19/01/2026 – Tras más de dos décadas de negociaciones, marchas y contramarchas, el Mercosur y la Unión Europea formalizaron en Asunción la firma de su acuerdo de asociación comercial. Este paso busca integrar un mercado de 720 millones de personas, lo que representa una de las áreas de libre comercio más grandes del planeta por volumen de consumidores. Para el analista internacional Marcelo Taborda, el hecho de que se logre concretar un entendimiento de este tipo en un contexto internacional complejo es, en principio, un dato positivo.
El camino para llegar a la rúbrica no fue sencillo, marcado por la reticencia de sectores agrícolas europeos y desinteligencias internas en el bloque regional. Taborda recuerda que los cimientos de este proyecto se remontan a finales de los años 80 y principios de los 90, atravesando gobiernos de todos los signos políticos. «Han pasado presidentes argentinos y de los países hermanos de diferentes signos políticos», señala el analista, subrayando que el pacto ha sobrevivido a constantes «vaivenes, avances y retrocesos».
A pesar del anuncio, el proceso no ha concluido, ya que resta la convalidación en los parlamentos de cada país. El acuerdo contempla la eliminación progresiva de aranceles, aunque mantiene salvaguardas para proteger producciones locales sensibles en caso de deterioro. Según Taborda, la magnitud de la alianza es significativa: los bloques involucrados representan casi una tercera parte del Producto Bruto Interno mundial y cerca del 35% del comercio global.
En términos prácticos para las economías regionales, el acuerdo abre puertas a sectores hoy deprimidos. Se proyecta que actividades como la vitivinícola, la producción de cítricos y la agroindustria cerealera encuentren nuevos mercados. No obstante, el analista advierte sobre el impacto en importaciones de industrias específicas, como el calzado, y resalta que el éxito dependerá de cómo se utilicen las medidas de protección y de la competitividad que logre alcanzar la región.
Sin embargo, el acto formal en Paraguay también dejó a la vista las tensiones políticas internas del Mercosur. La ausencia del presidente de Brasil, Lula da Silva, y la postura del mandatario argentino, Javier Milei, evidenciaron una «puja ideológica y casi personal». Taborda considera que estas grietas «pueden conspirar contra la buena salud de este acuerdo», señalando que la alta política a veces se ve afectada por gestos y personalismos que dificultan la consolidación del bloque.
La firma se produce además en un tablero internacional dominado por el retorno del proteccionismo y liderazgos disruptivos. El contraste es marcado: mientras la Unión Europea y el Mercosur buscan derribar barreras, figuras como Donald Trump impulsan sanciones y aranceles. En este sentido, Taborda observa una «contradicción flagrante» en el discurso oficial argentino, que defiende un mundo sin barreras comerciales mientras mantiene un alineamiento total con políticas exteriores que utilizan el proteccionismo como herramienta principal.
Finalmente, el analista plantea que la verdadera integración debe trascender lo estrictamente económico para alcanzar lo social y cultural. Citando la experiencia europea, sostiene que el intercambio en educación, capacitación y turismo es vital para que la ciudadanía incorpore el acuerdo como propio. El desafío futuro será ver cómo se materializan estos principios en un mundo en permanente cambio, donde la diplomacia lucha por prevalecer sobre la fuerza en la resolución de conflictos geopolíticos.
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