Violencia en las aulas: el urgente llamado a los adultos a educar en el diálogo y la paz

miércoles, 8 de abril de 2026

08/04/2026 – A más de una semana del hecho de extrema violencia ocurrido en una escuela de la provincia de Santa Fe, el impacto sigue resonando en toda la sociedad argentina. El episodio, en el que un adolescente abrió fuego dentro del establecimiento provocando la muerte de un alumno y dejando varios heridos, no solo generó conmoción y dolor, sino que abrió un profundo interrogante sobre la realidad que atraviesan hoy los jóvenes y el rol de los adultos frente a estos escenarios.

En este contexto, la voz de la Iglesia se hizo presente a través de Monseñor Pedro Torres, obispo de Rafaela, quien invitó a mirar más allá del hecho puntual para reflexionar sobre las raíces de esta problemática. Su planteo interpela directamente a la sociedad en su conjunto: “¿Estamos dando ejemplo de diálogo y convivencia civilizada? Porque muchas veces pretendemos que los jóvenes vivan de una manera distinta, pero los adultos no estamos mostrando caminos claros de encuentro, de respeto y de escucha”.

La gravedad de lo sucedido pone en evidencia la necesidad urgente de reconstruir vínculos y generar espacios donde los jóvenes puedan ser escuchados. En ese sentido, Monseñor Torres remarcó: “necesitamos crear ámbitos donde los chicos puedan expresar lo que les pasa, sus dolores, sus miedos, sus frustraciones. Cuando eso no ocurre, cuando no hay escucha ni acompañamiento, esas situaciones pueden derivar en reacciones extremas que después lamentamos profundamente”.

Lejos de reducir el análisis a un único factor, el obispo propuso ampliar la mirada hacia el entramado social y cultural en el que crecen las nuevas generaciones. En medio del dolor, insistió en que la violencia no puede ser nunca el camino: “creo que es una insensatez pensar que la violencia va a hacer mejor el mundo. Es una insensatez total, lo vemos en las guerras, en los conflictos cotidianos, en las relaciones. La violencia siempre termina destruyendo, nunca construyendo”.

A su vez, llamó a revisar las prácticas cotidianas en todos los ámbitos de la vida: “tenemos que pensar también en la violencia en los lugares de trabajo, en el modo de humanizar los vínculos, en la familia, en las amistades, incluso en el modo de hablar. A veces naturalizamos formas de agresión que van generando un clima social que después impacta en los más jóvenes”.

El mensaje, en definitiva, invita a asumir una responsabilidad compartida. Lo ocurrido en Santa Fe no puede ser interpretado como un hecho aislado, sino como una señal de alerta que exige compromiso, cercanía y una apuesta decidida por la paz. En palabras de Monseñor Torres, “solo reconstruyendo vínculos, apostando al diálogo y generando una cultura del encuentro vamos a poder ofrecer a nuestros jóvenes un horizonte distinto, donde la vida y el respeto sean siempre el centro”.