02/04/2025 – Junto a Nicolás Mondino, profesor en Ciencias Sagradas y Magister en Relaciones Internacionales, iniciamos un espacio para conocer y profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia. En el tercer episodio se refirió a la reflexión que propone la Doctrina Social en el ámbito de la comunidad política y su visión sobre la autoridad y la democracia.
La política no es simplemente una cuestión de partidos o campañas electorales, sino un ejercicio cotidiano de convivencia y construcción colectiva. En este sentido, Nicolás recordó la enseñanza aristotélica del ser humano como zoon politikon: “Si uno considera esta perspectiva del ser humano como ser social, no podemos ser apolíticos”. La política, entendida desde la Doctrina Social de la Iglesia, no es solo un mecanismo de poder, sino una expresión de la comunidad orientada hacia el bien común.
Uno de los pilares fundamentales de esta concepción es el respeto por la dignidad de la persona humana. “El fundamento y el fin de la comunidad política deben estar siempre en la dignidad de la persona”, remarcó Nicolás, destacando que cualquier forma de organización social debe garantizar el desarrollo integral de cada individuo en armonía con los demás. Esto nos lleva a la necesidad de abordar los desafíos de la convivencia, aceptando que el conflicto es parte de la naturaleza humana. “Estamos atravesados por el pecado, lo que nos hace fallar, pero la Iglesia nos da herramientas para ir más allá de las diferencias”, explicó.
Otro punto clave en la reflexión sobre la política desde la fe es la autoridad. A menudo, esta palabra se confunde con autoritarismo, pero su significado real es muy distinto. “La auténtica autoridad es la que hace crecer a los demás”, aclaró Nicolás, resaltando que el poder sin autoridad legítima se convierte en tiranía. Jesús mismo es el ejemplo máximo de autoridad, no porque impusiera su voluntad, sino porque su palabra tenía un valor transformador: “Lo escuchaban porque hablaba con autoridad”.
Finalmente, la democracia se presenta como el modelo que mejor refleja los principios cristianos en la organización social. Aunque sus orígenes se remontan a la Grecia antigua, Nicolás explicó que “no podemos entender la democracia sin el aporte fundamental del cristianismo, porque al realzar la dignidad de la persona humana, se pone en evidencia la igualdad de todos”. Este reconocimiento de la dignidad y la participación de cada individuo es lo que hace que la política, lejos de ser ajena a la fe, sea un espacio de expresión y compromiso cristiano.
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