Riquezas de la espiritualidad cristiana

miércoles, 7 de septiembre de 2022
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07/09/2022 – En el nuevo ciclo sobre “Riquezas de la espiritualidad cristiana”, el padre Juan Ignacio Liebana, párroco en Campo Gallo (Santiago del Estero) y rector del Santuario de Huachana, presentó el espacio. “En este espacio iremos descubriendo algunas notas específicas de la espiritualidad cristiana, vividas y explicadas vitalmente por la persona de algunos santos. Ellos nos irán mostrando, en sus vidas, escritos y en la misión que han vivido en la Iglesia, algunos rasgos del misterio cristiano. De este modo, iremos enriqueciendo nuestra propia espiritualidad y, con la ayuda del Espíritu Santo, iremos haciendo nuestras algunas de sus intuiciones y propuestas de vida. En este primer encuentro, haremos una introducción general al misterio de la santidad en la Iglesia y a su aporte original al Pueblo de Dios. Intentaremos percibir algunos puntos claves para vivir el llamado universal a la santidad, para sentirnos nosotros convocados también a dar una respuesta propia y original a esta vocación universal a la santidad”, dijo el padre Juani.

La espiritualidad se parece a la humedad y al agua que mantiene empapada la hierba para que esté siempre verde y en crecimiento. El agua y la humedad del pasto no se ven, pero sin ellas la hierba se seca. Lo que se ve es el pasto, su verdor y belleza, y es el pasto lo que queremos cultivar, pero sabemos que para ello debemos regarlo y mantenerlo húmedo. Con esta sencilla parábola, un obrero me explicaba lo que era para él su vida cristiana. El pasto, la hierba, es el quehacer de la vida de las gentes. Es el conjunto de sus ideales y proyectos constructivos, altruistas y significativos: la lucha por la justicia y por los pobres, como ideal religioso o socio-político; una profesión, un trabajo, una carrera científica al servicio de los demás; el arte y las formas de cultura; en fin, un objetivo que engloba la vida y orienta el quehacer. Esta agua se traduce para nosotros como motivaciones, inspiración para trabajar, luchar, sufrir, vivir sin egoísmo y también morir de manera digna y humana. Todo ser humano tiene alguna inspiración y motivación en su vida, y cuando esta motivación es densa e idealista, cuando es experimentada como “motor” y como fuente de agua permanente, la denominamos mística. La diferencia entre la mística y la simple motivación inspiradora, es que la mística, por su fuerza y densidad, es capaz de arrancar del egoísmo y entregar a una tarea, un compromiso superior al mezquino interés personal. La mística es un gran ideal e inspiración que neutraliza los ídolos del egoísmo que se apoderan, de manera siempre nueva, de las motivaciones del corazón humano…La fuente de toda mística es una experiencia. La fidelidad a las grandes causas, los compromisos auténticos, se verifican porque forman parte de una experiencia creciente y permanente. La espiritualidad es la motivación que impregna los proyectos y compromisos de vida, tanto espectaculares como ordinarios, importantes o cotidianamente oscuros. Esto lo dice el sacerdote chileno Segundo Galilea”, afirmó Liébana.

“Por tanto, la espiritualidad es más que una simple motivación. Se trata, más bien, del agua que empapa y da vida a todas nuestras acciones, la que les da un sentido, un por qué y un para qué. La espiritualidad se renueva y se fundamenta en una experiencia, no en una idea, ni en un deseo, ni en una teoría. La experiencia fundante marca la vida y le da un sentido nuevo y totalizador. La espiritualidad es, por tanto, el dinamismo del amor que el Espíritu infunde en nuestros corazones e impregna toda nuestra vida. Ser una persona espiritual consiste en ser y vivir según el Espíritu Santo, en dejarse llevar por la dinámica de amor del Espíritu. ¿Y qué es lo propio del Espíritu?: Sin duda, lo más auténtico del Espíritu es la continua salida (éxtasis) de sí mismo, la continua donación de amor. La persona espiritual, bajo el impulso del Espíritu, está en una constante donación de sí misma. Su centro es el otro y el Otro. ¿Qué alimentará entonces nuestra espiritualidad? ¿Cómo la podremos hacer crecer? Todo aquello que nos lleve a salir de nosotros mismos, según el dinamismo del Espíritu, será lo que alimente nuestra espiritualidad. Tanto la oración como las obras de caridad, en la medida en que nos van sacando de nosotros mismos para centrarnos más en el prójimo y en Dios, nos harán más espirituales”, indicó.