“El Delivery de Dios”, un servicio de cocina muy especial

viernes, 19 de julio de
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Así como el cuerpo es uno aunque tenga diferentes partes, cada parte cumple su servicio permitiendo que el resto pueda llevar adelante su misión. En la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Tunuyán, en la Provincia de Mendoza, hay diferentes grupos que llevan adelante muchas actividades al servicio de la comunidad. Entre ellos está “El Delivery de Dios”. Sí, cocinan rico y ofrecen comida en nombre de Dios.

Oriana Marinelli tiene 17 años y nunca se imaginó cuánto este servicio iba a impactar en su vida. De hecho llegó através de una actividad solidaria de su grupo de confirmación, pero algo hizo que se quedara y que se convirtiera en su espacio de servicio. “Estoy muy agradecida de Dios por haberme permitido conocer esta gente”, cuenta.

Equipo del Delivery de Dios

El Delivery de Dios, cuenta Ori, nació hace 5 años atrás cuando algunas personas de la Parroquia comenzaron llevando café y tortitas calientes a la gente que esperaba toda la noche para sacar turnos en el hospital. A medida que fueron saliendo más seguido vieron que era más la gente que dormía en los hospitales. Con el tiempo comenzaron a armar viandas para llevarles. El Delivery, además de recorrer las calles, se hace móvil cuando los llaman para cocinar en retiros, misiones y confirmaciones. Es un servicio escondido pero permite que miles de jóvenes y adultos puedan rezar y reflexionar, sin preocuparse de la cocina.

“Somos un grupo de voluntarios de diferentes edades, y yo soy la más chica. Le damos comida a la gente que está en situación de calle, a familias que no pasan una buena situación económica, a la gente mayor y a los que están solos. Así como nosotros salimos a la calle, hay algunas personas que van a Cáritas con su tupper”, agregó Oriana quien está cursando el 5º año de la escuela secundaria.  Dijo que por noche se preparan entre 100 y 150 porciones.

Dentro del Delivery de Dios hay un grupo de voluntarios, “La misericordia”, que se dedica a preparar la comida para el delivery. Son 32 personas que tienen designado un miércoles y un viernes al mes, en donde preparan los alimentos para la ronda de ese día con insumos que, a su vez, donan otras personas.

“Muchas veces me encargo de recibir los tupper de las personas que llegan, lavarlos, ponerle nombre y cantidad de porciones que necesitan, así en la cocina pueden preparar. Luego de una oración, comenzamos el recorrido por las calles. Creo que lo lindo de salir a la calle es poder tomarse un ratito con ellos y escucharlos, y la felicidad de los niños al ver un tupper de comida” cuenta.

“Me ayudó a cambiar el punto de vista”

Oriana continúa su relato sobre Delivery y cómo este servicio impacta en su vida:

Esa primera vez que fui, era pleno julio y hacía mucho frío. De una “casucha” salió un niño de 5 años descalzo, pantalón corto y musculosa. En cuanto nos vio con el tupper entró a la casa y llamó a sus hermanos. Me partió el alma, subí a la camioneta y empecé a llorar. ¿Por qué Dios no hace nada?, me preguntaba, y conversando con otros me di cuenta de que Dios me hizo a mí para que pueda hacer algo por esos niños y sus familias. Ahí me dije “yo me tengo que quedar acá para poder servir a los hermanos”.

Las personas además de sus necesidades básicas de comida, abrigo y techo, necesitan que los escuches. Intentamos sentarnos a tomar mate con ellos, tomarnos un tiempo para el compartir. Ellos se abren y es muy lindo que puedan confiar, no les podemos solucionar la vida, pero sí escucharlos.

Todo lo que hacemos en el Delivery contagia. La gente que ayudamos, hemos visto, que vuelven y también ayudan a otros que no tienen. Eso me llena el alma.

Al Delivery también nos llaman para cocinar en retiros, misiones y confirmaciones. Este fin de semana nos llamaron para cocinar en un Encuentro de Animación Misionera de la IAM de Cuyo en Lulunta. Eso también es muy lindo.

Todo esto me desafía a seguir amando a Dios a pesar de las piedras del camino, y siempre haciéndolo en comunidad. Creo que este servicio me ayudó a cambiar de punto de vista, a valorar lo que tengo y disfrutarlo sabiendo que hay gente que no tiene nada.

Lo hago porque quiero ser una sembradora que pueda ayudar a la gente dando un poco de mi semilla para que juntos podamos dar un fruto muy grande. Me gusta descubrir la felicidad en los sencillos, me llena el alma y me conmueve. Cada día estoy más enamorada de Dios y se cuáles puertas no quiero cerrar nunca.