15/05/2026 – En el marco de las celebraciones por el bicentenario del nacimiento del beato Mamerto Esquiú, los obispos del Noroeste Argentino se reunieron en Catamarca para compartir una profunda instancia de reflexión sobre la vida, la espiritualidad y el ministerio episcopal del fraile franciscano, una de las figuras más relevantes de la Iglesia y de la historia argentina del siglo XIX.
La reunión tuvo lugar luego de la misa y la procesión realizadas en Piedra Blanca, tierra natal de Esquiú, donde una multitud de fieles y peregrinos participó de las actividades centrales que recordaron los 200 años de su nacimiento.
Monseñor Daniel Fernández, obispo de Jujuy, destacó el clima espiritual y comunitario vivido durante esos días y remarcó que “fueron varios días de fiesta, sobre todo el domingo y el lunes, con la llegada de muchos peregrinos a Catamarca que venían de distintos lugares”, además de la presencia de los obispos del NOA, el cardenal Ángel Rossi y otras autoridades eclesiales. En ese sentido, señaló que la celebración en Piedra Blanca fue “una hermosa manifestación de fe del pueblo catamarqueño” y subrayó que todo lo vivido “reaviva mucho en nosotros la vida cristiana, el deseo de santidad, el ver en carne y hueso que la santidad es posible”.
Durante el encuentro, los prelados profundizaron distintos aspectos de la vida del beato acompañados por el presbítero Oscar Tapia, integrante de la comisión académica dedicada al estudio de Esquiú. En las reflexiones apareció con fuerza la dimensión espiritual del fraile franciscano, a quien definieron no solo por su aporte político e institucional, sino sobre todo como “un hombre santo y humilde”, marcado por una intensa vida interior y una permanente actitud de oración.
Monseñor Fernández destacó especialmente la actualidad del mensaje de Esquiú y afirmó que “su preocupación grande con la unidad de los argentinos es un tema tan actual que parece que lo hubiera dicho ayer para nosotros que vivimos hoy”. Además, remarcó que el beato fue “un fiel discípulo y un fiel hijo de San Francisco de Asís”, que hizo de la pobreza evangélica una opción concreta de vida. “La pobreza evangélica no es ninguna carencia, sino la abundancia de la presencia de Dios en nuestra vida”, expresó el obispo jujeño al referirse al legado espiritual del franciscano catamarqueño.
Asimismo, Fernández explicó que los obispos del NOA dedicaron un espacio especial para reflexionar sobre la figura de Esquiú como pastor y obispo. “Nos ayudó mucho el padre Oscar Tapia mirando especialmente la dimensión de Esquiú obispo, ese obispo que realmente se desgastó por su pueblo, lo amó y murió caminando, haciendo realidad esa caridad pastoral de ir a la búsqueda de todos”, señaló.
El obispo de Jujuy también puso en valor la riqueza espiritual del norte argentino y sostuvo que “somos bendecidos en nuestra región del NOA con la presencia de santos y beatos”. En esa línea recordó figuras como Mama Antula, los mártires riojanos y el propio Esquiú, afirmando que “es una tierra de santos” y que todos ellos “dejaron la vara muy alta a los que venimos después”.
Finalmente, Monseñor Fernández destacó la importancia de estos encuentros entre los obispos de la región para fortalecer la comunión y renovar el servicio pastoral. “Nosotros buscamos expresamente juntarnos cada vez que hay oportunidades como esta para reforzar la comunión y nutrirnos también, porque necesitamos nutrirnos para poder servir mejor”, afirmó. Y agregó que las enseñanzas que surgen de estas celebraciones populares y de las figuras emblemáticas del norte argentino “nos hacen mucho bien” y ayudan a sostener la misión de la Iglesia en el presente.