13/05/2026 – Éstas eran algunas de las palabras del arzobispo de Córdoba, Cardenal Ángel Rossi, en un encuentro realizado en la Catedral de Córdoba junto a cooperativas de cuidacoches. En este encuentro el prelado pidió rechazar la criminalización de la pobreza y promover caminos de integración, cercanía y dignidad para los trabajadores de la economía popular.
La reunión estuvo marcada por la escucha, la oración y un fuerte llamado a reconocer la dignidad de quienes viven del trabajo informal. Ante hombres y mujeres que diariamente trabajan en las calles de Córdoba para sostener a sus familias, Rossi expresó que la Iglesia no puede permanecer indiferente frente a la exclusión social ni frente a las miradas que reducen a estas personas a prejuicios o estigmas.
Inspirado en el pensamiento del Papa Francisco, el arzobispo remarcó que muchas veces estas tareas nacen de situaciones de extrema vulnerabilidad y cuestionó las respuestas que buscan únicamente prohibir o sancionar.
“La Iglesia sostiene una fuerte oposición a las leyes que buscan solamente prohibir”, expresó. Y agregó: “No hay derecho a manosear la dignidad de un trabajador”.
Uno de los momentos más fuertes del encuentro llegó cuando defendió explícitamente el valor del trabajo de los presentes: “Es un trabajo tan digno como ser médico, como ser cura o como ser presidente. La dignidad no la da el tipo de trabajo, sino el amor y el sacrificio que uno pone en lo que hace”.
Durante su mensaje, Rossi insistió en que la respuesta social no puede limitarse a quitar de circulación aquello que incomoda visualmente.
“El problema no es algo suelto; el problema está en el rostro de cada uno de ustedes”, sostuvo. Por eso pidió avanzar en caminos de integración, regularización y acompañamiento, donde el Estado, la Iglesia y la sociedad puedan trabajar juntos.
El arzobispo también reconoció que detrás de muchas historias aparecen heridas profundas, adicciones, sufrimientos y contextos de exclusión. En lugar de condenar, invitó a tender puentes y generar oportunidades.
En ese clima de confianza, varios trabajadores tomaron la palabra para compartir sus testimonios. Agradecieron sentirse escuchados y reconocidos, hablaron de las largas jornadas bajo el frío o el calor y de la necesidad de llevar un sustento a sus hogares.
“Estamos en tiempos difíciles, pero acá estamos”, expresó una de las trabajadoras presentes. Otro de los integrantes de las cooperativas señaló: “La Iglesia fue la primera que salió a defender nuestra fuente de trabajo”.
Hacia el final del encuentro, el sacerdote Padre Melchor López, referente de la Vicaría de los Pobres de la Arquidiócesis de Córdoba, destacó el valor simbólico y espiritual de lo vivido dentro de la Catedral.
“Lo más fuerte es escuchar al obispo decir que esta es la casa de los naranjitas”, afirmó.
Además, invitó a toda la sociedad a abandonar las generalizaciones y recuperar la dimensión del encuentro personal. “Las generalizaciones impiden el encuentro. Hay que mirar a la cara, preguntar el nombre y conocer la realidad de cada persona”, expresó.
Antes de impartir la bendición final, Rossi recordó que Jesús también conoció la pobreza, el rechazo y el sufrimiento. “Si hay alguien que conoció parte de las cosas que ustedes viven, sepan que Jesús, la Virgen y San José supieron muy bien de esas penas”, dijo emocionado.
El encuentro concluyó con una oración a la Virgen María y con un gesto que sintetizó el espíritu de la jornada: la Catedral abierta como casa de todos, especialmente de quienes más necesitan ser reconocidos, escuchados y acompañados.