Flor nos recuerda la importancia de un gesto, una palabra, una oración.
Generalmente, quienes me ayudan a recordar esta necesidad de entregarme y el verdadero sentido de mi misión son nuestros vecinos. A veces basta con un gesto o mirada, pero otras veces siento que Dios me habla de forma muy directa.
El miércoles pasado, como cada miércoles, fuimos a Misa en el centro de la ciudad, a unos 30 minutos caminando. Apenas habíamos andado 10 minutos cuando encontramos un hombre tirado al borde de la calle, inconsciente, no dudamos en acercarnos a ver qué pasaba.
Fuimos a preguntar a algunas personas que estaban cerca y nos dijeron que había bebido demás. El hombre no parecía reaccionar y empezamos a pensar qué podíamos hacer, porque en verdad no teníamos muchos medios para ayudarlo. Justo en ese momento llegó un hombre en auto, y sin dudarlo lo cargó para llevarlo a un hospital.
Cuando ya estaba sentado en el auto, me asomé por la ventana. Todavía estaba inconsciente, pero le hablé: “no sé qué podemos hacer por usted… Vamos a rezar…” Cuando dije eso abrió los ojos, y dijo: “¡Sí! ¡Vicente Jesús da Silva!”.
Sí… Me dijo su nombre para que recemos por él… Y a mí me partió el corazón. Cuántas situaciones ya encontré en las que sentí que no podía hacer nada, y tal vez lo primero que precisaban esas personas era simplemente que me acerque y ofrezca mi oración.
Florencia A.
Puntos Corazón Salvador de Bahía – Brasil