Perdí el trabajo: cómo encontrar sentido en medio de la crisis

martes, 5 de mayo de 2026

05/05/2026 – Perder el trabajo no es solamente perder un ingreso económico. En muchos casos, implica una experiencia más profunda: se desdibujan rutinas, proyectos y hasta la propia identidad. Aparecen preguntas que no siempre se dicen en voz alta, pero que pesan: ¿para qué seguir si ya no soy útil?, ¿cómo me levanto cada mañana sin un rumbo claro?. En el ciclo “Buscadores de sentido” de Radio María Argentina, la licenciada en Psicología y logoterapeuta Patricia Farías abordó esta realidad desde una perspectiva que va más allá de lo económico. La falta de trabajo, explicó, también toca el sentido de la vida, porque el trabajo no es solo lo que hacemos, sino un espacio donde expresamos quiénes somos y nos sentimos valiosos para otros.

El impacto invisible del desempleo

Cuando ese espacio se pierde, la persona puede experimentar una crisis que afecta su autoestima. No es extraño que surjan pensamientos como “no sirvo”, “no me eligieron” o “soy una carga”. Incluso, como aparece en uno de los testimonios compartidos, hay quienes evitan hablar con sus seres queridos por vergüenza de no haber conseguido trabajo. Este tipo de situaciones muestran que el desempleo no solo impacta en lo material, sino también en lo emocional y vincular.

Frente a este escenario, Farías plantea que siempre se abren dos caminos posibles. Por un lado, quedar atrapado en la queja, el desánimo o la desesperación; por otro, asumir una actitud activa que permita seguir buscando alternativas, aun en medio de la dificultad. No se trata de negar el dolor, sino de no dejar que ese dolor paralice completamente la vida. La actitud con la que se enfrenta la situación no cambia automáticamente la realidad, pero sí abre o cierra posibilidades.

Actitud, rutina y nuevas posibilidades

En este sentido, resulta clave sostener una cierta estructura cotidiana. El ejemplo de quien se levanta cada día con el objetivo de buscar trabajo muestra que mantener una rutina no es un detalle menor, sino una forma concreta de cuidar la dignidad personal. Levantarse, organizar el día y continuar intentando, incluso sin resultados inmediatos, es una manera de resistir interiormente frente a la adversidad.

Otro aspecto fundamental es el cuidado de los pensamientos. Expresiones como “nada alcanza” o “todo lo que hago no sirve” pueden instalarse y profundizar la desesperanza. Por eso, la propuesta no es negar la realidad, sino revisar la forma en que se la interpreta. Aun en contextos difíciles, hay aspectos valiosos que sostener: el esfuerzo, la actitud y la forma de vincularse con otros. Cambiar la mirada no resuelve todo, pero permite no caer en un círculo negativo que paraliza.

La entrevista también invita a abrirse a la creatividad. Muchas veces, el camino no es lineal ni coincide de inmediato con lo que uno había proyectado. Aparecen entonces alternativas como trabajos temporales, oficios, pequeños emprendimientos o nuevas habilidades. Lejos de ser un retroceso, estas opciones pueden convertirse en puentes hacia nuevas oportunidades. En esta línea, aceptar un trabajo que no coincide plenamente con la propia formación no es necesariamente conformarse, sino atravesar una etapa que permite sostenerse y seguir avanzando.

No perder el valor personal en medio de la crisis

Esto implica también una cuota de humildad y flexibilidad. Aferrarse únicamente a lo ideal puede dejar a la persona inmovilizada, mientras que abrirse a lo posible permite mantenerse en movimiento. Algo similar ocurre con el prejuicio de la edad: muchas veces el primer límite aparece en la propia percepción, cuando en realidad existen espacios donde se valora la experiencia y la responsabilidad.

En este camino, los vínculos cumplen un papel clave. Buscar trabajo no tiene por qué ser un proceso solitario. Compartir la situación, pedir ayuda o simplemente decir “estoy buscando” puede generar oportunidades inesperadas. La comunidad, en este sentido, no solo acompaña emocionalmente, sino que también puede abrir puertas concretas.

Uno de los testimonios más significativos de la entrevista es el de la propia Patricia Farías, quien en un momento de su vida, ante la falta de trabajo, comenzó a hacer empanadas y pastelitos para vender. Lejos de vivirlo como algo vergonzoso, lo recuerda como una experiencia valiosa que le permitió salir adelante y sostener a su familia. Este ejemplo pone de relieve una enseñanza central: ningún trabajo digno disminuye a la persona.

En definitiva, aunque el “hacer” pueda verse afectado por las circunstancias, el “ser” no debería perderse. La falta de trabajo puede alterar lo que una persona hace, pero no define su valor. Sostener esta distinción es fundamental para no caer en la desesperanza y poder seguir adelante con una base más firme.

Desde una mirada de fe, esta experiencia también puede ser atravesada con esperanza. No se trata de una actitud ingenua, sino de una decisión concreta de seguir intentando, confiar en que pueden abrirse nuevos caminos y sostener la dignidad incluso en medio de la incertidumbre. Porque aun en situaciones difíciles, la vida sigue ofreciendo posibilidades de recomenzar.

Si estás atravesando una situación de desempleo o acompañando a alguien en este proceso, esta reflexión puede ayudarte a mirar el momento con mayor profundidad y sentido. Te invitamos a escuchar la entrevista completa con Patricia Farías en el ciclo “Buscadores de sentido” de Radio María Argentina.