13/01/2026 – El 14 de marzo de 2025 fué crítico para el patrimonio histórico de San Salvador de Jujuy. Intensas lluvias provocaron el colapso parcial de un muro lateral superior en la Catedral Basílica del Santísimo Salvador, un edificio cuya estructura principal está compuesta por muros de adobe de casi dos metros de ancho. Ante el riesgo edilicio, el obispado determinó el cierre preventivo del templo, trasladando las actividades litúrgicas a una carpa instalada en el atrio y a capillas cercanas.
La emergencia dio lugar a una intervención científica. Un equipo interdisciplinario de científicos del CONICET y profesionales de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) unificaron sus esfuerzos para realizar un diagnóstico profundo de la iglesia matriz. El Padre Manuel Alfaro, párroco de la institución, destacó la relevancia de este trabajo conjunto: «Se tomó una intervención científica inédita; el CONICET siempre trabaja solo y la Universidad por otro lado, acá se han unido. Me parece que ha sido un milagro».
Los estudios técnicos, que incluyeron cateos para medir la humedad y estabilidad de los muros, han arrojado descubrimientos sorprendentes sobre la historia de la provincia. Durante las investigaciones en los pisos y detrás de los retablos, los científicos hallaron restos del piso original de cerámica y una pintura de la Transfiguración, que se encontraba oculta. Según explicó Alfaro, los especialistas estiman que la obra podría datar del siglo XVII, resaltando que «allí está toda la historia de Jujuy adentro de la Iglesia Catedral».
La recuperación del templo se ha dividido en tres etapas claras. La primera, el diagnóstico técnico, concluyó en diciembre pasado con la entrega de un informe de 500 folios. La segunda etapa, que iniciará entre febrero y marzo de 2026, consistirá en un proyecto integral de restauración y apuntalamiento. Alfaro precisó que, para mantener la autenticidad, los expertos incluso recolectaron la tierra caída del derrumbe: «Ellos nos explicaban que hay que colocar la misma tierra; hay que usar el mismo barro para formar el adobe y fortalecer las paredes».
El proceso de puesta en valor, que constituye la tercera fase, dependerá de la disponibilidad de fondos. La comunidad parroquial ha iniciado campañas de recaudación, incluyendo bonos contribución, para costear tanto el mantenimiento de la carpa actual como las obras definitivas. El párroco subrayó que esta es una tarea colectiva que trasciende lo religioso: «Esto tiene que ser un trabajo integral de la gente que cree y la que no cree. La que no cree porque acá tiene su historia y la que cree porque acá vive su fe».
Aunque no hay una fecha definitiva para la reapertura, las autoridades esperan que los trabajos de consolidación interna permitan, en un futuro cercano, devolverle el esplendor a un edificio que es símbolo de la identidad jujeña. Mientras tanto, la vida parroquial continúa activa bajo la carpa del atrio, manteniendo el vínculo con los fieles. Como recordó el Padre Alfaro citando una máxima de paciencia: «Sin prisa y sin pausa. Tenemos que poner en práctica esto para abrir esta iglesia, que es la casa de todos».
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