Día de la Seguridad Vial en el Tránsito en Argentina

miércoles, 10 de junio de 2026

10/06/2026 – Cada 10 de junio se conmemora el Día de la Seguridad Vial en el Tránsito en Argentina. A pesar del esfuerzo de las autoridades con controles permanentes, gran parte de la ciudadanía parece ignorar el peligro, prescindiendo del uso de cascos o cinturones de seguridad.

Todos los días los diarios registran las noticias que más venden: los siniestros viales. Sin embargo, no suelen ser las más conmovedoras; los muertos en el tránsito no nos “llegan”. Se los considera lejanos, bajo la falsa creencia de que son cosas que les ocurren “a otros”.

Nadie al subir a un automóvil experimenta el miedo que muchas veces se siente al despegar dentro de un avión, y difícilmente se cree que cualquiera puede sufrir un impacto en el momento menos pensado.

La gente sigue sin ponerse el casco diciendo: «no creo que me pase a mí… y así estamos». Para desarmar estos mitos y entender la gravedad de la situación, dialogamos con Guillermo Pacharoni, abogado especialista en siniestralidad vial , titular de la Fundación Visión Cero y coordinador de la Fundación Estrellas Amarillas.

La magnitud del problema en el país se traduce en estadísticas que impactan, pero que a menudo se naturalizan como simples números. Pacharoni detalla que, en lo que va del año, Argentina registra más de 2.000 víctimas fatales, de las cuales casi 170 corresponden únicamente a la provincia de Córdoba. No obstante, el especialista invita a mirar más allá de las planillas: «Los datos estadísticos no dicen nada porque en definitiva que yo te cuente que Córdoba, solamente en la provincia de Córdoba ya se han muerto casi 170 personas en lo que va del año… Son números. Parecieran que si yo te dijera 2.000 o 3.000 o 1.000, pareciera que fuera lo mismo. Pero vuelvo a decir, atrás de cada uno de esos números hay una mamá que está llorando hoy. Hay una Navidad que hay una silla que va a estar vacía. Eh, hay una tristeza y un dolor de algo que de la forma en la que estamos tratando de prevenir claramente es absolutamente insuficiente porque primero ponemos el foco en el ser humano en la culpa».

De acuerdo con el titular de Visión Cero, la sociedad civil no reclama el derecho a circular de forma segura en la vía pública con la misma vehemencia con la que exige respuestas ante la inseguridad criminal, aun cuando el riesgo de morir en el tránsito es tres veces mayor que el de ser víctima de un homicidio doloso. «En Argentina se mueren 14 personas por día todos los días. Esto significa que en Argentina hay un bolillero donde están los 48 millones de numeritos adentro y todos los días se sacan 14 bolillas de ese bolillero. La única forma en la que vos tenés de salirte de ese bolillero es darte cuenta, pero no racionalmente, sino empezar a sentirlo en el cuerpo mientras vayamos creando un sistema social que implique seguridad para todos».

Uno de los factores que más inciden en la gravedad de los impactos es el exceso de velocidad. Socialmente existe una tendencia a acelerar bajo la creencia de que se acortan significativamente las distancias, algo que Pacharoni desmiente apelando a las leyes de la física. En trayectos urbanos estándar de 10 kilómetros, aumentar la velocidad de 50 km/h a 60 km/h solo reduce el tiempo de viaje en apenas 120 segundos (2 minutos). Sin embargo, el riesgo no se duplica, sino que se eleva al cuadrado debido a la masa en movimiento. Al analizar quiénes son los principales protagonistas de esta violencia vial, el especialista aporta una perspectiva de género respaldada por los registros judiciales y estadísticos: «La cultura del exceso de velocidad es algo mundial, no es solamente de Argentina. Y esto yo te invitaría a que lo veamos desde la perspectiva de género. Los que nos morimos somos los varones, los que matamos somos los varones. Es decir, más los homicidas que terminan eh condenados por delitos viales son en su gran mayoría arriba del 90% varones. Los muertos en Argentina de 10 personas que se mueren, 8,4 son varones. Y parece que son los varones los que nos gusta la velocidad, somos los varones los que nos gusta poner un escape libre, somos los varones los que generamos mayor violencia vial».

Para la Fundación Visión Cero, el enfoque tradicional basado únicamente en dictar talleres escolares normativos y aplicar multas económicas ha demostrado ser limitado. Pacharoni argumenta que el conocimiento de la norma es sencillo (si un cartel marca una máxima de 60, se sabe que circular a 61 es una infracción), pero que el sistema falla en explicar el trasfondo físico y preventivo de ese límite. Además, critica el enfoque recaudatorio de las sanciones y la forma en que los Estados comunican las campañas de prevención: «Las personas no cambiamos el comportamiento por la multa. La multa es recaudatoria. Entonces, necesitamos que el Estado se involucre en términos de prevención y no solamente multando. Porque si yo multo, las personas solo se cuidan por el riesgo de la multa… Incluso el estado hace campañas que comunica equivocadamente y dice, ‘Bajar la velocidad, evitá multas.’ Lo que me está contando socialmente es que bajar la velocidad sirve para que no me hagan una multa, y bajar la velocidad sirve para que no te mates o no mueras».

Por esta razón, se vuelve indispensable reformular la emisión de licencias de conducir, incorporando la evaluación y capacitación en «gestión emocional» para certificar cómo los conductores administran la ira, la ansiedad o la frustración en la vía pública. Esto aplica tanto para jóvenes de entre 18 y 25 años —el sector de mayor riesgo— como para los adultos mayores cuyas capacidades psicofísicas empiezan a verse disminuidas.

Finalmente, Pacharoni deja una profunda reflexión sobre la responsabilidad que nos compete a todos como ciudadanos para dejar de delegar el cuidado de la vida exclusivamente en manos del control estatal: «Si yo les preguntara a todos si creemos que el problema de la inseguridad vial es un problema social o es un problema individual, seguramente todo el mundo me diría que es un problema social y lo cual estamos todos equivocados. Es un problema individual porque cuando a vos se te muere tu hijo, al único que le duele es a vos y a tu familia. A mí, por ejemplo, ayer se murieron personas en Córdoba, a mí no me cambia nada. No fueron mis familiares, no fueron mis hijos, no fueron mi esposa, no son mis amigos. Entonces, el problema es un problema individual porque afecta a una persona que de repente sin tener ningún grado de afección física se la arrebata, se le quita la vida. Entonces, esto no es un mensaje de muerte, esto es un mensaje de vida».