Vive conscientemente

jueves, 9 de enero de
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Abre tu corazón a la instrucción y tus oídos a las palabras de la ciencia. Prov 23,12

Es una pena muy grande que seas adulto y que lo ignores. ¿Será soberbia? No; no confundas las cosas; es sentido de la propia responsabilidad.

Tu alma es el fruto de Dios, puesto a madurar en el árbol de la vida. Dios, fuente de la vida, al crear tu espíritu de la nada y hacerte a su imagen y semejanza, ha establecido el plan de que llegues a ser lo que él quiere de ti. Eso si, no ha querido que llegues a serlo sin tu consentimiento, sin tu personal cooperación.

Y esto, porque te creó libre y responsable; en consecuencia, nada podía hacer en ti que no fuera con tu conocimiento y con tu personal consentimiento y cooperación. Quiso hacerte hermoso; pero con la hermosura de tu espíritu, que es la que te asemeja a Dios; no tanto con la hermosura del cuerpo, que podrá hacer semejante a los demás seres de la creación.

Tienes, pues, dos mundos: uno exterior y otro interior; por el exterior integras el mundo de la materia; por el interior formas parte del mundo del espíritu.

Tomar conciencia de esa realidad interior, cerrar los ojos a lo de fuera, no porque no te deba interesar lo de afuera, sino para que no te haga desconocer u olvidar lo de adentro.

Es que tu espíritu tiene también sus sentidos espirituales. El oído de tu alma, que te hará escuchar las palabras del espíritu, que clama en tu interior: “Abbá”, Padre.

Ese olfato de las cosas de Dios, que las sabrá descubrir sin dificultad y te hará descubrir su presencia, aun en las cosas más sencillas.

El gusto por las cosas del espíritu, que te volverá insulsas las cosas que no puedan llevarte a la santidad.

A María Santísima el Ángel le dijo: “El Señor está contigo”. ¿Sabes que lo mismo se puede decir de ti? Si, Dios está contigo; cae en la cuenta de ello, cobra conciencia de esa presencia divina en ti, pero imita a María: para ver a ese Dios que está contigo, mira hacia adentro.

Y si Dios está contigo, déjame que te diga que tú también eres bendito entre todos los hombres y que benditas son las obras de tus manos.

Qué hermosas realidades que hay en ti y que tú desconoces; y que, si las conocieras, podrían cambiar notablemente tu vida entera. Le darían un nuevo sentido, una nueva dimensión, una nueva profundidad. Cuántas cosas que todavía puedes descubrir en ti.

 

-Alfonso Milagro, “Meditando la vida”- Editorial Claretiana