¡Sólo Jesús es capaz de colmar sus aspiraciones!

lunes, 3 de abril de
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También ustedes, queridos jóvenes, se enfrentan al sufrimiento: la soledad, los fracasos y las desilusiones en su vida personal; las dificultades para adaptarse al mundo de los adultos y a la vida profesional; las separaciones y los lutos en sus familias; la violencia de las guerras y la muerte de los inocentes. Pero sepan que en los momentos difíciles, que no faltan en la vida de cada uno, no están solos: como a Juan al pie de la Cruz, Jesús les entrega también a ustedes su Madre, para que los conforte con su ternura.

(…) Ustedes, queridos jóvenes, tienen más o menos la misma edad que Juan y el mismo deseo de estar con Jesús. Es Cristo quien hoy les pide expresamente que se lleven a María “a su casa”, que la acojan “entre sus bienes” para aprender de Ella, que «conservaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19), la disposición interior para la escucha y la actitud de humildad y de generosidad que la distinguieron como la primera colaboradora de Dios en la obra de la salvación. Es Ella la que, mediante su ministerio materno, los educa y los modela hasta que Cristo esté formado plenamente en ustedes.

(…) Queridos jóvenes, ya lo saben: el cristianismo no es una opinión y no consiste en palabras vanas. ¡El cristianismo es Cristo! ¡Es una Persona, es el Viviente! Encontrar a Jesús, amarlo y hacerlo amar: he aquí la vocación cristiana. María les es entregada para ayudarlos a entrar en una relación más auténtica, más personal con Jesús.

(…) Queridos jóvenes, sólo Jesús conoce su corazón, sus deseos más profundos. Sólo Él, que los ha amado hasta la muerte, (cfr Jn 13,1), es capaz de colmar sus aspiraciones. Sus palabras son palabras de vida eterna, palabras que dan sentido a la vida. Nadie fuera de Cristo podrá darles la verdadera felicidad. Siguiendo el ejemplo de María, sepan decirle a Cristo su “sí” incondicional. Que no haya en su existencia lugar para el egoísmo y la pereza.

Sepan también, queridos amigos, que esta misión no es fácil. Y que puede convertirse incluso en imposible, si sólo cuentan con ustedes mismos. Pero «lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios» (Lc 18,27; 1,37). Los verdaderos discípulos de Cristo tienen conciencia de su propia debilidad. Por esto ponen toda su confianza en la gracia de Dios que acogen con corazón indiviso, convencidos de que sin Él no pueden hacer nada (cfr Jn 15,5). Lo que les caracteriza y distingue del resto de los hombres no son los talentos o las disposiciones naturales. Es su firme determinación de caminar tras las huellas de Jesús. ¡Sean sus imitadores así como ellos lo fueron de Cristo! 

Juan Pablo II

Mensaje para la XVIII Jornada Mundial de la Juventud

8 de marzo del 2003