Grupo Misionero Brocheriano: 30 años de misión y servicio en las sierras

lunes, 26 de enero de 2026

26/01/2026 – Inspirados por el legado del Santo Cura Brochero, el Grupo Misionero Brocheriano cumple tres décadas de labor ininterrumpida en las zonas más postergadas de Córdoba. Lo que comenzó en 1997 como una iniciativa de un grupo de ejercitantes en la Casa de Ejercicios de Villa Cura Brochero, se transformó en una red solidaria que hoy alcanza a parajes como Tasma, brindando asistencia médica, odontológica y social. Esta obra, que nació «a pulmón» y bajo el impulso de figuras como el padre Luis Denardi y el padre Julio Merediz, busca replicar el trabajo pastoral del «Cura Gaucho» allí donde el acceso a los servicios básicos es una dificultad cotidiana.

Orlando Rivolta, integrante histórico del grupo, recuerda que la semilla se plantó mucho antes de la beatificación de Brochero. «Esto nace de un grupo de ejercitantes en la Santa Casa de Ejercicios. De ahí nos metieron a Brochero cada vez más adentro», explica. Para Rivolta, la tarea no es una simple entrega de recursos, sino un encuentro espiritual profundo con los habitantes de las sierras: «Cuando uno habla de Brochero, en mi caso, me cuesta hablar porque es un sentimiento. Hay tantas cosas para agradecer al Señor a través de él».

La misión ha sabido adaptarse a los tiempos y necesidades. Tras años de trabajo en El Volcán, el foco se trasladó a Tasma, una zona afectada por la fluorosis endémica que deteriora la salud dental de sus habitantes. Sandra Quintana, responsable del área de Salud, destaca la articulación con la Universidad Nacional de Córdoba a través del proyecto «Todos somos necesarios». Esta alianza permite que estudiantes de odontología realicen prácticas comunitarias, humanizando su futura profesión al enfrentarse a realidades alejadas de los consultorios convencionales. «Se contagia el amor por el servicio. Lo que yo podía brindar era menos de lo que me traía», afirma Quintana.

El sostenimiento de la obra depende exclusivamente de la autogestión y la colaboración de voluntarios que aportan desde su profesión o su tiempo. Alicia, otra de las integrantes pilares, relata cómo la misión involucra a familias enteras: «Viajábamos con los cuatro niños; era una familia misionera detrás de las huellas del cura». El grupo se moviliza en vehículos particulares y recolecta donaciones de medicamentos, ropa y calzado, siempre bajo la premisa de que «Brochero proveerá». Al llegar a los hogares, el vínculo trasciende la asistencia técnica para convertirse en un lazo de hermandad: «Sentarse a tomar unos mates en ese patio con ellos… hoy son nuestros hermanos».

Para los integrantes del grupo, la presencia del Santo se percibe en la mirada y el agradecimiento del serrano. Rivolta describe la experiencia del regreso como una paradoja de plenitud: «Como dice la oración de Brochero, una vida pobre y entregada. Así volvemos: pobres de tanto dar, pero venimos llenos del espíritu de Brochero». Esta mística es la que sostiene el compromiso de profesionales y laicos que, cada año, organizan hasta seis misiones para garantizar que nadie en la montaña se sienta olvidado.

De cara a este 2024, el Grupo Misionero Brocheriano invita a nuevos voluntarios y profesionales de la salud —especialmente médicos clínicos, pediatras y ginecólogos— a sumarse a las próximas salidas. Orlando Rivolta resume la invitación con una sencillez que define al grupo: «Lo primero que podés llevar es llevarte a vos mismo. Tiempo, compartir un momento de amor, y desde tu corazón va a salir lo que puedas dar». Para contactarse y colaborar, el grupo ha habilitado su perfil en Instagram: @GrupoMisioneroBrocheriano2024.

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