Aprender de la espera de María

lunes, 22 de diciembre de
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“EL AMOR NACE DE Un corazón que se deja encontrar


El amor nace del corazón de María que se deja encontrar por la iniciativa amorosa del Padre.


Dejarse encontrar es querer y permitir que haya encuentro. Es dejar que el que nos busca, nos mire como perla, y así nos pida vernos. Dejarse encontrar es estar en aquello que debemos;es habitar en lo propio sin curiosear en lo ajeno; es hospedar al que llega sin que nosotros lo llamemos. Es dejar de buscarse en todo, que hace imposible el encuentro. Dejarse encontrar es saber perder libretos, prejuicios y tiempo. ¿Qué será lo que tenemos que perder para dejarnos encontrar por ese Dios que en este tiempo también está hecho niño, para que nosotros lo encontremos?


El camino de María


El camino de María es el camino de la Hospitalidad. Hospitalidad, ante todo, en el sentido más simple y llano de: dar lugar. Ella da lugar a los planes amorosos de Dios para que ocurran. Se dispone, por decir así, para que la vida de Dios encuentre un lugar en ella. Por supuesto, esto supone una profunda confianza en Él. María, no tiene miedo a ser tomada por Dios, por eso le da lugar a que Él la mire, la ame, la cuide, la prepare, y por qué no, le pida aquello que de ella necesita y espera. Su hospitalidad abarca también su tiempo. Por eso, la eternidad de Dios consigue cruzar sus coordenadas con las suyas, y de ese modo, la historia del Salvador esperado, en María se hace una, con la historia de la Salvación que ella espera. El camino de María, es otro de los posibles caminos a recorrer en nuestro Adviento. El camino del “dar lugar”. De darlo, por ejemplo, para que Dios pueda hacerse presente en nuestras palabras, pensamientos y acciones, y al menos una vez, sean el hablar y el obrar propios del Amor, y no, de otra viciada motivación.


De dar lugar a que las cosas se salgan de nuestros planes y comiencen a seguir los, sorprendentes e igualmente sabios, planes de Dios. De dar lugar a que pueda y quiera tenernos con Él; ocuparse de nosotros, sanarnos, fortalecernos, alimentarnos, y también, misionarnos. De dar lugar, no sólo a Dios, que siempre toma la iniciativa, sino también a los demás. De modo que sean otros los que lleven en un momento dado (y porque a ellos les toca), el papel protagónico de lo que acontece.


De dar lugar como María, para que nuestra hospitalidad abarque también nuestro tiempo y la historia de los otros pueda tocar con la nuestra. Quien no viva así su Adviento no encontrará al que viene, pues cuando venga, pasará de largo sin que él se de cuenta.”

 

[J.Albisu]

 

Fer Gigliotti