02/06/2026 – Cada 2 de junio, Argentina celebra el Día del Bombero Voluntario, una fecha que recuerda la creación del primer cuartel del país y reconoce la entrega de miles de hombres y mujeres que dedican su tiempo, su esfuerzo y, muchas veces, arriesgan su propia vida para asistir a quienes más lo necesitan.
La conmemoración tiene su origen en aquel histórico incendio ocurrido en el barrio porteño de La Boca en 1882, cuando Orestes Liberti convocó a los vecinos para combatir las llamas con una frase que quedó grabada en la memoria colectiva: “¡Adelante los que se animen, vamos a apagar el incendio!”. Dos años después, el 2 de junio de 1884, nació oficialmente el primer cuerpo de Bomberos Voluntarios de la Argentina, dando inicio a una tradición de servicio que hoy se extiende a lo largo y ancho del país.
En Córdoba, uno de quienes encarna ese espíritu es Roberto Schreiner, vocero de la Secretaría de Gestión de Riesgo Climático y bombero voluntario con más de cuatro décadas de trayectoria. Al reflexionar sobre su vocación, destacó que detrás de cada emergencia existe una profunda convicción de servicio que trasciende el combate contra el fuego.
“Tengo 44 años como bombero voluntario y todavía sigo activo. Mucha gente cree que ser bombero es solamente apagar incendios, pero en realidad los incendios ocupan una parte muy pequeña de nuestro trabajo. El 90% del tiempo transcurre dentro de los cuarteles, haciendo prevención, capacitándonos, reparando equipos, preparando vehículos y organizándonos para cuando llegue una emergencia”, explicó.
Schreiner señaló que existe una imagen parcial de la tarea que realizan los bomberos y que muchas personas desconocen la enorme variedad de funciones que pueden desempeñarse dentro de un cuartel.
“Todos podemos ser bomberos y mucha gente todavía no lo sabe. Hay quienes piensan que hace falta una valentía extraordinaria o enfrentarse al fuego permanentemente. Pero hay muchísimas tareas para realizar. Hay personas que trabajan en prevención, otras en logística, otras reparan vehículos, construyen equipamiento, colaboran en capacitaciones o participan en rescates. No todo pasa por ingresar a un incendio”, sostuvo.
A lo largo de los años, la labor de los bomberos voluntarios se ha expandido mucho más allá de los siniestros urbanos. Hoy intervienen en incendios forestales, accidentes viales, rescates acuáticos, búsquedas de personas extraviadas, emergencias climáticas y hasta rescates de animales.
“Un mismo día podemos atender un accidente de tránsito, una pérdida de gas, un incendio forestal, rescatar un caballo atrapado o ayudar a una familia afectada por una tormenta. Los incendios forestales son especiales porque sabemos cuándo empiezan, pero nadie sabe cuándo terminan. Son situaciones que pueden durar días enteros y exigen una enorme preparación física y mental”, relató.
Cuando se le preguntó qué lo impulsó a elegir este camino y qué lo mantiene vigente después de tantos años de servicio, Schreiner respondió con una reflexión profundamente humana.
“Lo que me sostiene es saber que puedo ayudar. Cuando era joven veía a alguien caerse en la calle o un auto detenido en la ruta y automáticamente sentía la necesidad de acercarme. A muchos bomberos nos pasa eso. Vamos viajando y vemos un vehículo parado; frenamos y preguntamos si necesitan algo. Es una forma de vida. Pero cuando esa vocación se organiza dentro de un cuartel, la ayuda se vuelve mucho más eficiente y segura”, afirmó.
Según explicó, esa organización es precisamente uno de los pilares fundamentales del sistema de bomberos voluntarios.
“Todos podemos ayudar de manera individual, pero en los cuarteles esa energía se organiza. Hay protocolos para todo: para rescatar personas, para intervenir en accidentes, para trabajar en incendios o para asistir animales. No alcanza con la buena voluntad. Hay que capacitarse permanentemente porque cada intervención implica riesgos y hay que saber cómo actuar para proteger a las víctimas y también a los propios bomberos”, indicó.
La formación, de hecho, representa uno de los mayores compromisos para quienes deciden sumarse a esta vocación. El proceso de capacitación puede extenderse durante varios años antes de alcanzar los niveles más altos de especialización.
“Una persona que se anota como aspirante necesita aproximadamente un año y medio de teoría y práctica antes de poder participar de su primer incendio. Y si sumamos todos los niveles de capacitación, estamos hablando de casi seis años de formación. Ser bombero requiere estudio, entrenamiento, disciplina y mucha responsabilidad”, explicó.
En medio de los avances tecnológicos y de los nuevos desafíos que plantean las emergencias modernas, Schreiner considera que hay algo que permanece inalterable: el espíritu solidario que impulsa a cada bombero voluntario.
“Cuando suena el teléfono en un cuartel se produce un silencio especial. Todos sabemos que alguien puede estar necesitando ayuda. En ese instante se activa todo: los equipos, los vehículos, las especialidades. Pero detrás de toda esa estructura sigue estando la misma motivación que hace más de cien años impulsó a aquellos vecinos de La Boca: estar disponibles para ayudar a otros cuando más lo necesitan”, concluyó.
En este nuevo Día del Bombero Voluntario, el reconocimiento alcanza a miles de hombres y mujeres que, desde cada rincón de la Argentina, sostienen con compromiso y generosidad una de las expresiones más nobles del servicio comunitario. Una tarea silenciosa, muchas veces anónima, pero fundamental para la protección y el cuidado de la vida.