“En la misión conocí a un Dios sanador y misericordioso “

miércoles, 12 de febrero de
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Los primeros días del año, 18 jóvenes rosarinos del Grupo misionero “Seguidores del camino” de la Parroquia Nuestra Señora de la Consolata estuvieron misionando en dos pequeñas localidades de dos mil habitantes llamadas Estancia Grande y Calabacilla de la Diócesis de Concordia. Daniela Anhái, nos relata su experiencia:

Fue y es un regalo del Señor para nosotros

Queridos hermanos queremos contarles que somos un grupo de jóvenes misioneros llamados “Seguidores del camino” de la Arquidiócesis de Rosario, Santa Fe.

En los primeros días del mes de enero nos pusimos en marcha a un nuevo destino de misión que Dios nos encomendó dos pueblos Estancia Grande y Calabacilla de la diócesis de Concordia, Entre Ríos. Fue y es un regalo del Señor para nosotros, pudimos ver a Jesús reflejado en cada persona de la comunidad, en el recibimiento, en el servicio,en las ganas de trabajar para Dios, y principalmente en el querer conocerlo cada día un poco más a Él. Uno nunca vuelve igual que cuando se fue a misionar, la misión te trasforma a través del encuentro con el otro, vemos las diferentes realidades y a Dios presente en sus vidas, volvemos con el alma llena de historias, de mates compartidos, de fe y amor puro. Es más lo que traemos que lo que llevamos.

Por eso esperamos con ansias el año próximo  para poder volver a encontrarnos con las personas y seguir encomendándonos al Espíritu Santo y que sea Él el que obre en nosotros para poder llegar a ellos. Dios y María del Consuelo los bendiga.

Me interpela en el ser más agradecida con la vida que me dio Dios, a veces son preocupamos por tantas cosas que olvidamos el ser agradecidos por la familia, los amigos, el tener un plato de comida en la mesa, el sacrificio de nuestros padres. En ponerme más en el lugar del otro, escuchar más y hablar menos. Conocí a un Dios sanador, misericordioso que si le ofrecemos todo lo que somos con nuestras cosas buenas y nuestras miserias él hace grandes cosas solo necesita nuestro SÍ.