Ceferino, una vida para imitar

sábado, 26 de agosto de
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Hoy, 26 de agosto, celebramos la fiesta de Ceferino Namuncurá. Este año también se cumplen diez años de su beatificación. Te invito a leer su historia y las enseñanzas que nos regala este beato tan querido.

 

Ceferino nació en Chimpay, Río Negro el 26 de agosto de 1886. Era hijo del cacique indígena Manuel Namuncurá. Desde muy pequeño sintió el llamado a ser útil a su gente, como él decía. Es por ello que, cuando tenía 11 años fue enviado a Buenos Aires a estudiar en el Colegio Salesiano Pío IX. Es en ese lugar, donde descubre su vocación de querer ser sacerdote para llevar a la gente la Buena Noticia.

 

En 1903 ingresó en el Colegio San Francisco de Sales en la localidad de Viedma para formarse como sacerdote. Allí enfermó de tuberculosis y es por esta razón que Monseñor Cagliero decidió que Ceferino viaje a Roma ya que creía que el cambio de clima haría mejorar su salud. En ese lugar fue recibido por el Papa Pío X.

 

Lamentablemente el cambio de lugar no hizo que la salud de Ceferino mejorara. Fallece en Roma el 11 de mayo de 1905. El Papa Pío X expresó: “Era una bella esperanza para las misiones de la Patagonia, pero ahora será su más válido protector”.

 

Su ejemplo y entrega se ven plasmados en las cartas que les enviaba a sus familiares en las cuales manifestaba su amor y cercanía por su tierra y en especial por Dios, a quien deseaba conocer todos los días.  Es por esto último que tuvo una relación profunda con nuestro Padre, ese que nos habla y acompaña en todo momento.

 

Ceferino fue beatificado hace diez años, el 11 de noviembre de 2007 por el Papa Benedicto XVI.

 

Pidamosle a Ceferino que nos anime a ser útiles a nuestros hermanos en nuestro servicio a Dios.

 

¡Qué lindo sería poder imitar a Ceferino, que aún estando triste por estar lejos de su familia supo ser un misionero alegre para Dios! 

 

 

Ceferino, hijo de Dios y hermano de todos Señor Jesús te damos gracias por haber llamado a la vida y a la fe al hermano Ceferino, hijo de los pueblos originarios de América del Sur.

 

Él, alimentándose con el Pan de Vida, supo responderte, con un corazón entero, viviendo siempre como discípulo y misionero del Reino.

 

Él quiso ser útil a su gente, abrazando tu Evangelio y tomando cada día su cruz para seguirte en los humildes hechos de la vida cotidiana.

Te pedimos por su intercesión que te acuerdes de los que todavía peregrinamos en este mundo (pedimos en silencio las intenciones que cada uno trae en el corazón) Que también nosotros aprendamos de él: Su amor decidido a la familia y a la tierra, la entrega generosa y alegre a todos los hermanos, su espíritu de reconciliación y comunión. Para que un día celebremos junto a él y todos los santos la Pascuua eterna del cielo. Amén.

 

Gabriela Torres