10/06/2026 – La discusión sobre la «cultura del cuidado o del descuido de la vida» cobra una vigencia alarmante en la Argentina actual. Lejos de ser un debate abstracto, las consecuencias de una tendencia global y local hacia el desinterés por la cultura de la vida ya se reflejan de manera contundente en las estadísticas demográficas del país.
Desde el año 2014, la tasa de natalidad en Argentina se desplomó un 40%, configurando un escenario donde los hogares sin hijos menores de edad ya son una clara mayoría: en el 57% de las viviendas del país no residen menores de 18 años. Actualmente, la tasa de fecundidad se ubica en 1,2 hijos por mujer, una cifra que se encuentra muy por debajo del índice de 2,1 requerido para garantizar un recambio poblacional estable. A pesar de este crítico panorama demográfico, las agendas gubernamentales insisten en promover medidas de corte antinatalista. El caso más reciente y polémico proviene de la provincia de Buenos Aires.
Según reportó el boletín Notivida, el Ministerio de Salud bonaerense, en conjunto con el Consejo Asesor de Políticas en Equidad de Género, consensuó un nuevo Vademécum Obstétrico. Esta medida amplía las competencias de las licenciadas en obstetricia (tradicionalmente abocadas a la asistencia de las parturientas), habilitándolas a prescribir medicamentos a pesar de no contar con la titulación de médicas. Para profundizar en el alcance de esta medida y el trasfondo de un debate que ya ha tenido repercusiones a nivel nacional, dialogamos con Mónica del Río, editora del boletín Notivida, quien advierte que este cambio normativo no es casual ni aislado, sino que responde a una agenda internacional de control poblacional de largo aliento:
«Esto se hace expresamente para que las parteras hagan abortos farmacológicos, es decir, que puedan prescribir misoprostol y mifepristona, que son los fármacos con los que se hacen los abortos. Es una iniciativa impulsada desde hace muchos años por el Fondo de Población de Naciones Unidas. El Fondo de Población es, dentro de los organismos abortistas de Naciones Unidas, el que se dedica específicamente al control poblacional, porque el objetivo del Fondo no es otro que garantizar la salud sexual y reproductiva (y ‘no reproductiva’, como le dicen ellos). Esto ha sido impulsado incluso en el Congreso; ha habido proyectos legislativos que alguna vez alcanzaron media sanción en Diputados.»
Del Río señala que la influencia de estos organismos cruza de manera transversal a las diferentes fuerzas políticas del país, habiendo encontrado eco tanto en sectores del PRO como del kirchnerismo en años anteriores, bajo el condicionamiento de organismos de crédito internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Uno de los puntos más críticos y que mayor resistencia genera en las asociaciones médicas es la alteración de los roles profesionales y la falta de preparación farmacológica adecuada para estas funciones. La editora de Notivida explicó con claridad el mecanismo legal y técnico que se utiliza en las provincias para consumar estos cambios:
«Esta es una estrategia de dos pasos. Primero, te modifican la ley de ejercicio profesional para que las parteras, además de dispensar, puedan prescribir. ¿Cuál es la diferencia? Dispensar quiere decir que vos tenés una orden médica, vas a la farmacia y te lo dispensan; la partera te lo da en el centro de salud, vos vas con la orden médica y te da la pastillita. Otra cosa es que lo prescriba ella. Cuando lo hacen en dos pasos, modifican la ley de ejercicio profesional de la obstetricia y ponen que las parteras pasen a prescribir, y después, claro, con una simple resolución del Ministerio de Salud de la provincia, con una disposición meramente administrativa, se modifica el vademécum. La ley te dice que pueden prescribir todo lo que esté en el vademécum obstétrico, después te modifican el vademécum y te ponen ahí los abortivos.»
Esta metodología ya se ha intentado o implementado con distintos matices en provincias como Mendoza, Jujuy y Entre Ríos. Frente al argumento de que las obstetras cursan materias de farmacología en su formación, Del Río recordó la postura de los profesionales de la salud: «Los mismos médicos te decían que un farmacéutico estudia mucha más farmacología que una partera y no puede prescribir. Además, si lo que hace la partera tiene una complicación, después la tiene que atender un médico».
Frente a la masificación y banalización de estas prácticas a través de manuales de «proximidad» promovidos por organismos internacionales, Del Río manifestó su preocupación por cierta pasividad en los movimientos que defienden la vida, quienes a veces asumen la ley de aborto como una batalla perdida, mientras las organizaciones abortistas avanzan silenciosamente en municipios y legislaturas locales (como ocurrió recientemente con iniciativas publicitarias en el transporte público de Rosario). Finalmente, respecto al rol del Gobierno nacional y la posibilidad de modificar el marco legal vigente, Del Río concluyó de manera contundente: «Este es un gobierno que no hizo nada en concreto por la historia esa de que no pueden derogar la ley de aborto. En las provincias te dicen hasta el más pintado —hasta el gobernador que cuando era diputado votó en contra—: ‘Bueno, pero la ley hay que cumplirla’. Hay que modificar esa ley. Si no se puede derogar, hay que restringirla. Hace poco nos espantábamos todos por el caso de la nena que trajeron de Santiago del Estero a Buenos Aires, donde le habían hecho un aborto de 8 meses. Eso provoca rechazo. Para eso tenés un consenso: para no asesinar a un chico de 8 meses de gestación, para interrumpir el embarazo y, si ese chico es viable, dejarlo vivir y prodigarle cuidados neonatológicos. Para eso tenés consenso. No lo tendrás para derogar la ley del todo, pero no se ha avanzado en nada. El presidente sigue diciendo que es un asesinato agravado por el vínculo, pero cuando en la Cámara de Diputados se juntó un acta de compromiso este año para trabajar por la derogación del aborto, desde el gobierno les dijeron que se laven las manos, que no pasa nada. Tristemente, no pasa nada.»