20/01/2026 – Un reciente informe de la organización Argentinos por la Educación revela que el uso de la Inteligencia Artificial (IA) generativa se ha consolidado como una herramienta cotidiana para los estudiantes en el país. Según los datos, el 76 % de los menores de entre 9 y 17 años conoce esta tecnología y el 58 % ya la ha utilizado. La cifra más relevante indica que dos de cada tres chicos emplean estos sistemas para resolver sus tareas escolares, un fenómeno que ocurre mayoritariamente fuera del ámbito institucional y que plantea interrogantes sobre los métodos de enseñanza actuales.
Diego Lopez Yse, docente e investigador en Inteligencia Artificial de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), señala que estas cifras representan un «llamado de atención enorme» para el sistema educativo, las familias y el Gobierno. El experto destaca que existe una marcada diferencia en la velocidad de adaptación entre los jóvenes y las instituciones. Mientras los alumnos integran estas herramientas con naturalidad, los marcos pedagógicos y los docentes avanzan a un ritmo más lento, lo que genera una brecha en la supervisión y guía del proceso de aprendizaje.
Uno de los conceptos centrales que plantea Lopez Yse es la necesidad de preservar la «fricción» en el acto de aprender. Según el investigador, el conocimiento requiere de un esfuerzo y un intercambio que las herramientas tecnológicas tienden a eliminar por su propia naturaleza de eficiencia. «El aprendizaje requiere fricción y estas herramientas lo que hacen en muchos casos es evitarla, te facilitan el acceso a la información. No hay forma de obtener conocimiento sin ese esfuerzo», afirma el docente, comparando el desarrollo intelectual con el entrenamiento físico en un gimnasio.
El informe también advierte sobre riesgos significativos como el aprendizaje superficial, la pérdida del pensamiento crítico y el debilitamiento de la autonomía intelectual. Existe la preocupación de que se establezca una dinámica en la que el docente planifica con tecnología, el alumno resuelve mediante la misma y el profesor termina evaluando con sistemas automáticos. Para evitar este círculo, Lopez Yse sugiere que es fundamental rediseñar los roles: «Tenemos que entender dónde están esos espacios donde la IA nos potencia el aprendizaje y alejarnos de los lugares donde nos perjudica».
La desigualdad en el acceso a la infraestructura y al conocimiento técnico es otro punto crítico mencionado. El especialista sostiene que Argentina necesita una iniciativa nacional y provincial para nivelar las condiciones y evitar que la brecha tecnológica profundice las diferencias sociales. Para Lopez Yse, la regulación no debe entenderse como una prohibición o un freno a la innovación, sino como la creación de marcos de referencia claros que permitan acompañar a los docentes en su formación y asegurar una base igualitaria de oportunidades.
Hacia el futuro, el desafío reside en preparar a las nuevas generaciones para un entorno laboral y social incierto. Lopez Yse enfatiza que, más allá de las herramientas específicas que surjan, las capacidades humanas como la flexibilidad, la adaptabilidad y la metacognición (la capacidad de reflexionar sobre el propio pensamiento) serán esenciales. El objetivo final es que la tecnología actúe como un apoyo y no como una «muleta» que reemplace las operaciones mentales básicas de lectura, análisis y síntesis de los estudiantes.
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