Jueves, 20 de abril de 2017

El discernimiento: “Un trabajo diario que nos impulsa a accionar”

Jueves, 20 de abril de 2017
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Padre Cervera

 

18/04/2017 – Dentro de la vivencia y experiencia de la fe cristiana existe una vertiente, un carisma, que es el que inaugura San Ignacio de Loyola. El Padre Fernando Cervera, sacerdote jesuita, nos acercará la espiritualidad ignaciana, su valor para este tiempo y un camino para aprender sobre el discernimiento.

 

¿Quién fue San Ignacio de Loyola?

“En su vida Ignacio de Loyola era un caballero del comienzo del renacimiento español, España vivía todavía en la edad media, entonces los ideales de caballería o propios de otra época todavía estaban vigentes”. “Ignacio respondía un poco a eso, era un noble vasco, peleaba para el emperador cuya corte él frecuentaba”.

El padre Cervera continúa relatando la vida de Ignacio de Loyola, explicando que “aunque llevaba una vida como la de los cortesanos y digamos guerreros de aquella época, aventuras con mujeres y peleas, tenía a la vez un corazón noble, a la vez un corazón entero”.

“Cae herido en una de esas batallas, y en su larga convalecencia muy mal herido, de lo cual quedó mal de una pierna, Ignacio tiene varios momentos de agonía incluso, también tiene algunas visiones, algunas apariciones y experiencia de oración muy fuerte”. “Pero sobre todo descubre lo que sería un poco el germen de la espiritualidad que tiene que ver con el discernimiento”.

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El corazón de la Espiritualidad Ignaciana

“El empieza a sentir que cuando lee la vida de los santos y de Cristo él siente una paz muy grande y cuando volvía a los libros que él solía leer, que eran los de caballería, que eran los que se estilaba en aquella época, sentía un entusiasmo primero pero luego una sequedad”.

Le pasa lo mismo, reflexiona el jesuita, cuando pensaba en sus aventuras, en su enamorada, que era la infanta de aquel entonces, la infanta sería como la heredera del reino de España, sentía el encanto y el gusto, pero a la vez después una sequedad fuerte, una inquietud interior, una especie como de ansiedad.

“Esta diferencia de sentimientos a Ignacio lo lleva a pensar: ¿Qué es esto?; ¿A qué responde? y se da cuenta de que es importante escuchar eso”.

Y es así, continúa indicando el padre Fernando, es como él empieza a seguir la vida de los santos y de Cristo, lo cual le empezaba a producir estos sentimientos de mucha paz, y momentos de mucho fervor también, y decir: ¿Por qué yo no puedo vivir eso?, si lo vivió San Francisco, Santo Domingo…, ¿Por qué yo no?

“Con ese mismo ideal de aventuro comienza este ensayo de una vida espiritual más fuerte. Va a dejar sus armas al pie de la virgen, va a dejar el castillo, se va a ir vestido pobrísimamente a peregrinar buscando a ese Cristo y la vida de santidad”.

“En ese peregrinar es donde va a tener luego las experiencias místicas fuertes, acompañadas de muchísima penitencia, viviendo casi como un linyera… de estas experiencias surgió el núcleo de los ejercicios espirituales.

El padre Cervera explica que “estos ejercicios son una forma de oración y de encuentro con Cristo que encuentra San Ignacio en su peregrinar, y que él mismo practica”. Destaca también la sabiduría que tuvo San Ignacio de saber escribirlo y poder reproducirlo casi como un manual.

“La experiencia ignaciana va a tener mucho que ver con escuchar los propios sentimientos, los movimientos interiores. Dios nos habla a través de esos sentimientos”.

 

La riqueza del discernimiento

El padre Cervera explicó que este “trabajito cotidiano” del discernimiento exige de nosotros hacernos cargo de la vida, sentirla, sea agradable, sea desagradable, y desde aquí poder tomar una postura, pero con una ventaja, alguien nos acompaña, alguien nos está abriendo camino.

“Nos podemos equivocar, sin embargo podemos saber qué tengo que corregir o rectificar, lo que sea, uno puede vivirlo espiritualmente bien, aún en nuestros errores”.

Una herramienta es el examen de conciencia, expresó, que incluye hacer una lectura diaria de por dónde estoy yendo. Examinarse, escucharse, detenerse, cinco minutos, ¿Qué estoy haciendo?; ¿Para dónde quiero ir?; ¿Estoy haciendo lo que me propuse?; ¿Porqué reaccioné así?; ¿Por qué me siento tan alegre?

En definitiva, indicó el padre Fernando Cervera, “empezar de acuerdo a esto empezar a pensar desde Dios, leer mi vida desde el evangelio”.