra firme, también lo hizo a través de de una mujer, de María en esa advocación de Santa María la Antigua».
En Puerto Rico, la fe mariana se expresa con particular ternura en la devoción a Nuestra Señora de la Divina Providencia, patrona de la isla.
Para el pueblo puertorriqueño, María es refugio seguro frente a las adversidades, especialmente en tiempos de crisis, migración y sufrimiento. Su imagen está presente en hogares, parroquias y santuarios, como un recordatorio constante de que Dios no abandona a su pueblo y camina con él a través de la mirada maternal de la Virgen.
Sobre esta advocación, el padre Leonardo Rodríguez, encargado del Santuario Nuestra Señora de la Providencia en Puerto Rico contó que «el cardenal del Ponte Martínez le dijo el Papa Pablo VI que éramos el único país de América Latina que no teníamos una patrona oficialmente hablando. EL cardenal Ponte Martinez le dijo al Santo Padre, con un tono un poquito drámtico, «somos huérfanos» y el papá se quedó asombrado. El Papa Pablo VI le dijo al Cardenal que lo hablaría con los demás obispos de Puerto Rico y con el gobernante de aquella época y si todos estaban de acuerdo designaría a Nuestra Señora de la Divina Providencia como patrona de Puerto Rico y asi lo hizo».
Queda claro que las advocaciones marianas en Puerto Rico y Panamá no son solo expresiones de piedad, sino verdaderos signos de identidad y esperanza para sus pueblos. En cada imagen, en cada fiesta y en cada oración, María se hace cercana y camina junto a quienes confían en su intercesión. Esta devoción, tan arraigada en toda América Latina, sigue uniendo generaciones y sosteniendo la fe en medio de las alegrías y las dificultades. Bajo distintos nombres, la Virgen continúa siendo madre, refugio y guía, recordándonos que Dios nunca abandona a su pueblo y que la fe compartida sigue siendo un camino de encuentro y de vida.