21/04/2026 – Dos hechos recientes, ocurridos en distintos contextos pero dentro del mismo territorio cordobés, vuelven a encender una alarma que atraviesa no solo a la provincia sino a todo el país: la persistente problemática de la seguridad —o más bien, la inseguridad— vial.
Por un lado, en la Autovía 5, a la altura de Alta Gracia, un motociclista perdió la vida tras impactar de lleno contra un caballo suelto que irrumpió de manera imprevista en la calzada. Este hecho expone una situación tan conocida como reiterada: la presencia de animales en rutas de alta velocidad, una combinación que suele tener consecuencias fatales. Por otro lado, en Mina Clavero, durante una fecha del Rally Sudamericano, un espectador de 25 años murió y otras personas resultaron heridas luego de que un auto de competición se despistara e impactara contra el público que observaba la carrera demasiado cerca del trazado.
A pesar de tratarse de un evento organizado, este episodio vuelve a poner bajo la lupa los límites entre espectáculo y riesgo, así como la necesidad de reforzar medidas de prevención. En este contexto, la siniestralidad vial deja de ser una suma de tragedias aisladas para convertirse en un problema estructural donde intervienen el Estado, los organizadores, los conductores y la sociedad en su conjunto.Para profundizar en este escenario, dialogamos con Guillermo Pacharoni, abogado especialista en siniestralidad vial y titular de la Fundación Visión Cero, quien sostiene que la forma en que abordamos estos hechos debe cambiar drásticamente: «Cuando ocurre un siniestro vial, fracasamos como sociedad. Acá esto no, digamos siempre estamos acostumbrados a querer patear la pelota para otro lado, que lo resuelva el concesionario, que lo resuelva el Estado. Esto es algo que tenemos que resolver todos porque van a pasar los gobiernos y seguimos con la misma movilidad. Esto es algo social, lo tenemos que resolver desde la familia, desde los medios de comunicación, desde la escuela, desde el Estado, por supuesto, porque el Estado es el principal garante de la seguridad vial y quien tiene la llave para destrabar, para exigir que se haya infraestructura más segura, vehículos más seguros, para efectuar la fiscalización y el control, para otorgar la licencia. O sea, si el Estado no se involucra, esto no se cambia con conciencia vial. Esto es impensado».
Respecto a la responsabilidad de quienes gestionan las rutas y organizan eventos de alto riesgo, Pacharoni enfatiza que la vida debe ser el norte innegociable de cualquier protocolo: «En el caso de estos animales, siguen la culpa de un tercero, pero por la cual él [el concesionario] responde. Él tiene un deber y una obligación de garantizar la de que un vehículo circule. Es algo de sentido común, no solamente que está en los contratos, pero entendemos que esto es un cambio de mentalidad que proponemos, que es empezar a invertir en prevención y no pagando los siniestros. […] La vida está por encima de todo. Es innegociable la vida. Entonces yo entiendo que el fragor y querer generar toda esta situación y es muy violento cancelar un tramo de este tipo, pero vuelvo a decir, lo único innegociable es la vida. Y cuando ponemos el foco en cuidar la vida, no nos vamos a equivocar».
Para lograr revertir esta realidad, donde los siniestros viales representan la principal causa de muerte entre los 10 y los 40 años en nuestro país , es imperativo abandonar la resignación y trabajar en políticas públicas efectivas y cambios culturales profundos.