23/03/2026 – En el marco del 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina difundió un mensaje en el que renueva su compromiso con la memoria, rechaza de manera contundente toda forma de violencia institucional y convoca a fortalecer una democracia fundada en la justicia, la dignidad humana y el bien común.
El documento, titulado “Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”, propone una reflexión profunda sobre uno de los períodos más oscuros de la historia nacional, marcado por el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. En ese sentido, los obispos subrayan que la memoria no puede ser fragmentaria ni selectiva, sino “íntegra y luminosa”, capaz de iluminar el presente y prevenir la repetición de los errores del pasado.
Para profundizar en el contenido de este mensaje, dialogamos con monseñor Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, quien destacó el camino recorrido por la Iglesia en las últimas décadas en torno a la memoria, la verdad y la autocrítica.
“En general se abrió sobre todo a la autocrítica de lo actuado y también a reconocer los propios mártires de la Iglesia en tiempos en que había agentes de pastoral, sacerdotes y obispos que pregonaban la paz, el respeto y la dignidad de las personas. Ese fue un camino, junto con el reconocimiento de que habían cosas que se habían hecho decididamente mal”, afirmó el prelado, al recordar el proceso iniciado especialmente a partir del Jubileo del año 2000.
En esa línea, Monseñor Colombo subrayó que hoy la Iglesia busca dar un paso más, no solo en la revisión del pasado, sino en la proyección hacia el presente: “Hoy estamos en una etapa donde no solo queremos impulsar una renovada autocrítica, sino también comprender que el nuevo nombre de los derechos humanos es el desarrollo integral de las personas, algo que no resiste expresiones como el rechazo de la justicia social o la ausencia del Estado frente a los más pobres”.
El presidente del episcopado también valoró el impacto de la apertura de archivos y el trabajo plasmado en la obra La verdad los hará libres, como un aporte significativo para comprender ese tiempo histórico: “Fue una mirada bien profunda sobre el tiempo precedente, para entender los contextos y también para poner de relieve tanto la actuación comprometida de muchos miembros de la Iglesia como las limitaciones o faltas que también existieron. Hay un rescate de lo que se hizo bien, pero también un señalamiento de aquello que no estuvo a la altura”.
En relación al presente, Monseñor Colombo advirtió sobre los riesgos que atraviesan las democracias contemporáneas, especialmente en lo que respecta al deterioro del diálogo: “Hay una mención muy clara a la necesidad de desarmar el lenguaje violento, de renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, al hablar mal del otro. Cuando el adversario se convierte en enemigo, eso habla muy mal de la democracia”.
Asimismo, hizo hincapié en la necesidad de construir consensos y fortalecer la convivencia social desde una actitud activa: “Muchas veces lo discursivo no alcanza. Hay que practicar el diálogo, la escucha, la creación de consensos. Construir desde nuestro lugar, escuchando en el otro también la voz de Dios y esperando siempre cosas buenas, sin generar desconfianza permanente”.
Finalmente, al reflexionar sobre el desafío de transmitir esta memoria a las nuevas generaciones, el arzobispo remarcó la importancia de una pedagogía del encuentro: “Este camino tiene una dinámica pedagógica que no podemos evitar. Se trata de aprender a convivir, de escuchar, de participar. Es una verdadera escuela que nos permite construir una sociedad donde la dignidad de cada persona esté en el centro”.
A cincuenta años del golpe, el llamado de la Iglesia se presenta así como una invitación a sostener viva la memoria, asumir con honestidad la historia y renovar el compromiso con una democracia más justa, humana y fraterna.