20/04/2026 – A un año del fallecimiento del Papa Francisco, Roma y el Vaticano se preparan para vivir una serie de homenajes cargados de emoción que buscan mantener viva su memoria y su legado.
Las celebraciones tienen como epicentro la Basílica de Santa María la Mayor, lugar donde descansan sus restos y donde se desarrollan momentos de profunda oración y recogimiento, como el rezo del rosario, la celebración de la misa y la inauguración de una lápida conmemorativa que recuerda su estrecho vínculo con la imagen de la Salus Populi Romani.
Se trata de una conmemoración que no solo interpela a la Iglesia, sino que adquiere una dimensión global, en línea con la huella que dejó un pontífice que supo marcar una época por su cercanía, su mensaje de humildad y su compromiso con los más vulnerables. En ese clima, miles de fieles y peregrinos se acercan a los lugares significativos de su pontificado para rendir homenaje y agradecer su testimonio.
Desde Roma, el periodista José María “Chema” Forte comparte cómo se viven estas horas de memoria y recogimiento: “Lo que se percibe aquí es una mezcla muy fuerte de emoción y gratitud. No es solo un recuerdo institucional, sino algo profundamente vivido por la gente. Hay peregrinos de distintas partes del mundo que llegan con gestos muy simples, con una vela, con una oración, con un silencio cargado de significado. Se respira un clima de recogimiento, pero también de reconocimiento a alguien que dejó una marca muy profunda”.
En ese sentido, Forte destaca que el legado del Papa Francisco sigue presente en la vida cotidiana de la Iglesia: “Más allá de los actos formales, lo que aparece con mucha fuerza es su estilo, su manera de entender la Iglesia. Esa idea de cercanía, de salir al encuentro, de poner en el centro a los más frágiles. Eso es lo que la gente recuerda y lo que, de algún modo, sigue vivo en estas celebraciones”.
Asimismo, el periodista subraya el valor simbólico del lugar elegido para los homenajes: “La Basílica de Santa María la Mayor tiene un significado muy especial, porque era uno de los lugares más queridos por el Papa. Venía con frecuencia a rezar allí, especialmente antes y después de sus viajes. Que hoy sea el centro de esta conmemoración tiene un peso muy fuerte, porque conecta su vida, su misión y su fe en un mismo espacio”.
De este modo, el primer aniversario de su fallecimiento no solo invita a recordar su figura, sino también a redescubrir la vigencia de su mensaje en un mundo que sigue necesitando gestos de fraternidad, diálogo y compromiso con los más débiles. Una memoria que, lejos de apagarse, continúa iluminando el camino de millones de personas en todo el mundo.