16/04/2026 – En Argentina, el calendario escolar enfrenta un desafío silencioso pero devastador: el tiempo en las aulas se reduce de forma sostenida.
Según el reciente estudio «Tiempo escolar: evidencia internacional y diagnóstico para la Argentina», elaborado por Cecilia Veleda, Tomás Besada y Martín Nistal (CIPPEC y Argentinos por la Educación), los alumnos pierden, en promedio, más de 30 días de clase por año.
Esta cifra no es menor: a lo largo de la trayectoria escolar primaria, la pérdida acumulada equivale a un ciclo lectivo completo. Para analizar esta realidad, conversamos con Anabella Díaz, profesora de Lengua, formadora docente e integrante del Observatorio Argentinos por la Educación, quien advierte sobre la gravedad de un sistema que carece de datos precisos para enfrentar el problema.
Un diagnóstico alarmante y la falta de datos
El informe reúne relevamientos oficiales para analizar el uso real del tiempo en las escuelas primarias. Sin embargo, Díaz destaca que el primer obstáculo es la invisibilidad estadística que impide generar alertas tempranas para los estudiantes en riesgo: «El primer problema que tenemos con los datos es que no hay datos suficientes a nivel país y que no se toman cartas en el asunto con la seriedad que correspondería para hacer un seguimiento, un monitoreo constante y una recolección de datos sistemática a nivel nacional sobre el ausentismo de los estudiantes, porque esto permitiría, por ejemplo, diseñar alertas tempranas para aquellos estudiantes que están faltando mucho y de manera sostenida para recuperarlos y volverlos al espacio escolar».
Actualmente, solo tres jurisdicciones (Mendoza, CABA y la provincia de Buenos Aires) cuentan con dispositivos para el seguimiento de estos datos. Esta carencia nacional dificulta la implementación de políticas públicas efectivas, mientras que el 50% de los directivos escolares identifican al ausentismo como el mayor obstáculo para el aprendizaje.
Consecuencias en la alfabetización y el aprendizaje
La intermitencia en la asistencia no solo reduce el tiempo cronológico, sino que erosiona la calidad de los procesos pedagógicos, especialmente en etapas críticas como la alfabetización inicial. Al respecto, Anabella Díaz profundiza sobre el impacto directo en el aula: «Las maestras y maestros… denuncian en diálogo directo que el mayor problema que se encuentra a la hora de alfabetizar es que esos niños no asisten a clase o asisten de manera muy intermitente y los primeros pasos de la alfabetización requieren de mucha continuidad… Si esas maestras tienen un estudiante que va el lunes a clase, martes y miércoles falta, jueves va pero lo retiran antes y el viernes ya no viene, se imaginan qué posibilidades hay de que esos estudiantes construyan un aprendizaje sólido».
Un problema multicausal: De la economía a las pantallas
El ausentismo es un fenómeno complejo donde convergen factores económicos (estudiantes que deben colaborar en el sustento familiar), sociales y pedagógicos. La docente señala también la importancia del entorno familiar y el impacto del consumo ilimitado de tecnología, recomendando la lectura de Mundo sin adultos de Mariano Narodowski para entender la crisis de la autoridad adulta: «Tenemos que educarnos y saber qué pasa además de que no duerme las horas que tiene que dormir cuando un chico está consumiendo TikTok. Hay estudios muy interesantes que hablan acerca de los enormes efectos nocivos que tiene para el desarrollo de procesos cognitivos, o sea, para que ese chico después esté en condiciones de aprender no solo lengua, cualquier disciplina, para que pueda estar con otros aprendiendo, prestando atención y concentrándose».
Próximos pasos: Campaña nacional
Ante este panorama, Argentinos por la Educación lanzará a fines de abril una nueva campaña nacional vinculada al tiempo escolar y la continuidad pedagógica. El objetivo es visibilizar la problemática y exigir a los gobiernos dispositivos que permitan monitorear el ausentismo de manera constante.Como sociedad, el desafío es entender que la escuela no es un espacio reemplazable por «parches» individuales; la educación sucede en la interacción con otros, y para ello, el primer paso es que los chicos estén físicamente en el aula.