07/04/2026 – La informalidad laboral continúa siendo uno de los principales desafíos del mercado de trabajo en Argentina, especialmente concentrada en los sectores más vulnerables del entramado productivo. Según el último informe del Centro Mariano de Investigación Social (CEMAIS), el fenómeno del empleo no registrado afecta de manera desproporcionada a las micro y pequeñas empresas, donde se evidencian las mayores dificultades para sostener condiciones de formalidad.
En las microempresas, aquellas con menos de 10 trabajadores, la situación es particularmente crítica: dos de cada tres asalariados se desempeñan sin estar registrados. En tanto, en las empresas pequeñas —de entre 11 y 40 empleados— la informalidad también mantiene niveles significativos, alcanzando a uno de cada cuatro trabajadores. Este escenario contrasta con lo que ocurre en las empresas medianas y grandes, donde el empleo no registrado resulta marginal.
A partir de este diagnóstico, el informe plantea que las reformas laborales recientes no logran abordar el núcleo del problema. En ese sentido, Edgardo Dainotto, director del CEMAIS, explicó con claridad: “Nos damos con que los esfuerzos que se plantean en la ley no van a terminar dando el resultado que se busca, que es la registración de los trabajadores, sobre todo en las pymes y micropyme. Todo está pensado para las medianas y grandes empresas, pero no se está prestando atención a la realidad más dura de la pyme, que es cuánto puede pagar”.
El análisis pone el foco en los factores estructurales que empujan a la informalidad, entre los que se destacan las escalas salariales de los convenios colectivos y las cargas vinculadas a las contribuciones patronales. En muchos casos, estas exigencias resultan incompatibles con la capacidad productiva de los pequeños emprendimientos. Como señaló Dainotto: “La empresa más pequeña no paga menos porque quiere, sino porque no puede. La productividad de ese emprendimiento no le permite afrontar salarios de 800 mil o un millón de pesos. Entonces, exigirle eso hace que directamente prefiera quedarse en la informalidad”.
En este contexto, el informe advierte sobre el riesgo de aplicar criterios homogéneos a realidades profundamente distintas. “Pretender que una pyme pague lo mismo que una empresa mediana o grande genera inequidad. Es un trato desigual, porque no tienen las mismas condiciones, ni acceso al crédito, ni a beneficios que mejoren su competitividad”, sostuvo el especialista.
Asimismo, Dainotto introdujo un concepto clave para comprender la problemática: la existencia de “empresarios pobres”. En sus palabras: “La mayoría de los que dan trabajo en pequeñas unidades productivas están por debajo de la línea de pobreza. Es la realidad de la Argentina. Y a un empresario pobre no se le puede exigir lo mismo que a uno que tiene mayores recursos”.
Frente a este panorama, desde el CEMAIS proponen avanzar en medidas complementarias que apunten específicamente a aliviar la carga sobre las micro y pequeñas empresas, favoreciendo así la transición hacia la formalidad. Entre ellas, se destaca la posibilidad de eximir temporalmente de aportes patronales a quienes regularicen a sus trabajadores, una estrategia que —según señalan— ha demostrado resultados positivos en otros países.
“El camino es acompañar a estos sectores con políticas concretas que les permitan crecer y formalizarse. Son los que más rápidamente pueden generar empleo y dinamizar la economía si se les dan las condiciones adecuadas”, concluyó Dainotto.
De este modo, el informe no solo aporta datos precisos sobre la magnitud del problema, sino que también invita a repensar las políticas públicas desde una mirada más integral, que contemple la diversidad del entramado productivo y ponga en el centro a quienes hoy enfrentan mayores dificultades para sostener el empleo formal.