El mundo necesita también sanar su corazón

jueves, 16 de septiembre de 2021
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16/09/2021 – Esta semana compartimos un nuevo programa de “Palabras jóvenes de grandes hombres”, que este año se centra en este tema: ‘Cristo médico y las enfermedades espirituales’.

“Estamos en un mundo herido por la pandemia, herido por el egoísmo por la injusticia. ¡Cuántas heridas hay que nos duelen, que sangran en este mundo, tan interconectado, pero que necesita de sanidad y curación!”, comenzó diciendo el padre Alejandro Nicola y nos invitó a reflexionar a partir de esta pregunta: ¿Cuál es la salud del corazón que nuestro mundo necesita hoy?

“La Sagrada Escritura es la fuente de donde manan las distintas reflexiones que van haciendo los Padres de la Iglesia y, la mayoría de ellos, han identificado a Jesús como aquel que nos trae la medicina de Dios, el médico celestial. Es cierto que Jesús aparece curando a ciegos, paralíticos, sordomudos… pero también aparece devolviendo la paz del corazón, perdonando los pecados, reconciliando.”

Es la unión de estas dos dimensiones que han llevado a que los Padres identifiquen a Jesús como el Buen Samaritano que se detiene a curar las heridas del hombre tirado al costado del camino, como dice un bello texto  de la Liturgia, ‘con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

“Aceite y vino son símbolo de la acción curativa del  del Hijo de Dios y del Espíritu que se nos regala dentro de la Iglesia, que  es, como dice el Papa Francisco, un  gran hospital de campaña“.

La raíz de las enfermedades espirituales

En el programa de de esta semana abordamos cómo entender la raíz de las enfermedades espirituales y lo hicimos desde Padres de la Iglesia como San Basilio Magno, San Gregorio de Niza, San Atanasio y San Juan Crisóstomo.

Este último, en sus ‘Homilías sobre el Génesis’ dice: “El placer no es más que un gozo fugitivo. Sí, el placer desaparece rápidamente y no sabríamos fijarlo más que unos instantes, pues tal es el destino de las cosas humanas y sensibles. Apenas las poseemos y ya se nos escapan, ellas no nos ofrece nada sólido ni seguro, nada fijo ni permanente, ellas se cuelan más rápidamente que el agua de los ríos y dejan vacíos e indigentes a todos los que buscan con tan vivo deseo.

Al contrario de los bienes espirituales, que presentan un carácter por completo diferente: ellos son cerrados, seguros, constantes y eternos. ¿No es pues una locura extraña cambiar una alegría pasajera frente a bienes inmutales, placeres momentáneos contra una felicidad inmortal y voluptuosidades frívolas y rápidas frente a una felicidad verdadera y eterna?”

El p. Alejandro Nicola es Doctor en Teología, especializado en Patrística

Podés escuchar el programa completo en el audio al inicio de esta nota