Carta de un Scout a otro al finalizar el mes de enero

viernes, 1 de febrero de
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¡Siempre Listo!

Me nace escribirte estas líneas, cortas pero que quieren llegar hondo. La ocasión es que se termina enero y muchos de nosotros, con nuestros grupos, nos hemos ido de Campamento. Algunos han tenido la suerte de poder hacer largas distancias y conocer otros destinos, otros quizás estamos ahorrando o no nos da el cuero para pagar tanto y vivimos un Campamento corto o cerquita. Lo cierto es que a lo largo y a lo ancho, de norte a sur, los Scouts realizamos nuestro Campamento de verano. En la playa me crucé con dos grupos y en la Patagonia con tres. ¡Qué alegría estar caminando una senda, subiendo un cerro, meterme en el mar y encontrarme con mis hermanos scouts! Para mí es toda una alegría.

Pero te escribo porque seguramente algo habrás vivido este ano en particular. Porque nunca un Campamento es igual a otro, aunque llevemos siempre con nosotros, bajo la tutela del Guardián de la Leyenda, el tizón apagado del último fogón. Todo Campamento es nuevo. Es otro Gran Juego, como solía decir nuestro fundador Baden Powell.

Yo creo particularmente que no es que vivimos en grandes ciudades o pueblos y una o dos veces por año nos vamos de Campamento. Creo que en realidad ese es nuestro estado natural de ser y que vamos once meses de visita a la ciudad. Creo que nuestro estado natural como scouts es vivir de campamento. Un verdadero Scout vive a la intemperie y en itinerancia.

“El lujo es vulgaridad” cantaban los Redondos. Y creo que es así. Nuestra vida de scouts, bien vivida y coherente con la Ley y la Promesa, no puede permitirse los lujos que el mundo nos quiere imponer en vértigo y vorágine en su máquina de consumo. Si somos coherentes, no podemos andar atrás de la última novedad, la última moda, el último modelo de celular, la ropita de marca… Estamos para más. Estamos para alturas dignas de ser alcanzadas con orgullo, pasión, garra y sacrificio. Creo que no estamos hechos para una vida cómoda. Por eso nos fascina irnos de Campamento. Porque lo que pasa en el Campamento es una especie de laboratorio de la vida: como vivamos en el Campamento, así vamos a vivir el resto del año o el resto de nuestra vida.

Viene bien de vez en cuando pasar un poco de necesidad, sentir cómo pega la lluvia y moja las carpas, cómo el sol calienta y muchas veces insola o quema, que no es necesario tener todas las comodidades de casa para poder cocinar (¡y qué platos hemos degustado en pequeños fogones!) jugar y dormir. Que a veces viene bien sentir en el cuerpo un poco de hambre, de cansancio, de incomodidad. Y pensar en la innumerable cantidad de hermanos y hermanas que no pueden elegir eso porque lo viven a diario en las millones situaciones de vulnerabilidad, en la calle, los barrios más pobres y marginales.

Viene bien irnos de Campamento porque nos conectamos con Dios –o como lo quieras llamar-, ese espíritu de trascendencia que nos llama desde el fondo del tiempo para decirnos que todo cuanto existe tiene un más allá, que es metáfora, que esconde un aprendizaje. Nos conectamos con la Casa Común, que está pidiendo a gritos que dejemos de manosearla y usarla como stock de recursos para las grandes empresas que empobrecen a nuestros países de América Latina, para conectarnos con nuestros hermanos scouts de rama y de grupo. Y para hacer un lindo alto y mirar en el fondo del corazón y encontrarnos con nosotros mismos. ¡Cuánto precisamos hacer este ejercicio! ver que dependemos de los demás, que caminamos juntos, que las construcciones son un desafío para perfeccionar técnicas que ayuden a otros: nudo, sobre nudo, sobre nudo, para hacer mesas, bancos, portadas, refugios. ¡Cuánto de trabajo colectivo y comunitario hay en un Campamento! Cuánto nos damos cuenta que somos verdaderamente importantes si somos útiles y que nuestro mayor deseo es en todo amar y servir.

Te invito a vivir de Campamento. Aunque tengamos que volver a la ciudad o al pueblo. Aunque dejemos por un tiempo las carpas, las construcciones, los fogones, los aplausos y las danzas. Porque el tiempo apremia y nuestro mundo, nuestra patria y nuestro barrio precisa de jóvenes que quieran jugarse la vida por amor y no quedarse sentados, buscando el lujo, la vida fácil, la juntada peligrosa, el ocio para caer en la falopa, la birra que se vuelve diaria, el choreo, la mala vida al costado del camino.

¡Animate a cambiar el mundo! Posta. Y que el Campamento haya servido como catapulta para empezar. No estamos locos. No somos ñoños. No somos “un estúpido vestido de niño al lado de un niño vestido de estúpido”. Somos la fuerza que puede fiel a sus raíces no conformarse con el mundo como está y hacer la diferencia, marcar rumbos, señalar destinos, hacer algo grande, cuantioso y cuestionable con nuestra vida. Somos el legado de muchos que han dejado huella en nosotros para ponernos a caminar, con el corazón siempre insatisfecho que va por más, que no estamos locos; vivimos la locura scout de poner el hombro a la vida y hacer la diferencia. Porque lo prometimos. Porque lo llevamos en la sangre. Porque nos arde el corazón. Porque somos raza elegida. Porque somos Scouts.

¿Te animás? Contá conmigo, que cuento con vos.

Abrazo Scout. ¡Siempre Listo!

León Decidido

Padre Sebastían García