14/01/2026 – Los incendios forestales en la provincia de Chubut ya han afectado más de 14.000 hectáreas, transformando el paisaje de la cordillera en un escenario crítico. Pese a que se registraron las primeras precipitaciones, las autoridades advierten que la emergencia persiste. En este contexto, la solidaridad federal se hizo presente con el envío de equipamiento y personal de diversas provincias, entre ellas Córdoba, que aportó una delegación de 60 brigadistas para reforzar las tareas de contención.
Roberto Schreiner, secretario de Gestión de Riesgo Climático de Córdoba y bombero profesional, se encuentra en el centro de las operaciones. En diálogo con la prensa, describió que el personal trabaja en jornadas extenuantes bajo factores que complican la tarea: «Se está trabajando en condiciones extremas por tres motivos fundamentales: el clima, con temperaturas de 30 grados poco habituales para el sur; la calidad del incendio con llamas muy altas; y la topografía peligrosa de la cordillera».
El despliegue logístico de la provincia de Córdoba incluye no solo a bomberos voluntarios y agentes del ETAC, sino también personal de logística, un avión hidrante y un helicóptero. Schreiner destacó el esfuerzo que implica mantener este apoyo sin descuidar la seguridad en territorio cordobés: «Es un gran esfuerzo que hace la provincia para asistir, y además estamos en verano, por lo que no se puede descuidar Córdoba donde también hemos tenido tormentas y variaciones climáticas».
La labor en el terreno combina el ataque directo con agua y el trabajo preventivo mediante la apertura de líneas de defensa. Al respecto, el secretario detalló que el método en el bosque requiere cortar árboles altos con motosierras para quitarle combustible al fuego. «Los bomberos han abierto 5 kilómetros de cortafuego a mano; es increíble. Necesitamos que eso funcione cuando llegue el fuego ahí, para que se corte», explicó Schreiner sobre la estrategia para proteger las viviendas y la vegetación nativa.
Uno de los mayores desafíos técnicos en la zona es la detección de incendios subterráneos, un fenómeno favorecido por el espeso manto de materia orgánica seca en el suelo. Según Schreiner, este «manto» puede tener hasta un metro de profundidad: «Aparecen columnas de humo a 100 metros de donde se está trabajando. El fuego pasa por aire entre las piedras, hace como un túnel y genera otro incendio». Esta característica, sumada a los vientos cambiantes, mantiene en alerta constante a los vigías y especialistas en meteorología.
A pesar de la complejidad del panorama, que ha sido calificado por las autoridades locales como «devastador», el ánimo de los brigadistas se mantiene firme gracias al apoyo de la comunidad y la coordinación entre jurisdicciones. «Están todos bien, con mucho ánimo, pero es extenuante. Nos sentimos muy apoyados por el gobierno, por los familiares y por los vecinos, que es lo que da ganas de seguir», concluyó Schreiner antes de reintegrarse a las tareas operativas.
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