El valor de los errores

Es natural que siempre queramos tener una conducta intachable, tomar una decisión correcta y tener un proceder acertado. Sin embargo, nuestra humanidad nos lleva a cometer errores, y esto no debe ser un asunto que dañe nuestra estima, nos reste valor o nos lleve a una frustración continua. Ir por el mundo quejándonos o sufriendo nuestros errores será el peor de los errores. ¿Qué es un error? Un error es una acción desacertada o equivocada. Y puede ser que estas acciones se produzcan en todas las áreas de nuestra vida; personal, profesional, ministerial, en cualquier escenario se puede producir un error.

 

No obstante, un error no debe frustrarnos y llevarnos al parálisis de nuestras metas y propósitos. Tampoco debe ser motivo de vergüenza, de desconfianza e inseguridad. Un error debe ser utilizado a nuestro favor, sacarle el mejor provecho posible. Cuando cometemos un error, la tendencia es a auto castigarnos con reproches, con corajes, con un torbellino de pensamientos negativos. Y este, debe ser el primer paso para la reflexión, para analizar que elementos me llevaron a cometer ese error y como nos puede ayudar a crecer y aprender. La vida se trata de un aprendizaje continuo, es un ensayo de errores y pruebas superadas. Por tanto, el valor de los errores, desde el lente que lo veas, será mayor aún que un periodo de frustración; será un momento para practicar y dar un nuevo paso con un alto grado de seguridad y confianza. Un error no puede ser motivo de tirar la toalla, de no avanzar a lo que se anhela, un error; es el momento de identificar que no resultó y hacer otro movimiento. Una decisión errónea, traerá sus consecuencias y eso no lo podemos evitar, pero con ella podemos analizar nuevas alternativas para no cometer ese mismo error, para subsanar lo que hemos hecho y enfrentarlo con valentía. Dios en su infinitiva misericordia nos regala nuevas oportunidades, y con ellas tenemos el espacio de madurar, crecer y enmendar todo error. Los errores no pueden ser piedras para hacernos tropezar y caer en el camino, deben ser piedras para construir muros que nos protejan.

 

Es tiempo de cambiar el paradigma de que debemos ser “perfectos” ante todos, es tiempo de dejar de ponernos estándares elevados porque la sociedad los impuso o por lo que otros esperan de nosotros. Es tiempo de crecer, de madurar, de ver el valor de los errores, no que ellos te lleven a un estado de miseria y dolor. Los errores pueden ser tan malos y destructivos como tú lo permitas o pueden ser la lección más grande de tu vida, que te invite cada día a ser mejor persona. Sacúdete de los errores, comienza a verlos de una manera distinta y disfruta tu paseo por la vida. Después del error, Dios provee un nuevo tiempo, Él hace todo nuevo. ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo? Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo (Isaías 43:18).

 

Verónica González Montañez