03/06/2026 – Cada 30 de mayo, Argentina conmemora el Día Nacional de la Donación de Órganos, una fecha que invita a reflexionar sobre el valor de la solidaridad y el compromiso con la vida. La jornada recuerda el nacimiento del hijo de la primera mujer que dio a luz en el país luego de haber recibido un trasplante, un acontecimiento que simboliza las nuevas oportunidades que la donación hace posibles para miles de personas.
Detrás de cada trasplante hay historias de espera, de esperanza, de dolor, de generosidad y de profunda humanidad. Una de ellas es la de José María González Gramajo, trasplantado renal, maratonista, catequista y promotor de la donación de órganos, quien compartió su testimonio para ayudar a crear conciencia sobre una realidad que atraviesan miles de argentinos.
Su historia está marcada por una larga espera. Durante 16 años convivió con la enfermedad renal y con el tratamiento de diálisis mientras aguardaba la llegada de un órgano compatible. Sin embargo, asegura que nunca perdió la esperanza.
“Yo esperé 16 años para recibir mi trasplante. Fueron 16 años de diálisis, de cuidados y de aprender a vivir con esa realidad. Para muchos puede ser una espera desesperante, pero en mi caso la fe hizo la diferencia. Siempre digo que saber esperar en Dios y con el acompañamiento de María es un plus enorme. Hay momentos de tristeza, momentos en los que parece que no llega nunca, pero la fe ayuda a sostenerse y a seguir celebrando la vida tal como se presenta”, expresó.
Lejos de definir ese período como una lucha, González Gramajo prefiere hablar de una actitud diferente ante la adversidad.
“Muchos hablan de luchar contra la enfermedad, pero a mí la palabra lucha me desgasta. Prefiero decir que hay que aprender a esperar con esperanza. Celebrar la vida como venga, con lo que toca vivir. Eso fue lo que intenté hacer durante todos esos años y también lo que vi en muchos compañeros que estaban en la misma situación”, señaló.
Durante esa etapa surgió otra de sus grandes pasiones: el atletismo. En plena diálisis comenzó a correr y encontró en el deporte una forma de superación personal y de difusión de la donación de órganos.
“Siempre me gustó hacer actividad física, pero las maratones aparecieron cuando ya llevaba muchos años de tratamiento. Había atravesado momentos difíciles, incluso la pérdida de mi hermano, y empecé a caminar y a trotar para salir adelante. Cuando le conté a mi médico que quería correr una maratón me miró sorprendido y me dijo: ‘¿Vos vas a correr?’. Lo tomé como un desafío. Corrí, llegué bien y desde entonces nunca dejé de hacerlo”, recordó.
Hoy participa habitualmente en competencias deportivas llevando un mensaje que se ha convertido en una verdadera misión de vida.
“Después del trasplante empecé a correr con un cartel en la espalda que dice ‘Donar órganos es dar vida’. Cuando termino las carreras mucha gente se acerca a preguntar, a sacarse fotos o a contar sus propias historias. Es una manera sencilla de generar conciencia. Yo no puedo explicar cuestiones médicas complejas, pero sí puedo mostrar que gracias a una donación una persona puede volver a vivir plenamente”, afirmó.
A lo largo de los años ha compartido su experiencia en escuelas, instituciones y encuentros comunitarios. Allí descubre que todavía existen muchos prejuicios y temores vinculados a la donación.
“Hay mucho miedo y mucha desinformación. Por eso siempre invito a que la gente se informe en fuentes oficiales. Todavía circulan mitos que generan temor, cuando en realidad existe una legislación muy estricta que protege todo el proceso. Lo importante es acercarse a los organismos correspondientes, conocer cómo funciona el sistema y tomar decisiones con información verdadera”, sostuvo.
Durante una reciente visita a una escuela de la ciudad santiagueña de Fernández, pudo comprobar el interés que despierta el tema entre los más jóvenes.
“Los chicos habían trabajado durante todo el mes sobre la donación de órganos. Cuando llegué, la directora les dijo: ‘Ahora van a conocer a una persona trasplantada de verdad’. Me recibieron con una emoción enorme. Preguntan cómo es un trasplante, cómo fue la operación, cómo cambia la vida después. Es importante hablar de esto desde pequeños porque ayuda a construir una cultura de solidaridad y de compromiso con los demás”, relató.
González Gramajo también destaca que la donación no se limita únicamente a los órganos. Considera que existen muchas formas de ayudar a salvar vidas.
“Siempre digo que podemos empezar por algo tan sencillo como donar sangre. Esa gota que para uno puede parecer pequeña muchas veces significa la diferencia entre la vida y la muerte para otra persona. La donación es una actitud que se aprende y que se cultiva desde gestos concretos de generosidad”, explicó.
Como hombre de fe, su mensaje final estuvo dirigido especialmente a quienes hoy atraviesan la difícil experiencia de esperar un trasplante.
“A quienes están en lista de espera les diría que no pierdan nunca la esperanza. Que confíen en Dios. Hay veces que queremos ver las cosas para creer, pero muchas veces primero hay que creer para poder seguir adelante. La oración ayuda muchísimo. Jesús acompaña, sostiene y camina con nosotros incluso en los momentos más difíciles. Yo estoy convencido de eso porque lo he vivido en carne propia”, expresó.
Y agregó una reflexión dirigida a quienes todavía dudan sobre la posibilidad de convertirse en donantes: “Que se informen, que pregunten, que busquen información seria. Porque detrás de cada donación hay una oportunidad concreta de vida. Yo soy prueba de eso. Gracias a la generosidad de una familia que decidió donar en medio de su dolor, hoy puedo correr, trabajar, compartir mi fe y seguir soñando. Por eso siempre digo que donar órganos es, verdaderamente, dar vida”.
En una fecha que invita a mirar más allá de uno mismo, el testimonio de José María González Gramajo recuerda que la donación de órganos no sólo transforma la vida de quienes reciben un trasplante, sino que también deja una huella de esperanza y solidaridad capaz de multiplicarse mucho más allá de cualquier intervención médica.